Estamos más cerca de la pobreza de lo que creemos y los pobres son mucho más parecidos a los no pobres de lo que se pretende instalar.

BRILLANTE MAYRA ARENA: «LOS TRABAJADORES SON LOS QUE GENERAN EL EFECTO DERRAME»

Por Mayra Arena *

Estamos en una sociedad que nos enseña que los pobres siempre son los otros. El pobre es siempre el otro, el pobre es siempre el que duerme en la calle, es siempre el que duerme entre cartones, es el que pasa miserias espantosa y resulta que pobre es también aquel que transpira un poquito cuando le llega la boleta de la luz o del gas.

Por Mayra Arena

NAC&POP

18/01/2021

Hay muchas maneras de darte cuenta si sos pobre.

Si anduviste en transporte público en que conocés bastante bien el sistema es muy probable que estés más cerca de los pobres que del otro lado.

Si por lo general, hay un perfume de mujer, de Avon que se llama «Pasión Gitana», es perfume es un certificado de pobreza.

Hay un perfume de varón, los varones si para el cumpleaños les regalaron un perfume que se llama «Kevin», recontra pobre, no es ningún «Antonio Banderas» ni ninguna de esas porquerías, es el Kevin.

La verdad es que en realidad somos mucho más pobres de lo que creemos en general.

Estamos más cerca de la pobreza de lo que creemos y los pobres son mucho más parecidos a los no pobres de lo que se pretende instalar.

Pero como intento poner ahí que se ve gigante, la verdad es la primera vez que tengo una pantalla tan copada siempre tengo pantallas acorde con mi economía, no es solo cuestión de plata y no es solo cuestión de plata la pobreza.

Claramente, si fuera una cuestión de plata si salimos con un helicóptero a repartir plata entre todos los pobres ¿solucionaríamos la pobreza?

La verdad es que los pobres somos muchos, somos muy distintos, en este momento somos, según INDEC, 15 millones de pobres en Argentina así que mirá si no tenemos la oportunidad de ser variados, de ser distintos, pero para entender cuáles son los tipos de pobres me gustaría que arranquemos por el de más abajo, por el más pobre de los pobres y de por el que su pobreza no se solucionaría dándole plata, sino que dándole plata le generás un riesgo y un peligro.

El marginal ‒hubo una serie de televisión que se llamó «El Marginal», pero después vamos a hablar de esa serie‒, yo te hablo del marginal de la sociedad, el que está excluido, el que está en el fondo de la mierda, el que no tiene nada.

No tiene nada para dar, no tiene nada para él, no tiene capital socio-cultural, no tuvo familia o fue expulsado de su familia.

«El Marginal» está en una situación de vulnerabilidad absoluta porque está en un contexto, posiblemente, de adicciones o de violencia y sí o sí está en un contexto de exclusión, de algo queda fuera siempre el marginal.

Incluso, cuando se lo intenta incluir o tener en cuenta a la hora de tomar determinadas políticas queda fuera de otras cosas.

Hay cosas que ya no van a ser para los marginales, hay cosas de las que quedaron afuera y ya no hay retorno.

Cuando conocemos a personas que vienen de la marginalidad nos vamos a dar cuentas de que hay cosas en que no las vamos a poder ayudar.

Hay un enfoque multidimensional que hay que tener con el marginal porque no es solo una cuestión económica o educativa.

Hay un resentimiento profundo en el marginal por toda la mierda que tuvo que vivir que hace que lo más probable que, aunque vos lo quieras ayudar, él quiera herirte.

El villero bardero, el villero que siempre quiere armar bardo y que te agrede o te afana, o te bardea, o de alguna manera tiene que herirte.

Ese chabón está roto, ese sujeto está roto socialmente e incluirlo, económicamente, puede ser un peligro para él mismo.

Entonces, no podemos incluir, económicamente a algunas personas que están rotas si primero no intentamos sanarla.

Por eso es tan complicado el abordaje de la marginalidad.

