Los presos políticos, en especial Milagro Sala, son una afrenta a la democracia y una deuda de este gobierno.

LOS SENDEROS DE UNA CONSTRUCCIÓN POLÍTICA.

Por Antonio Muñiz

El gobierno de AF pareciera tenerle miedo al conflicto, ante el menor atisbo retrocede o no avanza donde se debería. Esto es evidente, en por ejemplo, la reforma judicial que duerme en la cajones de la cámara de diputados, mientras que la corporación judicial se auto protege, sigue manteniendo presos a funcionarios del anterior gobierno y “blinda” de manera escandalosa a los funcionarios del gobierno macrista denunciados.

 

 

Por Antonio Muñiz*

07/02/2021

 

“Solo la imaginación, la audacia y el sueño permiten tantear y anticipar lo que por definición es siempre inesperado”. Rafael Poch de Feliu

A partir de la nota publicada por Jorge Alemán se puso en evidencia un debate dentro del FdT, que ya estaba, en forma más o menos larvada.

Es evidente que existe malestar en distintos sectores del frente gobernante sobre el perfil de la gestión de AF.

Estas disonancias las expuso, con todo el peso de su palabra, Cristina Fernández de Kirchner.

En normal que en una alianza amplia, construida con la lógica de ganar una elección, haya diferencias a la hora de gobernar.

Pero es necesario analizar la etapa en toda su complejidad, primero la crisis económica heredada, con la hipoteca de la deuda con los fondos buitres y el FMI, y para completar la situación, la pandemia de coronavirus, con sus consecuencias en el ámbito de la salud de la población pero también con muy fuerte impacto sobre la actividad económica global.

Con estas restricciones el gobierno de AF comenzó a funcionar, condicionado también por una oposición muy fuerte, y sobre todo muy agresiva.

La alianza de los productores rurales, los grupos concentrados, con los grandes medios periodísticos, un sector de la justicia, la mano de obra de los “servicios”, con el mascaron de proa del macrismo.

Esta alianza opositora cuenta además, con el siempre presente accionar, en Latinoamérica, de agentes de la CIA, DEA y otros organismos de inteligencia financiados por el gobierno de EEUU.

También es necesario tener en cuenta que vivimos una etapa atípica para la acción política, por lo menos tal cual la conocíamos o llevamos adelante los argentinos.

El trabajo político perdió presencialidad, no hay reuniones en los locales partidarios, no hay actos, no hay asambleas ni grandes marchas, el debate y la política se circunscribió a las redes, a los grupos de whashapp y a las video conferencias.

En ese terreno la derecha cuenta con mayor bagaje técnico, experiencia y sobre todo los “fierros” necesarios para dar esa batalla por el control de la agenda y el “sentido común”.

Como corolario de este año, el gobierno ha mostrado debilidades y fortalezas.

La fortaleza fue haber gobernado en unidad una coalición muy dispar, sin grandes disidencias.

Tal vez el manejo de la pandemia.

La minimización de los daños que esta podría haber alcanzado, y sobre todo el manejo de la provisión de vacunas y la puesta en marcha, a pesar de los contratiempos, del proceso de vacunación, siendo uno de los pocos países del mundo en llevarlo adelante; le ha dado al ejecutivo una fortaleza en la opinión pública.

También en el haber podemos mencionar como logros del gobierno: prohibición de despidos y doble indemnización, congelamiento de alquileres y desalojos, servicio básico a las telcos, impuesto a las grandes riquezas, acuerdo con los fondos buitres, créditos a tasa 0 y subsidios a los sectores más golpeados por la cuarentena, AUH y asistencia directa con alimentos hacia los sectores más golpeados por la pandemia y la caída económica, ayuda a empresa privadas para el pago de sueldos vía subsidios y ahora vía repro, acuerdo con los bonistas en condiciones favorables,

Negociación con el FMI en marcha, Interrupción voluntaria del embarazo, el programa 100 días, los aumentos periódicos a los jubilados, etc.

Por otro lado mostró claras debilidades de gestión y orientación política.

Hay deudas pendientes, donde el gobierno se muestra lento o indeciso.

El caso Vicentín es el ejemplo más serio, dado que una decisión estratégica, se dio marcha atrás ante algunas movilizaciones de vecinos de la zona santafesina.

El gobierno de AF pareciera tenerle miedo al conflicto, ante el menor atisbo retrocede o no avanza donde se debería.

Esto es evidente, en por ejemplo, la reforma judicial que duerme en la cajones de la cámara de diputados, mientras que la corporación judicial se auto protege, sigue manteniendo presos a funcionarios del anterior gobierno y “blinda” de manera escandalosa a los funcionarios del gobierno macrista denunciados.

Los presos políticos, en especial Milagro Sala, son una afrenta a la democracia y una deuda de este gobierno.

En esto hay que aprender de la derecha argentina, conocen el poder y lo usan sin miramientos, como los demostró la gestión de Macri, donde se llevaron puesto a todas las instituciones de la democracia.

Haya que recordar como sostenía Nietzsche “cuando no se hace uso del poder, este se empieza a perder”.

La política es acción pero también ideología.

Es evidente, como dicen algunos funcionarios, que el gobierno debe ir construyendo poder y apuestan a ganar las elecciones de medio término y aumentar el número de diputados en una cámara donde la mayoría propia es limitada.

Ahora para ganar las próximas elecciones se requiere un gobierno eficiente que dé respuesta sobre todo a los sectores populares que lo votaron en 2019 y después ir por más, por esos sectores “independientes”, más alejados de la política.

