Dicen que se drogaba, fue lo único que le dejó el codearse con la riqueza, el poder no perdona.

DE CUANDO MURIÓ EL “CHE” DIEGO, UN REVOLUCIONARIO QUE, ADEMÁS, JUGABA AL FÚTBOL

Por Hugo Doliani

Un Diego mitológico, mitad hombre, mitad Dios, dejaba de existir en su Buenos Aires, del otro lado de la General Paz, del otro lado de la clase rica, del otro lado del autoritarismo neoliberal, del otro lado de cualquier tipo de colonialismo.


Por Hugo Doliani
NAC&POP
08/03/2021

Dicen que se drogaba, fue lo único que le dejó el codearse con la riqueza, el poder no perdona.

Nada es gratuito, mucho menos si sos el enemigo público Nº 1 de los poderosos, cuando era tan cómodo quedarse en una reposera de oro.

No escuchó el canto de las sirenas, se alejó de los reyes clasistas del poder, del cinismo autoritario del neocolonialismo neoliberal, para defender las clases del mundo que menos tienen, sojuzgadas por ese poder que enfrentó desde su nacimiento en Villa Fiorito, hasta esa Italia africana del sur, esclavizada por el norte rubio y de ojos claros.

Ya asomaba el “negrito”, el “grasita” de aquella Evita que era foto en su hogar.

¿Intelectual?

No, de ninguna manera, sentido común y sentido de clase.

Memoria cotidiana y consciencia del barro de donde vino.

De ese Parnaso donde viven los mitológicos semidioses y artistas salidos del Pueblo, y hasta los barriletes cósmicos que aún nos preguntamos de que planeta vinieron.

Y fue el emperador popular de Nápoles, libertador de sueños y dejó arrodillado en un área chica, a un Norte rico y excluyente que reaccionó de la peor manera.

Y sí, jugaba al fútbol, pero eso no viene al caso ahora, sobrevive el personaje multi-tatuado en el corazón de muchos, y desechado por los poderosos desafiados, los que no pudieron hacerlo arrodillar, aunque le cortaron las piernas.

Se enfrentó cada vez que se tuvo que enfrentar, ganó y perdió, pero siempre dando la batalla por los demás, los vulnerables, los grasitas, las víctimas de la riqueza obscena, los que manejan los medios masivos del poder.

Había muerto el “Che” Diego, quedó la polémica de clases, de inclusión y de distribución.

No necesitó ser un intelectual, le alcanzó con no traicionarse.

Hoy, muchos que no lo entendieron seguirán con su odio, mientras el mundo, que lo llora, se rinde a sus pies, con la excepción de una elite de fango, como dijo Macri, por el Diego, el Diego era del barro, de aquel Fiorito, de todas las canchas que pisó.

Del barro de la gente.

Su ideología, peronista por herencia, defensor de la gente por convicción.

La indiferencia y la cara de odio de esos Pumas, quedará como la postal de lo que no debió ser.

De lo que no debe ser.

El desprecio de los odiadores seriales despierta el amor de los demás.

Diego se fue, pero seguirá estando en cada bandera, en cada cartel, en cada tatuaje, en cada multitud del mundo.

Ya se escribe una historia antes de Maradona y después del mismo.

El prendió la mecha del Pueblo del mundo.

En el fútbol quedó Messi, en la lucha, ese Maradona que vive en vos.

El que odia, juega otro partido.

Los caudillos no mueren, viven en los herederos y hoy, por necesidad, es hora de caudillos.

Hasta en la misma Rioja, lo sabemos.

Olé, olé, olé…Diegó, Diegó, se seguirá escuchando.

Así, al menos, lo veo -no solo- yo.

Y ni siquiera hablé de la mano de Dios.

HD