Después estamos los que yo digo pobres de raza, y no tiene que ver con la cara de pobre que existe, aunque la gente diga: “‒No, no hay cara de pobre”.

Existe la cara de pobre.

Por ahí los progre te intentan decir: “‒No, no hay cara, no hay pinta de chorro”.

Existe la pinta de chorros.

Es una boludez decir que no existen ciertos patrones o que no tenemos ciertos prejuicios.

La realidad es que si vos vas solo caminando a la noche y te cruzás cierto pibe vestido de determinada manera, por más progre que seas, vas a agarrar fuerte el celular vas a decir:

“‒ ¡Ay! él no sabe que yo lo re apoyo, que yo también odio a la yuta.

(«No sabe que en las redes lo re banco, que no quiero que le peguen”).

Existe esa cara, pero no hablo de esa raza, yo hablo de los que somos pobres de segunda o tercera generación o más si vas para atrás.

Los que somos de esa raza, de esa cuna de pobreza sabemos ser pobres, es casi lo único que sabemos hacer y ser pobre es una cultura que se aprende, es una economía que se aprende, es una forma de vida que si vos no la conocés es muy difícil aprenderla como todo.

Los que nacimos en la pobreza conocemos desde chiquitos donde son los lugares donde podemos cirujear o pedir, o encontrar basura, si sos pobre sos ciruja, pero si no sos pobre y encontrás algo en la basura reciclás.

Bueno, como yo fui pobre, muy pobre siempre fui ciruja de alma, pero ahora que no soy pobre resulta que tengo conciencia ecológica.

Así que está re copado no ser tan pobre.

Esta economía, esta cultura de la pobreza, como se aprende de chico y es la única vida que algunos conocemos, no es tan dura, es una mierda, es horrible, pero como lo aprendés de chico y lo conocés de chico, no es tan dura para nosotros porque uno acepta la realidad en la que nace.

Uno aprende a asimilar la realidad en que nació.

De eso hablaba el panel de recién que estuvo muy interesante.

Pero arriba de los que fuimos pobres de raza está la clase baja-alta.

La clase baja-alta a mí me apasiona, es interesantísima.

Hoy, quizás, yo soy de clase baja-alta porque estoy entre los menos pobres de los pobres, pero la clase baja-alta tiene tres personajes, tres personajes principales, debe haber un montón más, pero dentro de los que venimos de la pobreza, cuando avanzamos un poquito, cuando tenemos un poquito más porque tuvimos acceso a un mejor trabajo, a una capacitación, a una formación universitaria y es como que salimos de ese cuadro de vulnerabilidad absoluta. Es como si tuviéramos dos opciones.

Cuando dejás de ser pobre la gente no dice. “‒Este se hizo de clase media”.

La gente dice: “‒Este es un negro con plata”.

Porque ser pobre es una cuestión cultural.

Entonces, como no es, solamente, económico, como les dije al principio, cuando tenés un mango se nota todavía más que sos pobre, o sea, se te nota a la legua que sos un pobre que ganó unos mangos.

Y ahí, al costadito de ser un pobre con plata, de ser un negro con plata, ‒yo uso mucho la palabra negro, si alguno se ofende lo siento mucho‒ al costadito del negro con plata hay un personaje peor, pero más divertido que es el piojo resucitado.

El piojo resucitado yo creo que es mi personaje favorito de todas las clases sociales en el mundo entero.

Es el pobre que por ganar unos pesos más, pobre, es como que te agarra una enfermedad y en Argentina no hemos descubierto la vacuna, pero tenemos científicos en el CONICET infiltrados buscándola, porque te agarra una enfermedad que te hace perder la memoria y no solo te hace perder la memoria, sino que también te afecta la vista y empezás a ver a todos más negros que vos.

Ahora son todos unos negros menos vos y encima que te perjudica la memoria, ese pobre con plata que se mudó, ‒tampoco es que se fue a vivir a un country se muda a dos cuadras en general, mucho más no puede irse‒ se olvida de tu cara, no te saluda nunca más, se olvida, completamente, que buscaba el mango con vos y vos decís: “‒Negro rasca ollas. Venías a casa a comerte todo y ahora ni saludás”.