En esta coyuntura el Gobierno debería no solo apuntar a consolidar la unidad del espacio, sino, es más, aumentar el nivel de representación hacia sectores independientes y sectores populares que hoy están fuera.

Por supuesto que necesario construir mucha fortaleza política, generar nuevos liderazgos, y esto solo se puede lograr articulando con las organizaciones populares (sindicatos, cámaras empresarias, organizaciones de base, sociales, clubes, agrupaciones estudiantiles, y toda expresión de la comunidad organizada), la lucha política debe ser claramente una lucha por el poder y para ello hay que abandonar ciertos infantilismos izquierdosos de subestimar la lucha por tomar los resortes del estado.

Así como la siempre presente opción de los gobiernos populares por sumar y dejar en las estructuras del estado a cuadros de la derecha neoliberal, que reconvertidos en “cuadros técnicos”, se convierten en “quinta columnas”, que terminan ´por hacer fracasar los procesos populares.

En la historia de los gobiernos populares y sobre todo en los gobiernos peronistas sobran los ejemplos de esta práctica nefasta.

En una etapa convulsionada como esta, los movimientos populares deben articular la política de otra forma.

Es necesario retomar la política como eje central, profundizar la relación directa con los sectores populares y sus organizaciones para poder llevar adelante la política en todos los ámbitos y momentos.

Hay que dar las batallas en el territorio, en el barrio, en la calle, en el cara a cara con la gente.

Si nos cerramos en una lógica puramente electoral o en una batalla en las redes sociales, la guerra está perdida.

Un pensamiento básico del Arte de la Guerra es que hay que dar la batalla donde el enemigo es más débil, hay que elegir el terreno que nos sea más propicio.

Y para el movimiento popular la lucha es en la calle.

Sin descuidar lo electoral por supuesto, pero entendiendo la política como una acción permanente y constante.

Fortalecer el espacio

La llegada de Máximo Kirchner a la presidencia del PJ bonaerense puede ser una piedra basal en la reconstrucción y fortalecimiento del PJ, preservando la unidad lograda pero sumando al mismo tiempo a otros sectores y organizaciones, abriendo la afiliación, el debate y la participación.

La vieja disyuntiva entre movimiento y partido que planteaba Perón, hoy carece de sentido, ya que el movimiento nacional se encuentra fragmentado y sin conducción estratégica clara.

Ya va a haber tiempo para ir reconstruyendo el movimiento nacional en la medida que se vaya construyendo una nueva síntesis política ideológica.

El fortalecimiento del PJ, como núcleo central del FdT puede ser un paso adelante.

Siempre y cuando se entienda que el primer desafío de la dirigencia del FdT es abandonar las lógicas de “orgas”, para, entre todos, conducir el conjunto.

Este es un requisito que la militancia en su conjunto debe exigir.

Construir una agenda propia

Hay que construir una agenda propia, nos pasamos discutiendo el pasado o los temas que nos impone el aparato mediático.

Hay que animarse a decir lo “políticamente incorrecto”, aquellos que se calla, expresar la voz de los sectores que están afuera del sistema, aquellos que nadie quiere expresar, construir una voz colectiva desde lo nacional y popular, aunque este discurso espante algunos votos “ de sectores medios”.

Es necesaria la construcción de fuertes consensos sociales y políticos que den sustento a las políticas del gobierno.

Ahora, estos consensos se generan abriendo el debate, profundizando la discusión política, generando la agenda, hacia toda la comunidad y por supuesto que también hacia dentro del movimiento.

Encauzar el debate interno, darle forma y contenido es prioritario en un movimiento de carácter popular.

Este debate debe ser alentado y sostenido por la conducción.

En el caso argentino y en el peronismo en particular existe una larga tradición de participación ciudadana, donde se discuten y debaten las acciones políticas, organizativas, instrumentales e ideológicas.

Es necesario volver a esa tradición, ir construyendo desde el barrio, desde el local partidario o la asociación de fomento poder popular, y desde ahí ir creciendo y profundizando la participación y el debate, hasta llegar a los consejos de la comunidad.

El fortalecimiento de estos ámbitos permitirán la construcción de consensos sociales y políticos que aíslen y ponga límites a los grandes grupos económicos que se sienten dueños de la riqueza y a su vez permitan desmontar todo el “aparato legal del coloniaje”, que permite y avala “legalmente” y “culturalmente” el coloniaje y el saqueo.

El conflicto como escenario

Por ejemplo es claro en la política actual que no es viable pensarla sin considerar el conflicto como inherente a la misma.

En todo caso podrá discutirse como se resuelve el conflicto pero no negarlo.

El neoliberalismo con su lógica de apropiación por desposesión, solo puede generar procesos de violencia para llevar adelante su saqueo y por ende va a generar resistencia y lucha de los sectores populares.

El conflicto es inherente a cualquier sociedad humana, es la esencia que da origen a lo político y a la política, pero el colonialismo y su versión actual el neoliberalismo lleva el conflicto al límite.

El objetivo de sociedad más justa, de igualdad e inclusión, lleva aparejada una lucha, casi nunca pacifica, por la apropiación de los excedentes que esa economía produce para volcarla en el bien común.

Perón sostenía que, que la política, “…. es construcción de relaciones de fuerza, implica oposiciones, voluntades que se enfrentan, que se asocian, que disputan la apropiación de recursos materiales y simbólicos. 

Es conflicto, es contradicción, pero es también la capacidad de aunar y conducir fuerzas diversas”.

 

La tares es ardua y compleja, pero es ahora.

 

*Antonio Muñiz

Presidente del PJ Luján