"He descubierto que hay peronistas-castristas, lo que echa abajo mis vagas ideas sobre el peronismo." (Ernesto Che Guevara)

1951: «LA PRENSA» ES EXPROPIADA POR UN ACTO REVOLUCIONARIO

Por Luis Soto *

«Como otros diarios del continente, La Prensa ha minado la base de la nacionalidad, impidiendo y demorando la concreción de tantas reivindicaciones proletarias. Esta sanción no constituye un ataque a la libertad de expresión, es un acto revolucionario. Necesitamos todo el poder para que se cumpla nuestro objetivo». (John William Cooke).

Por Luis Soto

NAC&POP

10/02/2021

Foto de tapa: John William Cooke y Alberto Gainza Paz

 

Con estos fundamentos John William Cooke presentaba hace setenta años, en febrero de 1951, el proyecto de expropiación del decano de los diarios argentinos. Aprobada por el Congreso la medida se concretó en abril de ese año.

La conducción del diario quedó a cargo de la CGT y el sindicato que agrupaba a los canillitas.

Los actuales dueños del diario – Multimedios La Capital, de Florencio Aldrey Iglesias -, simulando una continuidad que se cortó en 1991, cuando los descendientes del fundador, José C. Paz, se declararon en convocatoria, acaban de evocar la expropiación.

En una extensa nota sostienen que La Prensa acogió «con entusiasmo» el golpe de Estado de 1943 y «rápidamente apoyó» el crecimiento de la figura de Perón.

Apreciaciones rotundamente falsas.

El diario vinculó con el nazismo a los líderes de la que llamaba «dictadura militar nacionalista» y una y otra vez advirtió sobre los riesgos de la gestión de Perón en la Secretaría de Trabajo.

Hecho que elimina toda duda, dos semanas antes de las elecciones de 1946, La Prensa publicó el texto completo del Libro Azul, engendro en desembozado respaldo de la Unión Democrática que incluía una supuesta consulta a los países americanos, con Estados Unidos a la vanguardia, propiciando la ocupación preventiva del territorio argentino por una fuerza militar conjunta.

Perón contraatacó a través del Libro Azul y Blanco, en el que denunció que se trataba de una patética maquinación de la CIA orquestada por el embajador Spruille Braden.

También señalaba al aventurero español Gustavo Durán como autor del texto.

Este Durán, que no usaba barba, había sido miembro de las brigadas internacionales comunistas que combatieron al franquismo en la guerra civil.

Cabe recordar que el PC se había sumado a las filas de la Unión Democrática.

Como dato de color Rogelio Pajarito García Lupo contaba que Durán había caído en ridículo al proponer a Victoria Ocampo que se afiliara al PC.

Junto a Leonor Acevedo, madre de Jorge Luis Borges, y otras damas patricias, la Ocampo solía caminar por la calle Florida enarbolando pancartas antiperonistas.

Si eran abordadas por la policía,cantaban el Himno Nacional.

Hasta que la Ocampo fue llevada al asilo carcelario femenina de la congregación del Buen Pastor (Humberto I casi Defensa), donde se alojaban rateras y prostitutas.

Tras las elecciones La Prensa informó el abrumador triunfo del peronismo treinta y dos días más tarde.

Hasta entonces, sin afirmarlo explícitamente, daba a entender que el resultado no estaba definido.

Las mismas siniestras, grotescas mañas que 70 años después intentaron imponer Macri y Trump.

Por fin admitió la derrota de la Unión Democrática, pero no como noticia propia.

«Según ha informado New York Times…», arrancaba el simple recuadro.

Insospechado de filiación properonista el historiador Félix Luna juzgó esa actitud en su libro «El 45».

«La deformación de la realidad fue tan profunda que todos, los que escribían el diario y los lectores, llegaron a convencerse que la Unión Democrática representaba a la arrasadora mayoría del país frente a minúsculas turbas despreciables», condenaba Félix Luna.

Posición negacionista semejante a la que hoy adoptan Clarín, La Nación, Carrió, Bullrich y demás deudos.

Es sabido que La Prensa jamás mencionó el nombre de Perón, tampoco al reconocer su triunfo.

Durante cuatro décadas era el tirano prófugo o el dictador depuesto.

La raíz del conflicto en términos legales nos vuelve a situar en 1946, cuando el abogado Eugenio Moraggi denunció a La Prensa por evasión desde 1939 de impuestos a la compra en el exterior de papel de diario para uso en las numerosas páginas dedicadas a los avisos clasificados.