«EL PIOJO RESUCITADO»

El piojo resucitado yo creo que es el personaje más claro de cómo tener un mango o tener un acceso mínimo a una cuota de poder, entre muchas comillas, te puede afectar el bocho muy mal.

Dentro de estos personajes de la clase baja-alta donde está el piojo resucitado o está el negro con plata, también hay otro personaje que no es tan divertido porque no viene de la pobreza viene de la clase media y en este momento tenemos cada vez más.

Son los empobrecidos.

Es la gente que tiene capital sociocultural, gente que tuvo una formación que tiene conocidos profesionales, que tiene capital incluso patrimonial, capaz que tienen su propia casa y, sin embargo, hoy pagan la luz, pagan el gas y no le queda un centavo a la semana.

El empobrecido, a pesar de que es el menos pobre de los pobres porque no vive ni situaciones de violencia, ni de marginalidad, ni de exclusión y porque tiene todo este capital que les contaba, sufre como un perro porque no sabe ser pobre, no sabe sobrevivir en la pobreza, no conoce esa nueva economía en la que cayó.

Esta clase baja-alta es así de diversa.

Hay muchos más personajes, hay muchos más tipos de pobres, pero esos yo creo que son los tres principales y dentro de esa clase baja-alta, y eso es lo terrible, tenemos un personaje de pobres maravilloso ‒que junto con el piojo resucitado es uno de mis favoritos‒ es el pobre anti-pobres.

El pobre que te dice: “‒Hay que matar a todos los negros de mierda”.

Todos sabemos que acá en Argentina ser negro no es una cuestión de piel, tenés Direc TV tu casa es de chapa sos negro, tenés celular no tenés revoque sos negro, vas al baile cobrando un plan de asistencia social sos negro, ser negro en Argentina es una unión de costumbres o un conjunto de conductas que te vuelven negro, el negro de la sociedad.

Cuando alguien pobre es anti-pobre y te dice que a estos negros hay que matarlos a todos, si viene de un cierto sector vos decía, bueno no conoce a un pobre, nunca vio a un pobre en su vida, es normal que sea medio bestia, pero en general esos comentarios vienen de gente pobre.

Gente que si te ponés a hilar fino tiene bastantes requisitos en esa limpieza caería en la volteada y no lo saben y nadie se los dice porque es bastante incómodo decirle a alguien: “‒Che, mirá que si viene un Bolsonaro vos caés en la misma”.

Yo laburaba enfrente de la Villa 31, me tomé un Uber hace una cosa de 20 días.

Me subo, un muchacho morochón, grandote, barba, ni bien me subo íbamos costeando toda la villa:

UBER:“‒A estos los agarro yo, una limpieza, no queda ni medio. A mí Bolsonaro no me ata los cordones ‒me dijo eso”.

Yo: “‒Mirá vos, sí, mirá yo no pienso lo mismo porque soy de un barrio muy parecido”.

UBER:-“‒Sí, yo también soy de una villa, ‒me dice‒ pero mi villa es de laburantes, esta es una villa de delincuentes”.

Creerse que uno es el único pobre digno, es el único pobre que se ha esforzado y que los otros no se esforzaron y que no hicieron lo suficiente es algo que te meten mucho en la cabeza para que odies a los otros pobres, para que te salves vos solo, para que seas un pobre anti-pobres y cuando ganes un mango seas un piojo resucitado.

“‒Acá no labura el que no quiere, si te lo regalo te saco la dignidad ‒esta está muy presente también‒ les gusta vivir así”.

Yo creo que no te puede gustar una vida que no conociste, no te puede gustar una vida que no conociste por una cuestión lógica que para que te guste algo tenés que conocerlo.

