Hay que reconocer que Sarmiento huyo ante la fiebre amarilla y Alberto se quedo a enfrentar la pandemia del Coronavirus.

EL ORGANO DE SARMIENTO

Por Ignacio Lisazo *

Hace 150 años, en pleno apogeo de la  fiebre amarilla, Sarmiento huyo a Mercedes y luego para recobrar su imagen adquirió un órgano original de la afamada casa E. F. Walcker & Cie, en 260.000 pesos, una fortuna en esa época. este domingo 4 de abril a las 16.30 hs se lo escuchará en la capilla de la Virgen de los Dolores de la Catedral con Enrique Rimoldi como ejecutante.

Hay que reconocer que Sarmiento huyo y Alberto se quedo a enfrentar la pandemia

Por Ignacio Lizaso

NAC&POP

01/04/2021

Hace exactamente 150 años, cuando le tocó oficiar de presidente de la nación, se hallaba en su apogeo la epidemia de fiebre amarilla que azotó Buenos Aires.

La primera víctima, a fines de enero de 1871, fue Angelo Bignollo, inmigrante italiano, de 68 años.

Lo atendió el doctor Juan Antonio Argerich – uno de los héroes médicos, muchos anónimos, que enfrentaron la epidemia -, quien presionado por el jefe de policía, Enrique O´Gorman, dio un el falso diagnóstico de gastroenteritis.

Las autoridades habían decidido negar la gravedad del hecho.

Después se habló de una serie de casos de ictericia hasta que hubo que admitir que se trataba del flagelo transmitido por viajeros llegados de Brasil y sobre todo de Paraguay.

Si bien se dispuso una cuarentena portuaria, quebrada por dos naves cuyo ingreso contó con la venia del propio Sarmiento, las consecuencias fueron terribles.

De una población de 170.000 habitantes murieron poco menos de 15.000.

El comisionado municipal, como se llamaba al intendente, era Narciso Martínez de Hoz, quien se apresuró a serenar a los porteños anunciando que no serían suspendidos los festejos de Carnaval, previstos desde el 24 de febrero.

Ante el incontenible avance del vómito negro – otro de los nombres que se daba a la fiebre – Sarmiento, el vicepresidente Adolfo Alsina, Martínez de Hoz y «70 zánganos» abandonaron la capital refugiándose en la localidad de Mercedes.

Lo de los zánganos fue ocurrente definición de Bartolomé Mitre, en ese momento adversario político del sanjuanino.

Se hizo cargo de la emergencia una Comisión Popular de Salud Pública, que integraban los directores-propietarios de «La Prensa», José C. Paz, y «La Nación», el Bartolo traductor de «La divina comedia».

La sede del ente fue la Catedral Metropolitana, que meses más tarde y por otra vía iba a ser escenario esencial en el período que evocamos de nuestra historia.

Por supuesto desde las páginas de los citados diarios llovieron toda clase de acusaciones por la irresponsabilidad de las autoridades nacionales y municipales.

Los fugitivos regresaron para la celebración del 25 de mayo.

No era empresa simple maquillar la imagen que había dejado su cobarde, egoísta actitud.

Los asesores de Sarmiento presentaron varias líneas de acción en aras de recuperar posiciones.

Entre las iniciativas se destacó una tendiente a subrayar el espíritu cultural de avanzada que ostentaba la figura del hombre al que décadas después, a los niños de guardapolvo blanco nos hicieron cantarle «gloria y loor».

Un enviado del gobierno viajó a Berlín, donde adquirió un órgano original de la afamada casa E. F. Walcker & Cie, armado en sus talleres de Ludwisburg, Stuttgart.

Paz y Mitre debieron informar semejante inquietud.

Por el instrumento se pagaron 260.000 pesos, una fortuna en esa época de vacas famélicas y fiebres letales.

Desmintiendo esta referencia incluida en una reseña de la trayectoria del teatro Colón, que atribuye el pago al gobierno, hay versiones que sostienen que el costo habría corrido por cuenta de jerarquías clericales y un particular, el señor Félix Frías.

De cualquier forma la inquietud halagaba las almitas de las fuerzas vivas, que habían zafado del flagelo.

Los de abajo quedaban afuera.

El órgano, que luce rasgos de estilo flamenco, arribó a Buenos Aires embalado en 11 cajas.

Consta de más de 2.800 tubos de metal y madera, y un singular sistema de válvulas cónicas.

El tubo más grande mide 5 metros y el más pequeño, 5 milímetros.

Ocupa 10 metros de largo, 7 de alto y otros 7 de profundidad.

Datos que indican que rearmarlo tiene que haber sido faena sumamente complicada.

Son 3 las hileras de teclado manual.

Hasta 1934 funcionó a tracción a sangre, para que sonara había que llevar aire al fuelle con una manivela.

Las novedades tecnológicas permitieron el uso de un ventilador eléctrico.

Este Walcker fue instalado originariamente en el hospicio de Santa Catalina, donde lo estrenaron las manos del maestro Jauma Xarau, contratado para esa ocasión.

Hasta que encontró destino definitivo en la capilla de la Virgen de los Dolores de la Catedral.

En ese ámbito se lo escucharía el domingo 4 de abril de 2021, a las 16.30, con Enrique Rimoldi como ejecutante.

Este concierto de Pascua sería transmitido gratuitamente por streaming en youtube, por el canal de la Catedral.

A lo largo de sus numerosos viajes Sarmiento se convirtió en encendido cultor de la música.

Sus biógrafos coinciden en que lo conmovía particularmente la grandiosidad del sonido de un órgano, de ahí el interés por dotar a Buenos Aires de la espléndida voz del Walcker.

La otra debilidad del autor de «Facundo» eran las incursiones amorosas por prostíbulos de Europa y Estados Unidos.

En su diario de viaje a Francia y España registraba prolijamente cada uno de sus gastos, sin descartar los más nimios, como una propina a un lustrabotas.

Rubro especial era la frecuente visitas a las casas de citas.

Cuando estaba en tierra gala declaraba equis francos por «orgie» y en tierra hispana, fichando en pesetas, anotaba «orjía».

Siempre se trataba de las cifras más elevadas del presupuesto.

Algo razonable, en esta viril ceremonia no rigen «precios cuidados».

Órgano se asocia con Bach y Bach con fugas.

Frente a la brava amenaza del covid-19 corresponde reconocer a Alberto Fernández no haberse entregado a danzar la clásica polca del espiante y además rogar que no se le dé por rescatar la única réplica de la viola que Atahualpa Yupanqui rasgueó en la primera grabación de la fábula de penas y vaquitas, propiedad de un jeque árabe.

IL/