El general Manuel Nicolás Savio es sin lugar a dudas una de las figuras más emblemáticas de la historia de la industria argentina.

MANUEL NICOLÁS SAVIO: EL PATRIOTA DEL ACERO.

Por Juan del Barrio+

Si bien hoy en los albores del siglo XXI se encuentra injustamente silenciado y muchas veces olvidado a la hora de elaborar una política económica nacional, es sumamente interesante retomar algunos aspectos tanto de su vida cómo de su obra .

Por Juan Del Barrio

NAC&POP

31/03/2021

El general Manuel Nicolás Savio es sin lugar a dudas una de las figuras más emblemáticas de la historia de la industria argentina.

Si bien hoy en los albores del siglo XXI se encuentra injustamente silenciado y muchas veces olvidado a la hora de elaborar una política económica nacional, es sumamente interesante retomar algunos aspectos tanto de su vida cómo de su obra teniendo en cuenta el contexto en el que se inscribe para poder entender el proyecto de país en el que estaba pensando.

Manuel N. Savio nació en Buenos Aires en 1892, inició su carrera militar en 1909 y llegó a recibir el grado de general de división en 1946.

Es interesante tener en cuenta esta serie datos porque dan cuenta de la vida de un personaje que no sólo vivió en una época convulsionada tanto a nivel nacional como internacional sino que a partir de su obra es posible rastrear el pensamiento de un hombre que por sobre todas las cosas fue un gran observador de la realidad en la que estaba inmerso.

Afortunadamente Savio no sólo observó su realidad sino que elaboró un proyecto económico viable para la Argentina de principios de siglo XX teniendo en cuenta los recursos reales con los que se contaba.

Y en este sentido su primera obra, Movilización industrial, publicada en 1933 es un documento ineludible a la hora de reconstruir su pensamiento y las razones que lo llevaron a predicar incansablemente la necesidad inmediata de desarrollar la industria pesada en Argentina.

Este primer trabajo es un estudio pionero en el desarrollo de la siderurgia nacional y se encuentra atravesado por una de las inquietudes que perturbaban tanto a Savio como a la generación de militares argentinos que por aquella época pensaron el país en profundidad: luego de la crisis de los años 30 y después de la Primera Guerra Mundial se habían revelado las debilidades de una nación que tanto a nivel armamentista como a nivel de explotación de recursos era absolutamente dependiente del extranjero.

La incapacidad del país de hacerle frente tanto a una crisis económica mundial como a una potencial agresión bélica evidenciaban los peligros que corría una nación que no pudiera abastecerse de manera autónoma.

El general Savio vivió tres años en Europa en el período de entreguerras y pudo observar detenidamente el proceso de movilización industrial que se estaba desarrollando en aquellas tierras. Influenciado entonces por la obra del capitán Dumez en Francia y teniendo en cuenta el trabajo de E. Taylor sobre la organización científica del trabajo, Savio elaboró su primer plan para incentivar el desarrollo industrial argentino.

Si bien su preocupación prístina estaba orientada a las Fabricaciones Militares, ya desde sus primeros trabajos puede observarse en ideal que va a encauzar la sucesiva contribución de este noble general al desarrollo de la siderurgia argentina.

Savio era espectador de un fenómeno concreto irrevocable: para que un país se convierta en una potencia mundial debía desarrollar la industria pesada, y fundamentalmente urgía la necesidad de producir el acero explotando los yacimientos minerales del país.

Savio fue un pionero en la preconización de la autarquía industrial y en este sentido consideraba que esta última era el condicionante de toda política económica y hasta de relaciones internacionales.

Sería nefasto negar la existencia de la industria argentina antes de la influencia de Savio pero si cierto que esta última se caracterizaba por la producción alimentaria, la llamada “industrialización liviana”, que en última instancia seguía dependiendo de la maquinaria extranjera para funcionar.

En este sentido y considerando el desarrollo de la industria pesada en argentina como el clave de la independencia económica.

Aún más, Savio sostenía que el ejercicio de la soberanía nacional se vinculaba con el principio de autarquía económica y está última se encontraba intrínsecamente relacionada con la producción no sólo de acero a través de la fundición de chatarra sino a partir de la propia explotación de los yacimientos mineros del país.

En palabras de Savio: “la Argentina a cualquier precio debe explotar sus yacimientos de hierro.”[1]La Argentina de la década del 30 conocida como “el granero del mundo” e limitaba a la industria liviana y a la transformación de productos agrícolas.

Frente a esta situación Savio reflexiona hacia 1942: “Está en la consciencia nacional que la actual conflagelación ha destacado nuevamente la necesidad de armonizar mejor el aprovechamiento de todas nuestras fuentes de riqueza y de equilibrar más la economía general con un desarrollo efectivo de las actividades industriales, con una utilización cada vez más intensas de las materias primas del país.”[2]

Es precisamente en ese año condicionado por el desarrollo de la Segunda Guerra Mundial cuando el proyecto de Altos Hornos Zapla comienza a tomar forma en el norte del país.

