Un par de hombres se acercan a la guardia, presuntamente encargada de custodiar el ingreso a la Casa Rosada.

EL PRO ENTREGÓ 10 DESAPARECIDOS A LA VISTA DE LA POLICÍA

Por Ignacio Lizaso *
Un camión se detiene sobre la calle Hipólito Yrigoyen, antes de  Balcarce. Un par de hombres se acercan a la guardia, que custodiaba el ingreso a la Rosada. El diálogo concluye con los policías haciendo la venia. Los agentes de enlace regresan al camión y después de descargar diez bultos envueltos en bolsas negras los cuelgan de los barrotes de las rejas de presunta protección.

Por Ignacio Lizaso

NAC&POP

01/03/2021

Un camión se detiene sobre la calle Hipólito Yrigoyen, poco antes de llegar a Balcarce.
Un par de hombres se acercan a la guardia, presuntamente encargada de custodiar el ingreso a la Casa Rosada.
Breve diálogo que concluye con uno de los policías haciendo la venia.
Según la versión de fuentes de sólida autoridad, los agentes de enlace regresan al camión y después de descargar diez bultos envueltos en bolsas negras los cuelgan de los barrotes de las rejas de presunta protección.
La venia habilitaba la colocación de cualquier tipo de artefacto, por qué no bombas de fabricación no precisamente casera.
La policía que responde al jefe de gobierno de CABA suele caracterizarse por reprimir toda clase de manifestación popular, sea sindical, estudiantil o de género.
En esta ocasión, seguramente tras haber recibido precisas instrucciones, los muchachos se quedaron navegando en la rive Pro del río Moldava.
Cuesta entender que semejante acto de provocación en medio de la lucha contra la pandemia, que no admite deserciones, ni sabotaje, no haya sido registrado y abortado por la guardia presidencial.
El operativo no puede haber durado menos de un cuarto de hora.
Curiosamente en su edición del día siguiente el diario «amigo» Página 12 no dedica una sola línea a tan inconcebibles descuido y fracaso de la policía.
A la tarde, en el acto de plaza de Mayo, magro en asistencia, las sonrisas de la Bullrich, cada día más parecida a aquella sargentona nazi que violaba al prisionero italiano Giancarlo «Pasqualino» Gianinni; el golden boy Lousteau, el best seller de autoayuda financiera Fernando González y el pequeño vigía Lombardi, que presidían el acto en plaza de Mayo, indicaban que la performance se había cumplido a satisfacción.
Cabe la calificación de performance porque pudo haber sido armada hace 60 años por Marta Minujin en el Di Tella.
Si el mismo operativo hubiera sido realizado frente a la sede del gobierno de CABA – por historia y arquitectura, muy por debajo del nivel de la Rosada – y en lugar de «fiambres» imaginarios hubieran depositado bolsas conteniendo lo miles de vacunas que hasta su vencimiento nunca utilizó el ex ministro Rubinstein, o excrementos del día, ¿cuál habría sido la reacción de los efectivos policiales, sobre todo los numerosos miembros de la célula Chocobar?

Ningún camión hubiera podido arrimarse, pero de haber sido sorprendidos habrían ejecutado un nuevo concierto de balas de goma, palazos, gases y anexos.

El episodio ofrece más de una interpretación.
Todos estos mercenarios del golpismo niegan la realidad de los desaparecidos por la dictadura encabezada por Videla y Massera.
Las diez bolsas negras son un claro símbolo que representa a otros tantos desaparecidos.
Y para cada una eligieron el/los nombres de argentinos que desean ver muertos.
En su desesperada misión de atacar todos los flancos de la acción de gobierno, han resuelto rescatar una imagen de esos cuerpos, asignarles una identificación falsa y exhibirlos públicamente.
Se trata de una confesión inconsciente: los 30.000 desaparecidos son un fantasma vivo para todos los argentinos, también ellos.
De paso queda latente una amenaza: si el odio Proxeneta sigue copando impunemente la calle, en cualquier momento van a plantar las bolsas donde quieran y si se les ocurre, no ya vacías y con simples etiquetas.
IL/