Era rápido a la hora de pasar señas genuinas y de las otras, ofrecidas para desorientar rivales.

UN GRAN JUGADOR DE TRUCO: PERÓN.

Por Luis Soto*

En su tierra, ya fuera en la Casa Rosada o en una piezucha del penal de la isla Martín García, también en el exilio, desde la modestia del aguantadero de dos ambientes en Honduras, hasta el confort de Puerta de Hierro, con o sin naipes en la mano, (y la manga), Perón nunca dejó de usar sus virtudes de avezado jugador de truco.

Por Luis Soto

NAC&POP

16/02/2021

En su tierra, fuera en la Casa Rosada o en una piezucha del penal de la isla Martín García, también en el exilio, desde la modestia del aguantadero de dos ambientes en Honduras hasta el confort de Puerta de Hierro, con o sin naipes en la mano (y la manga), Perón nunca dejó de usar sus virtudes de avezado jugador de truco.

El 17 de octubre se gestó tras la decisión de meterlo preso, dictada al títere Edelmiro Farrell por los adversarios de Perón dentro de las fuerzas armadas y la oposición, que inauguraba después de 1930 la unidad de radicales y conservadores, todos fogoneados por la embajada yanqui.

En una conjetural partida de truco Perón no había llegado a pedirle: hacé la primera, al compañero con el que empezaba a enyuntarse.

Sin señas, el compañero marchó espontánea, fervorosamente a plaza de Mayo, puso las patas y el as de bastos sobre el paño verde de la fuente y se convirtió en protagonista fundamental de 75 años de historia argentina.

Ese compañero fue y sigue siendo el pueblo, no casualmente elegido por Perón como único heredero.

Cautivo en medio del Plata, en términos populares la alternativa era la gloria o Devoto. Entonces escribe la famosa carta a «la señorita Eva Duarte» (así nombraba a la destinataria).

En el texto combina decires de enamorado – tesoro, adorada, no puedo dejar de pensar en vos – y desliza un proyecto clave.

«Le encargué al traidor de Farrell que acelere mi retiro.

Cuando salga de aquí, quiero que el día siguiente nos casemos y vayamos a cualquier parte a vivir tranquilos», promete.

Menciona a Chubut como posible escenario del alejamiento y subraya el cuidado que deben tener con el envío de la correspondencia, que seguramente tratarían de interceptar los confabulados.

¿Qué sentido tiene una carta, fechada el 14 de octubre, con frases dignas del radioteatro que contaba a la señorita como figura en ascenso?

Situémonos en la partida de truco.

Anunciando su propósito de abandonar la lucha y guardarse en cuarteles no precisamente de invierno, se diría que tirando a nupciales, él, Perón, animal político por excelencia y que apostaba a su destino de gloria, hacía la seña de ciego.

La contra compró la seña.

En un operativo con la complicidad de médicos amigos Perón fue trasladado al Hospital Militar.

Del resto se encargó el fiel, anónimo compañero.

Con el descalificado cuatro de copas o su par, el macho de espadas, Perón siempre se las ingenió para ser o hacerse pie.

El clásico venga-compañero era su llamado de cabecera.

Con el pueblo bramando frente al balcón de la Rosada o en un mano a mano con Enrique Santos Discepolo, amagando un esbozo de sonrisa, los ojos achinados, o con severidad de piedra gris, Perón echó miles de veces la falta envido o el quiero retruco, y supo irse transitoriamente al mazo.

Era rápido a la hora de pasar señas genuinas y de las otras, ofrecidas para desorientar rivales.

Tuvo pocos compañeros que dejaron de serlo: Cipriano Reyes, Sebastián Borro, Augusto Vandor, y una inmensa mayoría que nunca fallaron y hasta cumplieron aquel desafío de la-vida-por-Perón, coreado a toda voz en la plaza.

Vamos a detenernos en una sentencia de su cosecha rescatada por Jorge Antonio y un episodio que lo tuvo como personaje junto a Discepolo.

La profesión periodística nos puso en contacto con Jorge Antonio Chibene, su nombre completo, amigo, asesor, en cierto momento apoyo financiero de Perón en el exilio, quien durante 20 largos años formó parte del reducido círculo que tuvo acceso a su más honda intimidad.

Semejante relación lo llevaba a prenderse en ocasionales partidas de truco.

De infinidad de anécdotas seleccionamos una metáfora reveladora de otro Perón.

A punto de iniciarse una partida en Puerta de Hierro uno de los invitados propuso jugar con flor.

Mirada burlona de Perón y la frase: «pero, amigo, cómo va a matar el misterio del envido».

