Mientras se inicia el inevitable regateo observa que la gallina se aleja picoteando entre las vías oxidadas.

MILAGRO Y LA GALLINA

Por Luis Soto*

Cuerpo delgado, la cabeza cubierta por un rústico sombrero de paja, vestidito floreado y ojotas, la mujer está sentada frente a una manta que ha volcado en el suelo, sobre la que apoyó los tejidos que vende.

Por Luis Soto

NAC&POP

03/02/2021

Guaratasi Huallpa procura encauzar la uña del pulgar de su pie izquierdo.

«Si vos no la marcas tiene destino de encarnada», ha dicho su padre.

La posición es incómoda, en las pausas le tira granos de maíz a una gallina.

Esta mañana de lunes de enero son únicos habitantes de los terrenos situados detrás de la abandonada estación ferroviaria de Uquía, vecina a Humahuaca.

Cuerpo delgado, la cabeza cubierta por un rústico sombrero de paja, vestidito floreado y ojotas, la mujer está sentada frente a una manta que ha volcado en el suelo, sobre la que apoyó los tejidos que vende.

Prendas nacidas del telar heredado de su abuela Pagari.

Chalecos y capas cortas de barracán, alguna alfombra y bufandas.

Siendo las once y cuarto se cuestiona por no haber hecho caso a su padre.

«No hay que salir los lunes, las gentes tardan en entender que todo sigue como el miércoles», suele sentenciar Amawt´a Huallpa.

En eso ve que se acercan dos autos.

-«Correte..,» indica a la gallina.

Entre las personas que bajan trata de identificar a alguno de los pocos guías que se animan a burlar los protocolos establecidos por la pandemia.

En componenda con gestores municipales arman sus excursiones munidos de certificados – el nombre del titular en blanco – que acreditan el cumplimiento del período de cuarentena.

Una señora, le dicen Cata, palpa las telas.

La Guara va hasta un chañar contra el que ha recostado un espejo y lo ofrece para que se prueben las ropas.

Mientras se inicia el inevitable regateo observa que la gallina se aleja picoteando entre las vías oxidadas.

Sin desatender a los visitantes suelta un silbido de llamado a la gallina.

Le avergüenza no ser capaz de emitir otro sonido.

En un estudio sobre la cultura aymara, comunidad a la que pertenece la familia, ha leído que las gallinas se comunican con treinta y tres variantes de lo que vulgarmente, maloliente palabra, se denomina cacareo.

La voz de alarma por la amenaza de un depredador aéreo, halcón, aguilucho, difiere de la que usan si merodea una culebra, enemigo terrestre.

-«Por ocho mil me llevo dos chalecos..», apremian los turistas.

-«Rebaja, no más de quinientos por prenda, orden del patrón», es el argumento en que se respalda la Guara, que no deja de vigilar.

La gallina ya está a media cuadra.

Que no te me vaias, Guarita, reclama alzando levemente la voz.

Señal de tierna relación, le ha dado su nombre.

Si te pago con dólares…, pretende especular un hombre de camisa, pantalones y zapatillas blancas.

En la quebrada, nada más que pesos, dice la Guara subrayando las eses.

Nueva mirada a la gallina, sin que haya apurado el tranco, ha quedado atrás el esqueleto de la estación.

A ver las alfombras, pide permiso el nevado, se agacha y levanta una.

Debajo de las alfombras, en un ángulo de la manta, asoma un rostro estampado.

-«Mirá a quién puso ahí», alerta Cata a sus compañeros.

¿Quién es?, le preguntan. ¿No la conocés?, es esa mapuche que tienen presa, informa Cata, y completa: ..¡la Milagro!

Cara de mala, de bruja, como la viuda, aporta el nevado.

«A chinitas como ésta saben engatusar», dice Cata.

La Guara da un paso en dirección a la gallina. y se detiene.

Dilema comprometido: cuidar la mercadería y tragarse en silencio los comentarios, o evitar que la gallina quede expuesta a que cualquier chango vea que está sola, lejos del caserío, y se la apropie.

«-Querida, no vamos a perder el día esperando que nos atiendas», intima el marido de Cata.

La Guara ya no duda.

Se ajusta el sombrero, une las puntas de la manta envolviendo las cosas, echa el atado deforme al hombro y se larga a correr hacia la gallina.

No te abandono, Guarita, ya estoy con vos, dice para tranquilizar a la bataraza fugitiva, que distante y ocupada en el picoteo de yuyos entre las vías muertas, no la alcanza a oir.

LS/

Asterisco y párrafo final.


Un maestro salteño, callado participante en la visita, contó el episodio.

Intrigado, el martes regresó al puesto y habló con Guaratusi Hualla.

Relación con la Tupac: a comienzos de 2015 el padre pintó un depósito de la agrupación y a cambio le dieron cuatro gallinas, un gallo y unos rollos de lana para el telar.

De pollita, la gallina amorosamente custodiada dormía a los pies de la Guara.

Certera lectura de Cata, (posible recuadro de Clarín): los Hualla, familia aymará engatusada por Milagro.

LS/