Formosa es la provincia con menos contagiados y menos víctimas por millón de habitantes. 

OPERACION FORMOSA: «EL MALO DE LA PELICULA»

Por Mauro Federico*
Formosa fue epicentro de denuncias de los medios concentrados por supuestas “violaciones sistemáticas a los DDHH» a raíz de los estrictos controles para contener la pandemia. Las denuncias con repercusión nacional tiene como objetivo a Gildo Insfrán un gobernador peronista que gana elecciones hace un cuarto de siglo, con el apoyo de más del 60% del electorado.

Por Mauro Federico

PUENTE AEREO DIGITAL

31/01/2021

Gobernador peronista y democrático de Formosa, Gildo Insfran
Esta semana Formosa fue epicentro de un conjunto de denuncias por supuestas “violaciones sistemáticas a los derechos humanos” en el marco de los estrictos controles dispuestos por su gobernador para contener el arrasador efecto de la pandemia.
Curiosamente –o no- las denuncias tienen una repercusión nacional inversamente proporcional a lo que ocurre fronteras adentro de la provincia donde Gildo Insfrán gana elecciones hace un cuarto de siglo, con el apoyo de más del sesenta por ciento del electorado.
Pedidos de intervención federal por parte de la oposición, desmesuradas comparaciones con regímenes dictatoriales, reclamos ante organismos internacionales y una campaña mediática sin precedentes, son parte de la batería con la que se bombardea a la administración que mejores resultados exhibe en el combate contra el coronavirus.
¿Cuáles son los motivos de estos encarnizados ataques?
 ¿Qué hay detrás de los feroces cuestionamientos a un cacique peronista que nunca manifestó intención de proyectarse políticamente más allá de su territorio?
La historia jamás contada de por qué un tercio de las noticias negativas con epicentro provincial tienen a Formosa como blanco.