Indescifrable atracción de la poesía lúdica (traducido al arameo, la maravilla del escolaso).

En 1991 nos tocó preparar un ensayo sobre Discepolo, que incluía testimonios de Tania, su esposa, Enrique Cadícamo y Mariano Mores.

Cadícamo lo consideraba el máximo poeta tanguero y marcaba hechos básicos de su personalidad. «Yo había escrito ¨Al mundo le falta un tornillo´ y creía haber pintado con cierto humor un fresco de la realidad.

Enrique se mandó ´Cambalache´y Ýira yira´, y sentí que lo mío era de tono menor.

Él tenía más caye que todos nosotros, caye con y griega.

Manejaba sabiamente el grotesco.

Eso se daba en la escritura o la charla.

Cuando quiso poner a vivir ese tener caye, no le salió.

Era un hombre muy golpeado por la vida, el padre murió cuando tenía 5 años y la madre, a los 9.

Decía que nunca tuvo un juguete», evocaba Cadícamo.

Lo consolamos anotando que él había compuesto más de 800 temas, tangos, foxtrots y hasta mazurcas, y que Discepolo le había dedicado 3 años a la letra de «Uno».

La malagueña Ana Luciano Davis, Tania, que llamaba Chachi a su esposo, confesó que se aburría «soberanamente» cuando se encontraban con Perón y Evita en la quinta de San Vicente.

«No paraban de hablar de política y a mí la política no me interesa.

Yo lo pasaba bien cuando caían Jorge Antonio y Juan Duarte, dos tipos divertidos», recordaba.

Al rato llegó el episodio que nos convoca. «Una tarde de lluvia estábamos Perón y Chachi jugando al truco, y yo.

Para entretenerme me hacían mezclar las barajas y repartir los porotos.

Ese día Perón lo tenía acobardado a Chachi.

Apenas cantaba envido venía el rebote: real envido.

La cosa se fue repitiendo hasta que Chachi gritó, caliente: «estoy harto de que me corra todas las manos, quiero 26».

Silencio y Perón que dice: «son buenas».

Chachi se puso a saltar de alegría.

Al recoger las barajas, de curiosa, espié las de Perón.

¿Puede creer que tenía 31?

¡Cómo le va a hacer eso a Chachi, que lo quería tanto…».

¿Usted qué piensa?, le preguntamos.

«Que lo estaba sobrando».

¿Se lo contó a Discepolo?

«No, lo hubiera destruido».

Perón lo conoció a Discepolo en 1938, en Santiago de Chile, donde era agregado militar a la embajada.

La amistad se fue consolidando.

La idea que terminó concretándose en los diálogos radiales con Mordisquito comenzó siendo puesta en el aire por Abel Santa Cruz y luego por Julio Porter, primo de César Tiempo, este director del suplemento cultural de «La Prensa» de la CGT.

Como no daban con el tono directo, popular, esencial para cumplir el objetivo de bajar línea, Perón sostuvo que ese estilo que bordeara el grotesco era el sello de Discepolo.

Costó convencerlo, pero al final aceptó.

Esa audición diaria pesó sensiblemente en las elecciones de 1951.

Perón estaba en deuda con Discepolo, qué lo iba a sobrar.

Querría, sí, acorazar su autoconfianza y probar una presunta paridad de fuerzas

Los opositores dentro del mundo artístico: Francisco Petrone, Pepe Arias, Arturo García Buhr, Orestes Caviglia, le hicieron la cruz.

Enfermo, acosado por críticas y groseras ofensas – Tania contó que llegaron a remitirle encomiendas con discos en su homenaje refregados con excrementos humanos de fresca data -, Discepolo proyectó un viaje a Méjico, donde vivía su hijo Enrique Luis, innombrable delante de Tania.

El viaje sería en barco, su deseo era permanecer un mes, eso demandaba entonces la navegación, apartado del mundo.

Perón insistió en que postergara el viaje, quería que pasaran juntos la Nochebuena en San Vicente.

«Chachi no se animó a decirle que no. Si hubiera hecho el viaje…», parecía lamentar Tania.

Discepolo murió el 23 de diciembre.

En una corona de flores se leía: «hasta pronto, Eva».

Una cita con garantía de asistencia.

Ella moriría siete meses más tarde.

A la luz del testimonio de Cadícamo nos permitimos arriesgar una teoría.

Acaso haya sido Perón la figura paterna más importante en la vida de aquel hombrecito del talento enorme y la nariz.

El retrato es de Homero Manzi.

LS/