Hay 13 millones de ecuatorianos en condiciones de participar del comicio.

ECUADOR. HACIA UNA NUEVA OPORTUNIDAD

Por Gabriel Fernández

Aunque no somos afectos al empleo rápido de la expresión, en este caso lo vale. Un relativamente extenso período caracterizado por la traición, puede finalizar en Ecuador el domingo venidero. Sí: Básicamente asentado en la traición de Lenin Moreno a Rafael Correa, su militancia y la coalición social profunda que representa.

 

 

Por Gabriel Fernández

Revista Mugica

Aunque no somos afectos al empleo rápido de la expresión, en este caso lo vale. Un relativamente extenso período caracterizado por la traición, puede finalizar en Ecuador el domingo venidero. Sí: Básicamente asentado en la traición de Lenin Moreno a Rafael Correa, su militancia y la coalición social profunda que representa.

La memoria permite evocar la entronización del actual presidente en aquellas jornadas efervescentes; el líder tercerista alzando el brazo de su relevo –ambos sonrientes- y una multitud entornando con cantos de esperanza el emerger de la nueva etapa. Al rato nomás, cuando Correa se dio vuelta para ordenar algunos asuntos descuidados en su hogar, la nueva gestión empezaba a desmoronar una obra singular.

Con una enjundia en tal dirección equivalente al potente y desgarrador terremoto que sacudió la Nación, Lenín Moreno desmembró el surgir de un Ecuador libre, alineado con el Sur. Si hasta la estatua de Néstor Kirchner en la sede de la Unasur fue desplazada, como si se anhelara ocultar las nuevas amistades norteñas, europeas y colombianas de aquellos ojos torcidos, pero penetrantes.

Desde el 24 de marzo de 2017, un tal Boltaire Garcés, ya ni Lenin –qué va- ni Moreno, empezó a hablar de la gran bandera oligárquica del período, acompañado por los medios de comunicación más importantes: dijo que estaba azorado por la corrupción registrada durante la administración de quien lo tuvo como vicepresidente y luego lo catapultó a la primera magistratura. Quebró buena parte de las políticas sociales precedentes, lanzó a la jaula de los leones a Julián Assange y reposicionó al país en el eje del Bien: finanzas, armas, drogas. Y endeudamiento, claro.

A diferencia de otros pueblos, el ecuatoriano tiene un valor significativo: la alianza social que configura su movimiento nacional persiste más allá de las defecciones dirigenciales. No sin contrastes, no sin polémicas, el armado entre trabajadores blancos humildes y campesinos de origen indio, con una interesante presencia de la oficialidad en la misma dirección, superó con elegancia aunque esfuerzo el giro de aquella ilusión: Lucio Gutiérrez.

En vez de desflecarse, aunque casi, el bloque nacional popular siguió adelante hasta que halló un representante a la medida. Rafael Correa, quien abrevó con celeridad en las experiencias venezolana, nicaragüense, boliviana, brasileña, argentina. Entre el 2007 y la llegada de Boltaire Garcés (a) Lenín Moreno, fue parte de ese tramo en el cual la unidad sub regional –política, cultural, económica- logró un esbozo de despliegue.

Es probable que con esa figura por detrás, el candidato presidencial Andrés Arauz pueda recomenzar el hilo de aquella historia. Los ataques impiadosos que está recibiendo desde los políticos antipopulares, los medios concentrados, algunos jueces y los espacios económicos rentísticos, configuran un problema para esas aspiraciones colectivas pero también un reaseguro acerca de la orientación que piensa ofrecer.

Quizás resulte el presidente más joven en la historia del Ecuador. Tiene 35 años, no exentos de experiencia: fue titular del Banco Central, ministro de Conocimiento y Talento Humano –qué nombre para una cartera- y de Cultura y Patrimonio. Estudió Economía en la Universidad de Michigan, Estados Unidos. Ha denunciado que el actual mandatario “sigue vendiendo el país hasta el día de las elecciones” y anticipado que sus prioridades serán “evitar la hambruna y poner dinero en el seno de las familias”.

Es que Ecuador, programas liberales mediante, está en una de las peores crisis de su historia. Quizás la más grave, pues a la concentración económica y la desnacionalización se sumaron los sismos y la pandemia. La popularidad de Lenín Moreno (a) Boltaire Garcés, cayó en picada, mientras que Arauz encabeza las encuestas con un 35 por ciento de intención de voto. Pero nada está definido para este domingo 7 de febrero, pues las campañas anti correístas son abrumadoras y las dudas sobre el comportamiento de la Junta Nacional Electoral, extendidas.