VILLANOS DE PELICULA

En todas las películas, sobre todo aquellas muy simples y de planteo maniqueo, siempre hay un personaje bueno (el héroe), que suele reunir casi todas la virtudes humanas, y su contrafigura, el personaje malo (el antihéroe), malvado por naturaleza y aborrecido por todos que, seguramente, encontrará su merecido en el final de la historia.
El villano cinematográfico nació probablemente en los comienzos del cine, de la mano de Charles Chaplin y Buster Keaton.
El espectador de la época probablemente sintió una indefinida simpatía por este pequeño esbozo de villano: era el mal desembarcando en el nuevo medio, a través de una travesura infantil, innecesaria, dañina y muy satisfactoria para los remates de los sketchs.
Con el progreso del séptimo arte comenzaron a aparecer los villanos pérfidos, exagerados, seres abominables cuyo afán por el mal los convertía en estúpidos, gente que quiso conquistar el mundo, algún planeta, dominar a su prójimo.
Los actores que interpretaron villanos, en las limitaciones de su arte, han tratado de revivir esa primigenia sensación en el público: inspirar una suerte de simpatía dentro del lado oscuro del espectador.
Y en la larga lista hemos visto villanos que inspiraron patetismo y también respeto y hasta simpatía.
A la larga estos actores, habiéndose especializado tanto en su arte, quedaron encasillados en sus personajes.
Si hoy en día hiciéramos un concurso para distinguir al más pintoresco de los villanos, Peter Lorre sería uno de los finalistas.
Desde aquel pederasta en el El vampiro negro, de Fritz Lang, hasta sus últimas apariciones en películas de Roger Corman, Lorre se adaptó a una gran categoría de villanos multidimensionales: fue un asesino marcado en El hombre que sabía demasiado, de Alfred Hitchcock; encarnó al Doctor Gogol en la versión sonora de Las manos de Orlac, de Karl Freund; y fue Raskolnikov en la versión hollywoodense de Crimen y Castigo.
También acompañó al duro de Humphrey Bogart en dos grandes éxitos: fue el villano cobarde en la ópera prima de John Huston El Halcón Maltés y el misterioso Urgante en Casablanca.
En la película de la política argentina -que desde hace años carece de regisseur- el papel del malo se lo dieron a Gildo Insfrán.
Sin ningún tipo de casting que lo haya seleccionado y por motivos que este artículo pretende dilucidar, el gobernador de Formosa desde hace 25 años, electo en siete comicios como máximo mandatario de su provincia con apoyos de entre el 60 y el 70 por ciento de sus coterráneos, se transformó en el villano perfecto para el establishment político, económico y mediático que se autodenomina “nacional”, pero atiende en inmediaciones del Obelisco (o de Puerto Madero).
La situación no es novedosa.
Pero se reeditó con vehemencia a partir de la implementación de un estricto control epidemiológico desplegado por la administración formoseña para evitar la propagación del coronavirus en la provincia.
 La metodología -que durante los primeros meses se mimetizó con la impulsada por el gobierno nacional, aunque paulatinamente fue mostrando diferencias de convicción para ser sostenida a lo largo de todo el año pasado- no es para nada simpática, pero le permitió a Insfrán sostener la curva de contagios y fallecimientos bien aplanada, a punto de no amenazar en ningún momento con el colapso de su sistema sanitario.
Las estadísticas hablan por sí solas.
Formosa es la provincia con menos contagiados y menos víctimas por millón de habitantes.
Desde que empezó la epidemia, hubo alrededor de 900 infectados. 
Y en total contabilizó solo ocho muertes. 
Solo a los efectos comparativos con otro distrito de similar cantidad de habitantes (aproximadamente medio millón), Neuquén tuvo alrededor de nueve mil contagiados y más de 800 muertes (o sea, diez veces más infectados y cien veces más cantidad de fallecimientos).
Tanto los férreos controles para traspasar sus fronteras, como el estricto tratamiento de las personas obligadas a aislarse en los centros comunitarios dispuestos a tales fines, generaron un sinfín de críticas, que tuvieron fuerte resonancia en las habituales campanas de la oposición tanto política, como mediática.
Pero esta semana el conflicto escaló bien alto.
Tras la detención de dos concejalas opositoras, Juntos por el Cambio pidió la “intervención federal” del distrito y sus máximos representantes nacionales llegaron a comparar los lugares de aislamiento con los centros clandestinos de detención de la dictadura.
Con la amplificación de varios grupos mediáticos mal llamados “nacionales” (bien podrían ser definidos como “AMBAcéntricos”), el escándalo se metió en la agenda de debate político, con solicitadas cruzadas entre partidos oficialistas y opositores, con el consecuente desfile de declaraciones en las clásicas “tribunas de doctrina”.
El gobierno nacional no minimizó las denuncias y envió a Horacio Pietragalla, secretario de Derechos Humanos, a inspeccionar las instalaciones denunciadas y entrevistar a denunciantes y denunciados.
Su conclusión era esperable: “se produjeron hechos aislados que merecen atención de las autoridades, pero de ninguna manera se puede hablar de violaciones sistemáticas y mucho menos de centros clandestinos”.

FORMOSA PARA LOS FORMOSEÑOS

James Monroe fue el quinto presidente de los Estados Unidos y su apellido trascendió más allá del cargo que le tocó representar, ya que se transformó en la denominación de una Doctrina, que puede sintetizarse con una frase: “América para los americanos”.
Elaborada en realidad por John Quincy Adams (quien fuera su Secretario de Estado y, posteriormente su sucesor), este postulado sostiene que cualquier intervención de los europeos en América sería vista como un acto de agresión que requeriría la intervención de los Estados Unidos de América.
La doctrina fue concebida por sus autores en 1823 como una proclamación por parte de los Estados Unidos de su oposición al colonialismo en respuesta a la amenaza que suponía la restauración monárquica en Europa y la Santa Alianza tras las guerras napoleónicas.
Formosa apostó a consolidar fronteras adentro el modelo político que comenzó a instrumentar a mediados de los noventa y los resultados obtenidos le permitieron al gobernador sostener los equilibrios necesarios como para revalidar la confianza de sus ciudadanos elección tras elección a lo largo de veinticinco años ininterrumpidos.
El secreto del sempiterno gobernador formoseño estriba en que jamás ambicionó una construcción por fuera de su territorio y priorizó la construcción de acciones tendientes a lograr el apoyo de su propio pueblo, antes que erigir una postulación de carácter nacional.
Sus ambiciones se centraron en perpetuar un proyecto provincial que lo trascienda, sin necesidad de dar el salto a la arena grande.
Insfrán mantuvo durante veinticinco años una relación equidistante con el poder central que le permitió sortear dificultades y mantener equilibrios en los momentos difíciles que le tocó atravesar a la Argentina.
Mantuvo buenas relaciones con los gobiernos peronistas y supo construir un vínculo sólido con los K, que lo identificaron siempre como un aliado capaz de encarnar una buena representación del modelo kirchnerista.
Paradójicamente, lejos de garantizarle una “pax imperia”, esa actitud pro-Formosa terminó promoviendo una sorda guerra de quienes veían en Insfrán el molde a romper para que a ningún otro gobernador se le ocurra intentar las transformaciones encaradas por este gobernador atípico y de perfil inexistente para los medios nacionales.

