Armar el velorio de alguien que no ha muerto es un acto de honda bajeza humana destinado a atormentar a la víctima.

LOS BULLRICH ENEMIGOS DE LA PATRIA

Por Ignacio Lizaso*

De su pretendida condición de patricia, la familia Bullrich sólo conserva el nombre de la mujerona con vocación de taquera impiadosa que acaba de presidir el simulacro de velorio de Estela de Carlotto.El Bullrich que iría a cimentar el poderío económico y social de la familia fue Adolfo Jorge, nacido en 1833 (CARICATURA).

Por Ignacio Lizaso

NAC&POP

06/03/2021

De su pretendida condición de patricia, la familia Bullrich sólo conserva el nombre de la mujerona con vocación de taquera impiadosa que acaba de presidir el simulacro de velorio de Estela de Carlotto.

Armar el velorio de alguien que no ha muerto es un acto de honda bajeza humana destinado a atormentar a la víctima.

Darle carácter público y callejero envilece aún más el acto, transformado en show.

Asistir al show como figura central y con expresión burlona completa un cuadro que revela la falta del más elemental respeto a la vida y la muerte de un semejante.

La orden de corrección es automática: qué semejanza puede haber entre la autora de la doctrina Chocobar y la valiente y piadosa presidenta de las Abuelas de Plaza de Mayo, reconocida en el plano mundial a través de su lucha por la trilogía verdad, memoria y justicia.

Los blasones de la familia vienen de lejos.

Un equipo de investigación histórica de la Universidad de 3 de Febrero ha desarrollado un estudio sobre esta gente.

Según ese material al que tuvimos acceso el primer Bullrich que pisó esta tierra en 1828 fue August Sigmund.

Nacido en Hannover, Alemania, en 1803, a los 24 años viajó a Brasil y se alistó en el ejército del emperador portugués Pedro I en guerra con las fuerzas que defendían la bandera de las Provincias Unidas del Río de la Plata, al mando del general Carlos María de Alvear.

La batalla de Ituzaingó, a comienzos de 1828, concluyó con una aplastante victoria de las tropas de Alvear con destacado desempeño de los coroneles Paz, Brandsen y Lavalle.

Entre los 150 prisioneros se contaba August Sigmund, que había llegado a Brasil como mercenario y se presentó ostentando preciadas virtudes de artillero.

Decía ser experto en disparar los cohetes incendiarios creados por sir William Congreve.

Estos cohetes tendrían devastadora influencia en la desigual Guerra del Paraguay, orquestada por la banca británica Baring Brothers.

Cabe suponer el poder de arma de vanguardia que se les atribuiría cuatro décadas antes.

Con un alcance de 3 kilómetros producían duros efectos psicológicos.

Llamaradas y estampidos hacían que los soldados y la caballería entraran en estado de pánico.

Sin embargo fue magro en Ituzaingó el aporte de ASB y los cohetes que intentó usar con despareja eficacia.

Resulta imposible establecer cuántos soldados rioplatenses abatió con su ultramoderno juguete.

Pero no quedan dudas de que cumpliendo su contrato de mercenario, ajeno a sentimientos y convicciones patrióticos o ideológicos, tiró sin asco a matar.

¿Qué Rosenkrantz, qué Bonadío habrá autorizado la libertad del engrillado héroe?

Se dice que en aquella época sólo había una cárcel en el Cabildo, dotada de apenas 6 celdas.

¿Estarían ocupadas y AS quedó en lista de espera?

Ya suelto instaló un almacen y luego una planta productora de cerveza.

El hombre serruchó con denuedo y tuvo 10 hijos.

El que iría a cimentar el poderío económico y social de la familia fue Adolfo Jorge, nacido en 1833.

Poco se conoce de su juventud.

En 1867 fundó una empresa de venta y remates de tierras y ganado en el predio en que hoy se halla el Patio que lleva el apellido familiar.

Con evidentes fines especulativos en 1869 ingresó en la masonería.