Cuando yo conseguí mi primer laburo limpiando pisos tenía 13 años, me lo consiguió una preceptora y me echaron a la semana porque arruiné un piso que costaba, en aquel momento 10000 pesos, en aquel momento 10000 pesos era una parva de guita.

Por qué arruiné el piso, porque no sabía limpiar, claramente, le tiré el producto directamente, se manchó todo, había que cambiarlo, no servía más.

Por qué la preceptora pensó que yo sabía limpiar pisos, primero porque era pobre, segundo porque era mujer, tercero porque es una profesión a la que nos dedicamos casi, tradicionalmente, las mujeres pobres, pero resulta que yo nunca había tenido piso, nunca había tenido piso, entonces cómo iba a saber vivir en un piso, de hecho, a mí me parecía una locura gastar semejante fortuna en tener un piso si sin piso vivías igual.

Entonces cualquiera me hubiera agarrado y me hubiera dicho: “‒Sos una india te gusta vivir así”.

Y sí, si es la única vida que conozco.

Entonces para dejar de decir: “‒Les gusta vivir así”, lo mínimo que tenemos que hacer es darle a esas personas la posibilidad de otra vida y si no la eligen ahí si podríamos decir: “‒Les gusta vivir así”.

Mientras no tengan alternativas no hay manera de decir: “‒Les gusta vivir así”.

No hay derecho a decirlo porque es la única vida que se conoce.

Pero dentro de todo esto que estamos viendo y de todo el odio que tenemos los pobres entre nosotros como el que tienen los no pobres hacia nosotros, yo creo que viene dirigido por el Ministerio de Cultura.

¿Alguien sabe quién es el ministro de Cultura?

Bueno, resulta que no tenemos porque no hay Ministerio de Cultura en la Argentina porque fue bajado a Secretaría, pero hay un Ministerio de Cultura que funciona.

DURAN BARBA

El Ministerio de Cultura está dirigido por Jaime Durán Barba es el mejor ministro de Cultura que ha tenido la Argentina en años, el mejor, el más efectivo.

Jaime Durán Barba te instala, a través de los medios de comunicación de las noticias, de las ficciones, de todo lo que uno pueda palpar o recibir te instala pequeñas verdades que pasan por sentido común y como suenan tan lógicas la gente después va a las casas y las repite, la gente después se junta con los amigos y las repite porque son pequeñas verdades que te meten en la cabeza que suenan tan bien que no pueden no ser verdad.

Te instalan desde este Ministerio de la Cultura, no solo que los pobres son pobres porque quieren, que hay que esforzarse, que si uno se esfuerza es posible, te instalan, además, cosas que te perjudican a vos mismo como trabajador, te instalan que un Gobierno no puede gastar más de los que tiene porque es como una empresa, te instalan que pagábamos muy poco de luz.

¿Y cuál es el problema con pagar muy poco de luz si sos el dueño de los recursos?

Te instalan cositas que poquito a poco te van haciendo creer que todo lo que ellos dicen es verdad y de repente estás defendiendo intereses de privilegiados a costa de esas pequeñas verdades.

Desde el Ministerio de la Cultura hay dos tipos de pobres que te van a dejar ver en la televisión, en las ficciones o en los noticieros.

POBRE BARDERO

El primero, es el pobre bardero, el pobre agresivo, el pobre peligroso, el pobre que te la va a dar, que va venir por vos o por tus hijos.

Ese pobre, el villero, el que está en cana o estuvo en cana o que va a estar es el que te instalan como el marginal como el que viene de una villa como que todos los que están en la villa son así y como en las cárceles se vive así, cuando en realidad en las cárceles hay una solidaridad y un compañerismo que en pocos lugares se ve, pero eso no viene al caso.

Además de esos pobres marginales, agresivos peligrosos para mí hay otro pobre que es el pobre heroico, el pobre héroe que para ir a la escuela cruza un monte inundado arriba de un caballo que tiene tres patas, y no come hace tres días, y va a la escuela con un maestro que no cobra el sueldo, pero da clases igual, ese pobre, cuando es una pobre es madre soltera trabajadora, solo vive para su hijo, no tiene vida privada, no conoce un hombre, solo vio uno para engendrar a su hijo y nunca más, es una virgen al servicio de su hijo.

