Los geniales Hermanos Ábalos, fueron inventores de tantas maneras de ser argentinos, y lo digo sin ser chauvinista.

FORASTEROS CULTURALES DE LA TIERRA NUESTRA

Por Pedro Patzer (FOTO)

Los Hermanos Ábalos consiguieron inventar algunas maneras de ser argentinos y argentinas. Desde burlarse de los periodistas enamorados de lo extravagante, que ante su regreso a Nueva York les preguntaban a estos hermanos santiagueños: “¿Y cómo es Nueva York?” y los geniales hermanos responden con: “Buenos Aires, tierra hermosa,/Nueva York, grandioso pago./Casas más, casas menos,/igualito a mi Santiago”

¿Los argentinos y argentinas, somos forasteros culturales en nuestra propia Tierra?

Por Pedro Patzer*

NAC&POP

27/01/2021

Confunden lo exótico con lo moderno, y sin querer, vuelven a ser, bufones animando el momento exacto en el que los reyes y sus cortesanos contemplaban a los indios llevados por Colón a España.

Bufones de su propia cultura, enamorados de lo “raro”, despreciando todo aquello que suene nativo.

 

Los geniales Hermanos Ábalos, que fueron inventores de tantas maneras de ser argentinos, y no me refiero al chauvinismo, y mucho menos al nacionalismo.

Aludo a la forma de comprender que el gran modo de ser argentinos y argentinas, es el de inventarse.

Pero no como estos enamorados de lo extravagante lo hacen, es decir, bautizando Palermo Soho, a un sitio que debiera llamarse Palermo Evaristo Carriego, Palermo Borges, o más atrevidamente, Palermo Rosas.

Me refiero a inventarse para sobrevivir, y nuestra cultura nativa, ha tenido que hallar la manera de romper su condena a ser invisibles, a la que los jueces culturales de la semicolonia la han sentenciado.

Decía que Los Hermanos Ábalos consiguieron inventar algunas maneras de ser argentinos y argentinas.

Desde burlarse de los periodistas enamorados de lo extravagante, que ante su regreso a Nueva York les preguntaban a estos hermanos santiagueños: “¿Y cómo es Nueva York?” y los geniales hermanos responden con: “Buenos Aires, tierra hermosa,/Nueva York, grandioso pago./Casas más, casas menos,/igualito a mi Santiago”

Es decir, invierten la analogía de la semicolonia cultural, que siempre parte del otro lugar: “Tal trovador es el Bob Dylan argentino, o decir que la vidala es el blues nacional o que Cosquín es el Woodstock argentino.”

Cosquín es Cosquín, no hay muchas analogías posibles.

Y es un ejemplo de esto de que la identidad argentina está en inventarse.

Cosquín era un pueblo destinado a los tuberculosos, allí iban a curarse o a morir, los que padecían esta enfermedad.

De hecho, “los sanos”, evitaban visitar esta comarca del Valle de Punilla.

Por lo que los coscoínos debieron inventarse algo para liberar a su pago de esa condena, de modo que el 21 de enero de 1961 sus habitantes cortaron la ruta nacional 38 construyendo sobre la misma un escenario de material.

Decidieron que había que hacer un festival de Folklore.

No sólo cambiaron la historia de Cosquín, hoy el festival más importante del país, sino que también modificaron la historia de la cultura popular argentina.

¡Qué huérfanos culturales seríamos si esos habitantes no se hubieran inventado a Cosquín!

Ellos lo volvieron a fundar culturalmente.

La única analogía que se me viene a la cabeza con Cosquín, es la de un pibe que nació en Villa Fiorito, que su familia comía salteado, que estaba condenado a la pobreza, y sin embargo consiguió inventar una leyenda de su vida llamada Diego Armando Maradona.

Es importante comprender cómo la cultura popular argentina es la que custodia las identidades nacionales, ese conjunto de invenciones que nos hacen ser nosotros y nosotras.

Los Hermanos Ábalos nos enseñaron a reconocer al quichua, dos de sus chacareras se llaman “Miski Mayu” (Río Dulce) y “Cachi Mayu” (Río Salado), ni que hablar don Sixto Palvecino y su gesta por ese idioma incaico; el universo guaraní abordado por artistas litoraleños que han descrito “El alma guaraní”, la cosmogonía mapuche, los cantos chamánicos del Chaco, y tantos asuntos que si no fuera por los artistas populares, y obviamente por los pobladores de esas culturas, estarían olvidados en tesis doctorales o libros que agonizan lentamente en anaqueles sombríos.

La Argentina le debe su Ser a la cultura popular, ni que hablar del tango y el folklore, pero también a artistas como la Mona Jiménez que nos ha contado una Córdoba a la que no teníamos acceso en otros lugares del país, del mismo modo la cumbia santafesina, el rock barrial en el conurbano: “Viejas Locas”, anunció la tragedia de pibes bonaerenses consagrados al paco.

Lo universal nos alimenta de muchas cosas necesarias, cuánto nos dieron Whitman, Shakespeare, Beatles, el cine, el teatro, la literatura, la música de tantos países.

Debemos disfrutar y aprender de ello, el gran problema es que sabemos más de ellos que de nosotros.

La mayoría de los argentinos somos ignorantes de la Argentina.

El proyecto cultural de la semicolonia ha conseguido que el argentino sea un forastero cultural en su propia Tierra.

Tenemos un desconocimiento tal sobre el país, que la mayoría repite que aquí se habla un solo idioma, que aquí casi no hay pueblos originarios, que Belgrano sólo fue el inventor de nuestra bandera (ignorando su papel en el éxodo jujeño, y tantas otras cosas más), que San Martín cruzó los andes en un caballo blanco (mas se sabe poco de su vocación por la Patria Grande).

La cultura oficial de la semicolonia ha hecho de nuestras genuinas culturas supersticiones, la aduana de la cultura la mira de reojo.

Cierta vez un gran poeta y trovador del folklore, me contó llorando que un periodista destacado se había burlado en un artículo de su peluca. Años después, se hizo un documental con la biografía de este artista, dicha película ganó un premio internacional de cine.

Resulta que el mismo periodista que había escrito sobre la peluca de dicho artista, lo llamó para invitarlo a comer a su casa.

El premio de un festival internacional de cine, había legitimado, ante los ojos de este periodista, a ese artista al que antes había humillado en un artículo.

Artista fundamental de nuestro cancionero.

En 1951, Homero Manzi, nos otorgó un camino para comenzar conocernos, a mi entender es el rumbo que debemos tomar para dejar de ser forasteros culturales en nuestra Tierra: “Alguna vez, alguien que sea dueño de fuerzas geniales tendrá que realizar el ensayo de la influencia de lo popular en el destino de nuestra América para, recién entonces, poder tener nosotros la noción admirativa de lo que somos.

Esta pobre América, que tenía su cultura y que estaba realizando tal vez en dorado fracaso su propia historia y a la que de pronto, iluminados almirantes, reyes ecuménicos, sabios cardenales, duros guerreros y empecinados catequistas ordenaron: “¡Cambia tu piel! ¡Viste esa ropa! ¡Ama a este Dios! ¡Danza esta música! ¡Vive esta historia!…

Todo lo que cruzaba el mar era mejor y, cuando no teníamos salvación, apareció lo popular para salvarnos.

Instituto de pueblo.

Creación de pueblo.

Tenacidad de pueblo”

PP/

N&P: Pedro Patzer, autor de los libros: «El Tahiel, el canto interior de la Argentina» y «Aguafuertes Provincianas»