Tan aguerrida mujer, compañera y protectora de tantos jóvenes Montoneros de Mar del Plata ascendió al Comando Celestial de los patriotas.

TRICI, LA ENFERMERA MONTONERA*

Por Edgardo "Negro" Soares*

Fue legalmente Beatriz Meana, y clandestinamente la «Coca», sabe Dios porqué se hizo llamar así, (decían irónicamente que por la actriz de esos años) era una tabla, pura fibra y fortaleza. Ella se burlaba y se reía de si misma por eso, lo cierto es que de la otra Coca (la Sarli) no tenía nada.

Por Eduardo «Negro» Soares

CONVOCATORIA SEGUNDA INDEPENDENCIA

22/01/2013 

Casi nadie sabe quien fue Trici, y ya casi nadie lo sabrá.-

La Historia es así, no es para quejarse ni putear, solo asumirla.

Cientos de miles de compañeros caídos heroicamente en cientos de lugares del mundo, en procesos donde se conocen los grandes hacedores y -lamentablemente- los grandes traidores.

Hay que reconocer que Trici tampoco contribuía mucho a que la conocieran, era una «tapada»,(en la jerga de esos años), una compañera bien de base, pero no por ello dejó de ser una aguerrida combatiente montonera.-

Fue legalmente Beatriz Meana, y clandestinamente la «Coca», sabe Dios porqué se hizo llamar así, (decían irónicamente que por la actriz de esos años) era una tabla, pura fibra y fortaleza.

Ella se burlaba y se reía de si misma por eso, lo cierto es que de la otra Coca (la Sarli) no tenía nada.

Para toda la Mar de Plata insurgente de los setenta era Trici, la enfermera, la del Barrio Juramento, en el Sur de la Ciudad.

Era una petiza flaquísima, huesuda, alimentada a mate y cigarrillos, no la recuerdo ni comiendo ni durmiendo, jamás dormía.-

Y jamás paraba, no era posible verla quieta.-

Fue fundadora de Montoneros en Mar del Plata, pero eso es poco decir, es casi no decir nada comparado con todo lo que fue e hizo en su vida de militante revolucionaria.

Se podría decir que Montoneros nace en Mar del Plata con Trici.

No por su importancia en estructuras organizativas, sino por su colaboración para que las cosas ocurrieran.

Los cuadros importantes tuvieron que recurrir a ella para el armado de la Organización.

Porque para Trici no había imposibles.

Todo lo podía, todo lo lograba.

Era de esos cuadros orgánicos hasta la médula.

En las clínicas donde trabajó se armaron las primeras reuniones, en la gran infraestructura propia que siempre conseguía, que sacaba inexplicablemente de la manga, se fue cocinando la estructura montonera que luego se extendió por toda la ciudad.-

Las primeras reuniones motorizadas por Quique Pecoraro y otros enormes cuadros como Oscar Degregorio «el Sordo Sergio» o el «Gordo Oscar» Chiocarello las armaron con Trici, para intentar encuadrarnos en Montoneros y en la difícil tarea de canalizar y disciplinar nuestra impaciencia adolecente.

Muchos de los mas duros combatientes que Mar del Plata ofrendó a la revolución socialista y que cayeron heroicamente en toda la Argentina eran un poco mas que niños cuando Trici trajinaba para conseguir la infraestructura que se le requería.

Muchos dudamos y nos quedamos boquiabiertos cuando quien fuera después un gran Comandante, el «Sordo Sergio» nos planteó que al proyecto revolucionario de Montoneros «se entra de por vida».

Era claro el Sordo, porque no se refería solo o exclusivamente a la Organización sino al «proyecto revolucionario», a la coherencia que debíamos tener en el resto de nuestras vidas para luchar por la Liberación Nacional y el Socialismo.

Para algunos de nosotros esa frase fue la guía de nuestras vidas «a este proyecto revolucionario se ingresa de por vida».

Ella no dudó, no se extrañó, no se sorprendió ni se amilanó como hicimos algunos de nosotros, o al menos yo.

Era una obrera, una trabajadora, alguien que sentía el calor de la clase social a la que pertenecía, era impensable que dudara o se atemorizara.

Trici amaba, quería de verdad a la gente, a su Pueblo, y eso la movilizaba.

Y se cargó al hombro las peores tareas, abrió barrios y locales en las zonas mas marginadas y castigadas por la pobreza como eran Juramento o Termas Huinco en la zona del Martillo, en el sur marplatense.

Construyó los locales de la organización con chapas, cartones, maderas, y pisos de tierra.

Fundó salitas de primeros auxilios.

Afanados valiosos insumos, medicamentos y aparatos de las Clínicas donde trabajaba.

Organizó a los sectores mas rústicos de la Ciudad.

Y paralelamente fue una militante montonera, con puntualidad suiza a las reuniones clandestinas, con entrega absoluta cuando se la requería.

Luego vino la Unidad con las FAR que también hacían su proceso para la misma época en Mar del Plata.

Pinchó montones los culos tanto dando antitetánicas (obligatorias ante la posibilidad real de heridas de bala) como administrando todo tipo de medicamentos.-

Ahí anda todavía Trici con su botiquín corriendo en Ezeiza, (en aquella matanza capitaneado por Rucci y otros burócratas sindicales traidores a la clase Obrera y al Pueblo) esquivando las balas de los sectores pro oligárquicos y pro imperialistas del Peronismo.

Balas que para las columnas montoneras de La Plata y Mar del Plata picaban más cerca por nuestra ubicación en la distancia al Palco.

No durmió atendiendo compañeros heridos durante el viaje de regreso.

Jamás quiso que se supiera, ni dijo en cuantas operaciones militares participó como apoyo con toda su carga médica.