Ante la demanda de la Aduana los Gainza tuvieron que pagar la deuda.

Hubo más elementos de juicio.

Una comisión legislativa presidida por Cooke y que integraba Arturo Frondizi descubrió que en 1931 La Prensa había cobrado un crédito preferencial por 216 millones de pesos, una fortuna en aquella época.

Manuel Alvarado, titular del Banco Provincia de Buenos Aires, había autorizado el crédito.

Exhibiendo su adhesión al espíritu de beneficencia el gobierno de Agustín P. Justo declaró graciosamente que la deuda era incobrable.

Está fresco el escándalo originado por el otorgamiento de créditos a Vicentín cuando la empresa se hallaba en cesación de pagos.

Las circunstancias en que a los Gainza les fue adjudicado el crédito eran absolutamente opuestas a las de VIsentín.

En 1931 La Prensa tiraba entre 600.000 y 700.000 ejemplares, y era considerado uno de los diez diarios más importantes del mundo.

Paralelamente a dichas investigaciones el sindicato reclamó normas de protección a los canillitas – muchos de ellos eran niños – y una participación del 20 % en los ingresos por los avisos clasificados.

Ante el rechazo del reclamo hubo paros.

Era inminente la expropiación, Director y propietario de La Prensa, Alberto Gainza Paz abandonó el país y vivió alternativamente en sus casas de Punta del Este y Montego Bay, en la costa de Jamaica.

Al regresar en 1955 se victimizaba diciendo: «He probado el duro caviar del exilio».

Sancionada La Prensa quedaba en pie la prudente voz opositora de La Nación.

«Si Perón abolía toda expresión crítica, entonces sí cambiaba revolucionariamente la esencia del sistema.

Se limitó a castigar al diario que más le molestaba y a tolerar a La Nación, prueba de que respetaba la libre crítica periodística», opinó el citado Luna.

Un episodio que data de 1955 corrobora esta diferencia entre la vocación ofensiva de La Prensa y la calculada prudencia de los Mitre.

Las reuniones preparatorias del bombardeo a plaza de Mayo del 16 de junio tuvieron lugar en la casa de Punta del Este de Gainza Paz.

En esa línea de violencia el 25 e marzo de 1976 La Prensa saludó el golpe con una frase de desenfrenado elogio: «En dos horas, sin una sola falla, operación impecable, sin vanas estridencias y sin disparar un sólo tiro las Fuerzas Armadas de la Constitución pusieron término al desempeño ilegítimo del gobierno instaurado en 1973».

Coronación de la trayectoria de Gainza Paz: en 1957 Pedro Eugenio Aramburu lo designó como gestor ante la banca de Estados Unidos de créditos destinados al gobierno de facto que presidía, rol que cumplió sin tartamudear – padecía de esa deficiencia verbal – y a entera satisfacción.

Tolerar a La Nación, estimaba Luna.

En la edición del día siguiente a su muerte, 27 de julio de 1952, el diario de los Mitre publicó un editorial laudatorio de la personalidad de Eva Perón.

Curiosamente (o no) es inhallable un ejemplar de esa fecha.

No se lo encuentra en ninguna hemeroteca.

Manos no demasiado anónimas procedieron a retirar lo que el tango llama «las pruebas de la infamia».

Recuperemos el discurso del Bebe Cooke.

«He jurado no descansar hasta que los pulpos capitalistas sean aplastados.

¿Antiimperialismo sin pasión?

No existe.

Quiero perfeccionarme para ser un auténtico revolucionario», se comprometió ante los compañeros.

Su voz trae ecos de la voz del Ché Guevara, a quien Cooke admiró profundamente.

Se conocieron en La Habana el 25 de mayo de 1962.

Había un montón de argentinos alrededor de una mesa presidida por la trozada presencia de una vaca que el Ché se había encargado generosa y desusadamente de aportar.

Desde ese encuentro y otros que se sucedieron hasta 1967, el Ché supo decir:-«He descubierto que hay peronistas-castristas, lo que echa abajo mis vagas ideas sobre el peronismo.»

A su vez Cooke adoptó como propio el emblema de la construcción del hombre nuevo.

Búsqueda contra la que La Prensa, a menudo desesperada, irracionalmente, disparaba sus más destructivas armas.

LS/

N&P: Fuente: Félx Luna.