Esos son los pobres que nos muestra la televisión.

EL POBRE «BUENO»

Pobres héroes que aceptan su lugar de pobres, que aceptan las reglas del juego o pobres agresivos que de alguna manera van a hacer correr peligro tu vida.

Como solo tenemos esos dos pobres es muy difícil que veamos al pobre como alguien parecido a nosotros, como alguien parecido al resto de la sociedad.

Es difícil que veamos al pobre como vemos a nuestros primos o a nuestros amigos.

¿Y saben qué?

Como lo vemos como alguien tan distinto, como lo vemos como alguien peligroso o como alguien que está muy lejos y que está salvando al mundo con su forma de vivir y de aceptar la pobreza, no hay manera de que replanteemos las reglas del juego, no hay manera de que exijamos que se termine la pobreza porque parece una cuestión que es ajena que no nos repercute, que no nos afecta.

Parece que la pobreza es un problema de los pobres y que los pobres, de alguna manera, son tan distintos a nosotros porque o son héroes o son delincuentes que, entonces no los vemos tan iguales, entonces por algo son pobres, por algo viven así, por algo están como están.

La verdadera clase media, en realidad, es gente con vivienda propia, esos son datos del INDEC –yo no me manejo con números duros-, pero tiene un salario promedio de 46000 pesos y tiene ahorro o colchón en caso de no poder trabajar.

¿Qué es ese ahorro o ese colchón?

¿Qué le pasa a un albañil si se quiebra el codo?

¿Qué le pasa a una señora que limpia si se le quiebra la pata?

Bueno, esa persona, la vulnerabilidad de esa persona, el riesgo de esas personas de bajar clases sociales es lo que no le da firmeza.

La verdadera clase media tiene firmeza, tienen todo esto que ven ahí (Muestra la pantalla), son tres requisitos que muchos que se consideran clase media no están ni cerca de tenerlos.

Ojalá lo tuviéramos todos, pero la realidad es que para ser clase media se necesitan mucho más cosas materiales de lo que pensamos.

¿Por qué nos sentimos clase media?

Porque, culturalmente, nos sentimos superiores a los pobres.

Y mientras tengamos pobres inferiores, cultural y educativamente, nos vamos a seguir sintiendo de clase media sin exigir acceder.

CLIC CULTURAL

Hay un clic cultural que hubo en mi vida y que hay en la vida de muchos pobres que permite que salgas de esa pobreza, que permite que rompas el círculo maldito y accedas a un mejor trabajo, a una mejor profesión, a una educación.

Por un lado está la cuestión cultural por otro la política desde el Estado y por otro la cuestión económica.

Como nosotros acá no somos el Estado ni tenemos grandes poderes económicos, lo único que nos queda es laburar la cuestión cultural.

Si, realmente nos interesa la pobreza y ustedes están acá a esta hora con el frío que hace, entonces yo creo que les importa un poco la pobreza y lo único que nos queda es el clic cultural.

¿En quién hay que hacer el clic cultural, solamente, en los pobres o también en los garcas?

¿Quiénes son los garcas?

LOS GARCAS

Los garcas no tienen clase social ni económica porque están en todos lados.

Hay garcas en todas las profesiones, en todas las clases sociales y en todos los ámbitos de nuestra vida nos cruzamos con algún garca.

Yo al garca le puedo hablar de pobreza días, le puedo explicar mi historia, le puedo contar lo horrible que fue pasar hambre, lo horrible que era cuando no nos podíamos dormir del hambre o cuando nos agarraba ese frío que te da el hambre que no se te va ni con todas las cobijas del mundo y no le va a importar.

Hay un clic que hay que hacerle a ese tipo que no lo vamos a lograr desde la sensibilidad nunca.