Es preciso señalar que a partir de 1860 se habían enrolado en sus logias nada menos que Sarmiento, Mitre y Urquiza.

En 1878 se puso en marcha la genocida conquista del desierto liderada por el general Roca, curiosamente (o no), también juramentado como masón.

Época de gloria para la masonería, la hermandad avanzaba en bloque y sin fisuras.

A nadie extrañó que al poco tiempo AJ incorporara a su cartera la venta de tierras arrebatadas a los pueblos originarios. Incluidas las pertenecientes a los mapuches.

De manera que la tenebrosa relación entre las tribus Bullrich y mapuche data de 140 años antes de las matanzas de Santiago Maldonado y Rafael Nahuel.

Cuantiosos dineros enriquecieron las arcas de AJ, que siempre respetó el porcentaje de la participación de sus mayores en los negocios tan graciosamente concretados.

Esa conducta le valió ser nombrado director del Banco Hipotecario.

Y en 1898 el Zorro Roca, ya erigido en presidente de la nación, lo designó intendente de Buenos Aires.

El mercenario preso fue extirpado de la cadena de ascendientes.

La prosapia arrancaba con AJ, acaudalado empresario, distinguido hombre público.

Los posteriores ejemplares de la familia integrada a la oligarquía nativa no volverían a ocupar altos cargos de gobierno hasta casi 100 años después.

En ese extenso período sobresalió Arturo A. Bullrich, que dominó el mercado de venta de bovinos de raza y sobre todo de caballos de pura sangre de carrera.

La Sociedad Rural y el Jockey Club unidos tardarían en ser vencidos.

Un par de curiosidades.

Se le puso el nombre de Arturo A. a un excelente pingo, que montaba el eterno Irineo Leguisamo, que ganó su última carrera a los 67 años.

Entre los padrillos de más calificada producción, a principios del siglo pasado brilló Congreve, homenaje cifrado al artillero que combatiera contra el ejército patrio.

Nadie asociaba entonces, ¿quién asocia hoy al famoso padrillo – una película se titula «El hijo de Congreve» y es citado en la letra de «Milonga que peina canas» – con sir William, creador del cohete incendiario?

Fiel al apego a la profesión de mercenario del primer Bullrich, Patricia inició su alocada, vertiginosa carrera política como miembro de Montoneros y llegó a ser cuadro directivo de la organización.

Abundan las fotos que la muestran cantando la marcha peronista y alzando los dedos en V. Sin superar la performance del pionero estuvo presa cinco meses.

Posteriormente, como digna Bullrich Luro Pueyrredón, se exilió en Paris.

Desde su regreso con el retorno de la democracia se lanzó a una serie de saltos sin red de filiación partidaria.

En Montoneros se había movido con el nombre de Carolina Serrano.

A partir de la década del 90 sucesivamente fue la Piba, según el apodo de Hugo Moyano; ofició de verduga de los jubilados al reducirles la remuneración un 13 %; en el 2015 fue ministra «de hierro» de seguridad y tras su actuación en el velorio de las bolsas negras se ha convertido en una especie de Pasionaria requeté (no son las sílabas iniciales de un insulto, así se llamaba a los fanáticos del franquismo español).

Disparada por la NASA, Patricia Bullrich es un dron que no detendrá su vuelo hasta estallar.

Acaso ni siquiera ella sepa cuál es el destino final, si acabar con un jefe militar islámico, o con el actual gobierno del Frente de Todos.

Ambos objetivos enaltecerían su hazaña.

En el transcurso de ese vuelo no oculta su voracidad de fiera.

En ese sentido queda claro que fantasea con que el velorio deje de ser simulacro y aparezcan los cadáveres de Estela de Carlotto, Kicillof, el hijo de Moyano y demás deudos.

Tampoco esconde quién encabeza realmente su ranking de fantasías y anhelos de muerte.

En cualquier momento, coincidiendo con el desafío de Stornelli al presidente Fernández, se larga a amenazar a Cristina Kirchner con que en cuanto vuelva al llano la atenderá de mujer a mujer.

IL/