Deberá competir con Guillermo Lasso (20 por ciento de intención), banquero feliz con aquella dolarización impuesta por el célebre argentino Domingo Cavallo en el ciclo de Abdalá Bucarám Ortiz y proclive al ajuste sin fin, y un referente indígena –Yaku Pérez- que lima las perspectivas nacional populares al presentarse como opción telúrica y arrastra un 13 por ciento de los probables sufragios.

El señor Lasso fue presidente ejecutivo del Banco Guayaquil y titular de la Asociación de Bancos Privados ecuatoriana. Está relacionado con 49 empresas off shore en paraísos fiscales. Acumuló, sólo entre los años 99 y 2000, una fortuna de 30 millones de dólares. Fue gobernador de la provincia del Guayas entre 1998 y 1999, designado por el presidente Jamil Mahuad. Opositor contundente del correísmo, ha lanzado los epítetos clásicos de su estirpe sobre las políticas hacia el desarrollo nacional. Para llevar adelante una vida política, mientras opacaba su presencia en aquellas zonas paradisíacas se lanzaba a crear la Fundación del Barrio, simpático nombre que contribuyó a brindar volumen económico a su movimiento CREO.

El señor Pérez se caracteriza por andar en bicicleta, proponer una izquierda flexible y priorizar los temas ecológicos. Toca el saxo y se niega a usar traje. Fue prefecto de la provincia Azuay: allí, su primera medida consistió en rebajar su sueldo, lo cual le sirvió para distanciarse de Rafael Correa, a quien se opuso con tenacidad que aún persiste, evaluándolo carente de honradez. Su estrategia electoral es “4E”: Ecología, Economía, Educación y Ética. Piensa prohibir toda actividad minera y limitar la producción de petróleo. Los medios ecuatorianos lo describen como “humilde y de actitud comprometida”.

El problema para Andrés Arauz y su mentor, Rafael Correa –iba a concurrir como candidato a vice, pero las maniobras de la Justicia lo condenaron a ocho años de prisión e inhabilitación política por “corrupción”- es que si no alcanzan el 40 por ciento y una distancia de 10 puntos sobre el segundo, deberán someterse a un ballotage. Imagine lector el tono que el periodismo venal derramará sobre la sociedad en una circunstancia de esa naturaleza.

Hay 13 millones de ecuatorianos en condiciones de participar del comicio. Un bulto importante: 16 candidatos inscriptos, muchos de ellos bien dispuestos a difuminar votos que podrían derivar sobre el correísmo, afincados también en críticas honestistas. La concurrencia es obligatoria.

Entre las iniciativas de Arauz se destaca la entrega de 1.000 dólares en la primera semana de gobierno para un millón de familias. En progresión, anhela avanzar en la desdolarización del país, y enfrentar las imposiciones del Fondo Monetario Internacional (FMI) a la hora de tratar el sobre endeudamiento heredado. Anuncia incentivos a la producción y al consumo, así como protección de los recursos nacionales. También, retomar la política de unidad sub continental asentado en la Argentina y Bolivia (ha trabado buen vínculo con Alberto Fernández y Luis Arce). Los recientes comicios norteamericanos no parecen preocupar a Correa: en su rol de estratega, poco esperaba de Donald Trump, poco espera de Joseph Biden.

Por supuesto: Desde las usinas aseguran que, de ganar Arauz, Ecuador se convertirá en “una nueva Venezuela”. La revista ‘Semana’ de Colombia publicó que la guerrilla del Ejército de Liberación Nacional (ELN) estaría financiando su campaña electoral. Es decir, las inversiones de los Estados Unidos y la OTAN en los servicios de inteligencia colombianos y ecuatorianos, poseen un sentido bien direccionado. El candidato imputado niega todo y plantea su definición: patriota, demócrata y progresista. Su vertiente se llama Unión por la Esperanza, para dejar de lado las reyertas judiciales surgidas en torno a la sigla PAIS. Su candidato a vice es Carlos Rabascall. La fórmula es identificada como “Binomio por la esperanza”.

Ecuador ya ha pasado por la experiencia de reorientar el camino en base a la continuidad de su movimiento nacional. Faltan pocas horas para saber si esa sabiduría vuelve a desplegarse.

*Gabriel Fernández. Director La Señal Medios / Área Periodística Radio Gráfica / Sindical Federal.