Yo ya acepté que no lo voy a lograr nunca, sería soberbio de mi parte creer que puedo cambiar la mentalidad de un garca porque el garca solo piensa en él y, con suerte, en sus hijos.

Entonces al garca vos lo escuchás y te dice: “‒No, yo ni en pedo pago impuestos, para eso tengo mi prepaga, yo quiero que mis hijos vayan al mejor colegio de garcas, (qué digo colegio de garcas, es en inglés, es el garqueti school) con los mejores hijos de garcas y que aprenda a ser garca, y en todo caso, me hago amigo de un garca y acomodo a mi señora y me paro de por vida”.

Esa es la mentalidad del garca.

En todos los estratos sociales siempre está tratando de sacar ventaja, siempre, no importa la clase social o económica.

Eso es lo que pasa por la mente de ese tipo.

¿Cómo convenzo a ese tipo de que la pobreza también lo afecta a él?

¿Cómo convenzo a ese tipo de que hay que erradicar la pobreza de este país?

Yo tuve una idea, como estos tipos solo piensan en sí mismos y no quieren pagar impuestos, y no quieren un hospital público, y no quieren educación pública tiene que haber manera de convencerlos pensando en sí mismos, pensando en ellos mismos, poniéndolos a ellos como protagonistas.

Entonces vos a un tipo de estos lo agarrás y le decís: “‒Sí, sabés qué, tu prepaga es la mejor prepaga, la verdad, quisiera ser como vos y pagarla y poder tenerla, pero sabés qué, necesitás un hospital público.»

Mirá que si no estos negros te pueden contagiar cualquier cosa y después no hay prepaga que valga.

Sí, es verdad tú vas al mejor colegio de garcas, tus hijos tienen la mejor formación con los mejores garcas.

Ojalá mis hijos pudieran ir allí, pero sabés qué, necesitás una escuela pública porque si no, la gente que está podrida de los paros y que no tiene tu nivel de garca en sangre, se esfuerza y se rompe el orto para que sus hijos vayan a ese colegio y va a perder toda la exclusividad, se te va a llenar de hijos de laburantes.

Necesitás una buena escuela pública para que los hijos de trabajadores estén ahí y vos estés tranquilo que tus hijos están en la exclusividad de los mejores garcas del país”.

Esa es la única manera de hacerle un clic cultural a los garcas.

De que entiendan que necesitamos educación y salud pública.

No importa por qué, no son esos los motivos que nosotros creemos, pero a ellos hay que hacerles creer que es por ellos, que es para protegerlos a ellos, para proteger su exclusividad en la salud y en la educación.

Y en cuanto a los pobres, también hay que hacer un clic cultural.

Cuando yo empecé a trabajar, mi primer buen laburo lo tuve a los 15 años y yo decía una mentira siempre, que yo tenía la secundaria, pero que me faltaban dos materias.

Esa mentira la dije durante años, incluso a gente a la que no tenía por qué mentirle, pero porque era una mentira que me la había creído yo y yo ya tenía la secundaria, pero me faltaban dos materias.

Y toda la gente como yo tenía a mi hijo, tengo a mi hijo de toda la vida, siempre tuve un hijo, prácticamente, como me veían a mí con mi hijito y yo decía que tenía la secundaria me decían: “‒ ¡Ay! ¡Qué bien! ¡Qué valiente que sos, la hiciste con él!”.

Y yo me re agrandaba “‒Sí, es verdad lo hice”.

Era mentira, pero me encantaba recibir esa adulación de decir: “‒Sos lo más por haber estudiado”.

Cuando entré a este trabajo bueno que tuve que cuidaba dos ancianos de 84 años, un matrimonio que hasta el día de hoy sigo teniendo en mi corazón y que ya no están, les dije: “‒No, pasa que yo tengo la secundaria, pero me faltan dos materias”.

“‒Y bueno, qué esperás para sacarla y hacer una carrera”.

Yo: “‒What? dónde están mis elogios por terminar la secundaria, dónde está el decirme que soy lo más grande que hay por haber hecho la secundaria con un hijo”.