Es así que el 11 de octubre de 1945 se produjo la primera fundición de arrabio en la República Argentina.

Con estas elocuentes palabras Savio finaliza el discurso que consolida el nacimiento de la siderurgia argentina: “Señores: allá en Jujuy, en un pueblito lejano, un chorro brillante de hierro nos ilumina el camino ancho de la Argentina.¡

Qué su luz no se apague nunca!¡Sigamos su luz! ¡Viva la Patria![3]

Ya en noviembre de 1944 se había abierto la licitación pública para la creación de la segunda Unidad Siderúrgica en Argentina.

La idea era crear una sociedad mixta, en donde el Estado se encargara en principio de invertir capitales y regular el correcto funcionamiento de la planta incentivando la inversión del capital privado.

El 24 de mayo de 1946 Savio, entonces Director general de Fabricaciones Militares eleva al Ministro de Guerra el Plan Siderúrgico Argentino para la creación de la Sociedad Mixta Siderurgia Argentina (SOMISA)

El 13 de junio de 1947 el Senado dio sanción definitiva al Plan Siderúrgico como ley nº 12987 conocida posteriormente como Ley Savio.

El general Savio muere sorpresivamente en 1948 de un ataque cardiaco, pero sin lugar a dudas su legado es innegable.

Fue un pionero en el desarrollo de la industria pesada en Argentina pero por sobre todas las cosas fue un hombre de la época, que supo no sólo observar su entorno inmediato sino que intentó ir más allá de lo que sus contemporáneos hubieran imaginado ir.

No sólo vivió en un momento convulsionado que indudablemente condicionaron el desarrollo de toda su obra sino que fue un hombre con ideales que pensó, proyectó y ejecutó un plan económico absolutamente viable para la Argentina de entonces.

Uno de sus legados más grandes fue la creación de SOMISA y con ello la prueba fehaciente de que no sólo era posible la producción de acero en Argentina sino que era posible a partir de la explotación del hierro argentino.

Luego de la política de los años 90 que conllevaron a la fragmentación y a la privatización de una de las empresas nacionales más grandes que tuvo este país es interesante preguntarnos hoy en las puertas del siglo XXI si es posible retomar algunas de las ideas esbozadas por Savio en la década del 40 para elaborar un proyecto económico viable y sustentable hoy por hoy en la República Argentina.

La respuesta hegemónica puede que no exista, pero si podemos tener en cuenta una serie de factores que nos permiten erradicar falsas comparaciones: la Argentina de hoy no es la Argentina de la posguerra en la que vivió, pensó y actuó el general Savio por lo tantos las condiciones nacionales e internacionales distan mucho de aquellos tiempos en donde el Estado regulador y redistribuidor estaba en boga como modelo internacional.

La política de los años noventa que apuntaba a la no intervención estatal en materia económica, a la liberalización del mercado, a la concesión para la explotación de recursos naturales a empresas transnacionales y fundamentalmente a la privatización de la industria nacional, fue sin lugar a dudas un estacazo significativo para el desarrollo de la industria pesada argentina.

La consolidación de un modelo económico minero agro exportador a partir de la década del 90 es indudablemente uno de los causantes de la dependencia económica que hoy se vive en nuestro país.

Pero el panorama no puede ser abrumador.

El golpe que sufrió el desarrollo industrial argentino no es un golpe de muerte y en este sentido es interesante poder preguntarse hoy en día si un país que cuenta con los recursos indispensables para garantizar la autarquía económica tal y como lo pensó Savio en su tiempo puede revitalizarse y renacer como el Ave Fenix.

¿Puede un país consolidarse como potencia mundial a partir de un modelo que augura el crecimiento económico a partir de la exportación de productos agrícola- ganaderos?

En este sentido sí es interesante retomar a Savio quien no pensó el desarrollo industrial en detrimento de la producción agropecuaria, sino que pensó en una complementariedad para garantizar la autarquía.

¿Se puede lograr la autarquía hoy por hoy en Argentina?

¿Se puede construir un edificio si se cuenta con todos los materiales necesarios para hacerlo?

La respuesta podría ser si.

Sólo si se cuenta con un buen arquitecto para llevarlo a cabo de manera eficiente.

 

NOTAS

[1] SELVA ECHAGÜE, Savio, acero para la industria, Biblioteca Soldados, Buenos Aires, 1999, p.37.

[2] SAVIO, Manuel Nicolás, Obras completas, SOMISA, 1973, p. 365.

[3] ECHAGÜE Selva, Op. Cit, p. 75.

 

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