Ella preparo el brebaje anestésico que se utilizó en el secuestro del gran empresario de a industria de la construccion Nicolás Dazeo (socio de López Rega en los trabajos de refacción de las Colonias de Chapadmalad, pero eso es otra historia) una operación impecable de Montoneros que obligó a reincorporar a todos los obreros despedidos en las colonias.

El enemigo lo supo o lo dedujo, y apenas el Golpe del 76, fue secuestrada por el Ejército y sometida a las peores torturas imaginables.

Unos días antes de su secuestro una patota del Ejército apareció en un bar donde varios compañeros estaban reunidos, hubo un intenso tiroteo y resultó muerto el Jefe del grupo atacante, un oficial que además era interrogador en el GADA 601 llamado Cativa Tolosa.

Todos los compañeros lograron salir de la Gremial emboscada, incluyendo Raúl Del Monte, el querido «Pájaro» (caído posteriormente vivo y trasladado a Mar del Plata para ser interrogado, hoy desaparecido).

Trici fue acusada e interrogada en torturas interminables, de haber curado las heridas del Pájaro en ese enfrentamiento.

También la acusaban de haber curado a Candela, una de las compañeras que ingresó con “Felipe”, el comandante Arturo Lewinger a la comisaría 2da para rescatarme cuando fui detenido.

Ella negaba todo, no les dio ni un solo dato durante los meses que estuvo detenida/desaparecida. No cayeron ni compañeros ni materiales de la organización por Trici.

La pasó muy mal, y se salvó de una muerte segura por una simple casualidad: años antes le salvó la vida a un niño al que internaron desfalleciente en la Clínica donde trabajaba.

El padre de ese niño resultó ser muchos años después un importante General de la Dictadura, de modo que los médicos y dueños de la Clínica lo llamaron y le recordaron la deuda que el tipo tenía con Trici.

Y así zafó y la liberaron, destruida y arrasada por las secuelas de la tortura que nunca se le fueron, pero zafó.

Nunca jamás se asumió como una ex prisionera, habló poco de su detención, odiaba que le tengan lástima, ni siquiera reclamó indemnización.

Jamás se consideró «una víctima» sino todo lo contrario, una prisionera politica, alguien que luchó como montonera y que por esa lucha fue detenida.

Antes de poder despedirme y poder hablar bien con ella de la inminencia de su muerte, la vi en el acto en homenaje a los compañeros marplantenses asesinados por la CNU/tres A y la Policía, organizado por el querido Jorge Casale, hoy puntal en los juicios contra el CNU.

Eso fue en marzo del 2010.

Era la misma Trici de siempre, altiva, inclaudicable, dura en sus apreciaciones, algo apenada y resentida porque no comulgaba con el Gobierno en esos años.

Ella y Eduardo González me dieron una de las mayores alegrías de mi vida: trajeron a los viejos compañeros y vecinos de los barrios que abrimos por 1972/73 que aparecieron portando una bandera hecha en una sábana vieja, como se hacía antes.

Trici y Eduardo jamás dejaron de volver una y otra vez a esos barrios y mantuvieron una estrecha relación personal con todos los compañeros.

Ella también era una «piñon fijo», como se dice hoy día a los compañeros que no cambian y tienen los mismos ideales que en los 70.

Como lo seguimos siendo algunos, ella «no giraba» , se quedaba en el tiempo, no “evolucionaba”.

Se enorgullecía de “seguir siendo montonera”, y se emocionó hasta las lágrimas cuando le presenté al viejo Jefe montonero (el Pelado Perdía) que acompañó ese día en ese homenaje a la delegación de la recientemente fundada Convocatoria por la Liberación Nacional y Social .

Pude despedirme de ella, por suerte, ya en su lecho de muerte.

Estaba tranquila, orgullosa de sus sobrinos que eran –con su hermana- su única familia.

Hablamos mucho, no veía bien el actual proceso político, estaba preocupada pero con una confianza ilimitada en el Pueblo y la Clase obrera argentina.

Pasó revista a decenas de compañeros caídos, nombró a muchos, recordó que era una compañera de fe religiosa, siempre lo fue.

Tenía esperanzas en reunirse con algunos, en especial con el “Chino” Federico Celesia y con “Juanita” Estela Dorado, gran amiga de su militancia de toda la vida.

Murió el 22 de enero de 2013, hace ocho años, ya.

Cargada de morfina, adormecida, volvía a esos días terribles de tortura.

Cuando nos saludamos y me levanté para irme, me dijo con un esfuerzo para intentar sonreír “querían saber si yo lo curé al Pájaro” “les dije una y otra vez que yo no lo curé, no se porque no me creían”.

Tranquila Trici querida, todos sabemos que no curaste al Pájaro Del Monte, tampoco curaste la mano de Candela, se habrán curado solos, después de todo, eran montoneros, igual que vos, esos milagros ocurrían en la guerra revolucionaria.-

Probablemente no haya homenajes altisonantes para vos compañera, quizás en otra Historia con otro relato, no con el actual.

Tu historia de vida no vende, tampoco tus sacrificios, pero no dudes que estás en el corazón y en la vida de muchos montoneros marplatenses y de todos aquellos que curaste y salvaste.

ES/

 

NAC&POP: Los Montoneros eran una organización armada de militantes peronistas que luchaban por el pueblo argentino y la Patria Grande, enfrentando a las Fuerzas Armadas «de  ocupación» que operaban desde el Estado argentino bajo ordenes del «Operativo Condor» liderado por Henry Kissinger desde la Escuela de las Américas siguiendo los planes estrategicos de los EE.UU. para América Latina, al servicio de sus intereses económicos y políticos. MG/N&P/