Hay una subestimación del pobre y hay una costumbre de felicitarlo por cosas por las cuales no felicitarías a otro.

Ejemplo: Estás en un restaurante y viene un pibito a venderte o a pedirte puedes comprarle o no, eso es decisión de cada uno, pero le preguntás si va a la escuela, si sos más o menos, cómo te llamás, ¿vas a la escuela? que le decís: “‒ ¡Qué bien! Muy bien, tenés que seguir!”.

A nuestros hijos no los felicitamos por ir a la escuela.

Que vayan pendejo, es lo único que tienen que hacer.

¿Por qué subestimamos tanto a los pobres?

Por qué les ponemos la vara tan baja a los pobres.

Cuando a mí estos viejitos me dijeron: “‒Bueno, qué esperás para rendir y empezar una carrera”.

Nunca nadie me había dicho qué esperás para empezar una carrera, nadie, no se me había cruzado por la cabeza la idea de que yo podía hacer una carrera.

Era terminar el secundario, aquello que nadie en el barrio lo lograba y que yo por decir que lo había logrado, que era mentira, ya me creía lo más grande que hay.

Y como todos me mantenían esa vara así de baja nunca la subía.

Cuando nosotros éramos chiquitas con mi hermana que salíamos a pedir en las casas copadas nosotros decíamos: “¡Guau mirá esta casa!

Ojalá algún día vengamos a limpiar acá”.

Esas eran nuestras aspiraciones, trabajar en una de esas casas.

Estos viejitos que yo cuidé que me cambiaron tanto la vida, cuando mi hijo era chico, el viejo amaba la arquitectura, era un viejo de esos cultos que saben de todo, y me mostraba revistas de arquitectura me decía: “‒Mirá, esta casa va con vos.

«Esta casa, esta es tu estilo”.

Yo nunca había soñado tener una casa, tener una casa de material, yo ya tenía mi casa, mi rancho, nunca había soñado tener una casa como las que se ven en las revistas o en las películas y nunca nadie me había subido la vara.

Entonces si verdaderamente, creemos que sería mejor una sociedad sin pobreza, además del Estado tratando o construyendo más escuelas, más caminos, dignificando a la gente a través de la obra.

La gente cuando tiene asfalto pinta la casa, la gente cuando tiene un transporte público mejor, se viste mejor, la gente cuando la tratás como una persona se comporta como una persona.

A través de la economía, si tenemos buenos salarios los trabajadores, generamos un efecto de derrame porque los trabajadores tenemos tantas necesidades que compramos todo lo que se nos había roto, compramos cosas.

¿No les pasó alguna vez que estuvieron sin laburo un tiempo y cuando volvieron a laburar tenían tantas cosas para comprar cuando cobraran que ya ni habían cobrado y ya se habían gastado toda la guita?

Es como cuando decías cuando cobre voy a comprar esto, voy a cambiar esto que se me rompió hace 50 años lo voy a arreglar, me voy a comprar un pantalón, me voy a comprar esto.

Los pobres consumimos y los trabajadores, teniendo salarios dignos, generamos un efecto de consumo que genera producción, y que genera trabajo, y que genera industria.

Entonces los pobres accediendo a trabajos bien asalariados, generamos riquezas.

Pero como nosotros no tenemos ni poder de hacer obra pública para que los pobres se sientan mejor, ni de generar economía para que tengan mejores salarios, lo único que nos queda es el clic cultural, ese que hace que convenzas a tus conocidos de que sin pobreza estaría mejor y el que hace que convenza a un pibe o a una piba, o a un flaco, o una flaca, que es pobre, de que puede superar las expectativas que ni siquiera tiene, de que puede soñar con algo que siempre pensó que era para los otros.

Esa semilla los únicos que la pueden plantar son ustedes.

Y esa semilla si ustedes logran implantarla, como a mí me la implantaron estos viejitos que hoy llevo en mi corazón, esa semilla no la mata nadie.

MA/