OPERACION FORMOSA

Aprincipios de 2010 cobró difusión nacional un conflicto entre el gobierno de Formosa y los integrantes de la comunidad Qom La Primavera, cuyo referente máximo era el cacique Félix Díaz.
Por entonces los medios de comunicación mal llamados nacionales hablaban de un “genocidio” en perjuicio de estos grupos étnicos, de la usurpación de sus tierras comunitarias, la violación sistemática de los derechos humanos y el incumplimiento de las leyes que protegen a los pueblos originarios.
El tema se judicializó en varias oportunidades e, incluso, llegó a la Corte Suprema de justicia. Pero, por diferentes razones, nunca prosperó.
Un par de años después, algunos programas de investigación de la televisión porteña empezaron a poner su mirada en la provincia de Formosa.
Con un claro eje crítico hacia la administración Insfrán, a lo largo de casi una década se sucedieron informes de “investigación” que siempre tenían al mismo núcleo duro de denunciantes.
Desde el programa que conducía Jorge Lanata, se armaron varias series de notas con eje en la problemática social de la provincia.
Según varias fuentes consultadas para este artículo, cada año se recurría al mismo staff de “productores” todos ellos provenientes de sectores de la política históricamente enfrentados con el peronismo provincial.
Informes como “Hambre de Agua”, por ejemplo, donde pretendía arrogársele al oficialismo local la responsabilidad de una sequía sin precedentes y el manejo discrecional del recurso acuífero; o aquel registro que “mostró” las supuestas “condiciones infrahumanas” en las que vivía otra comunidad aborigen periurbana –los Namqom- en inmediaciones de la capital formoseña; o el informe sobre las “escuelas sin paredes” en 2014, justamente en la provincia donde más escuelas por habitante se construyeron a lo largo de los últimos veinte años: 1.386 nuevo establecimientos educativos.
Luego sobrevinieron otras “investigaciones”: la historia de los “narcozapallitos”, la de los “votantes paraguayos” en cada elección y las más recientes, entre las que se destacan “los miles de formoseños varados queriendo retornar a su casa” y la de los “centros clandestinos de detección del Covid”.
Todas apuntan a lo mismo: mostrar la “crueldad” e “ineficacia” de la gestión insfranista.
Detrás de cada movida mediática con el mismo Grupo de siempre, aparece la oposición local frustrada por las amplias derrotas en cada elección, que eligen como forma de hacer política el armado de operaciones mediáticas a nivel nacional, tratando de generar programas y noticias en contra de Formosa, con el fin de debilitar al gobierno y obtener mejores resultados electorales, o directamente pidiendo la intervención federal de la provincia, como ya lo han hecho en varias oportunidades.
Recorriendo las calles de la capital formoseña el cronista puede tomar contacto con muchas fuentes que lo advierten sobre una situación casi inexorable: detrás de cada una de estas “operaciones de prensa” (como le gusta llamarlas al propio entorno de Insfrán), aparece el ex intendente radical Gabriel Hernández, condenado por corrupción, y los legisladores nacionales y provinciales de la oposición.
“Vienen a buscar mugre y cuando encuentran un caso, couchean a la gente para parcializar el impacto de sus respuestas, inventar situaciones u ocultar información real y a partir de ahí hacer las operaciones mediáticas a nivel nacional, siempre acompañadas por denuncias judiciales que llegan incluso hasta la Corte Suprema, siempre queda en evidencia la falsedad de los datos que presentan como realidad ante la opinión pública, es siempre la misma matriz”, confía a #PuenteAereo una fuente con acceso al despacho del gobernador.
Un cuarto de siglo después, el modelo formoseño sigue resistiendo los embates de un sector de la política que no comulga con un proyecto revalidado hasta el cansancio por las urnas y el sistemático y caprichoso bombardeo de ciertos grupos mediáticos capaces de encontrar un escándalo detrás de cada historia que sirva para socavar los cimientos del gobierno.
MF/
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