A partir de la frase sobre el Frente de Todos y la revolución, que el presidente Alberto Fernández le dijo a Eduardo Van Der Kooy en una entrevista para Clarín

HABLANDO DE REVOLUCIÓN

Por Rodolfo Hamawi (FOTO)

El Gobierno Nacional trabaja denodadamente por defender la salud y la mesa de los argentinos. Son sobrados los hechos que lo definen como un gobierno popular, que ha recibido desde sus primeros días el acoso del poder económico, mediático y judicial. Poniendo de manifiesto, una vez más, que la oligarquía vernácula no pacta. Aunque tengan cosechas y precios record, no están dispuestas a resignar nada en pos del bien común. Siempre van por todo, ganancia y poder.

 

 

Por Rodolfo Hamawi

La Tecl@ Eñe

Buenos Aires, 13 de enero de 2021.

“La idea de la revolución fue una de las grandes mitologías de las últimas dos centurias  y media. Nadie es dueño de la vida o de la muerte de la revolución, ni de si en la auscultación de los latidos de la revolución alguien  escucha todavía algo o nada”

Nicolás Casullo, La revolución como pasado

En una reciente nota del columnista de Clarín, Eduardo Van Der Kooy, se menciona una frase de Alberto Fernández, no sabemos si fue parte de la entrevista, un off o un comentario al paso. Pero en apariencia la frase fue dicha: “hay gente en el Frente de Todos que sueña con una revolución. No es mi idea”. Aquí empieza el problema sobre las palabras y su significación.  Vayamos a un viejo diccionario de la Real Academia en el que encontramos algunas definiciones que pueden orientarnos en esta reflexión: “Cambio violento de instituciones políticas de una nación”. Esta definición nos lleva a las imágenes de la toma de la Bastilla en Francia, el Palacio de Invierno en Rusia, o la Sierra Maestra  Cubana. Esta manera de entender la revolución, tan presente en el siglo XX, no creo que genere “soñadores” dentro del  Frente de Todos. Estaríamos preocupándonos por un Fantasma que ya no recorre el mundo.

Otra definición del diccionario nos dice: “Mudanza o nuevas formas en el estado o gobierno de las cosas”. Aquí la cuestión se complejiza, se abren nuevas opciones, ser revolucionario no significaría sólo cambiar con violencia las instituciones, se trataría de modificar el estado y  gobierno de las cosas. Pero, ¿qué le daría el carácter de revolucionarias a esas modificaciones?  Su tiempo histórico. Algunos ejemplos: en 1974 la pobreza en el Gran Buenos Aires rondaba entre el 6 y el 8 % y si bien era un problema, lo revolucionario  pasaba por la discusión sobre la dependencia, las condiciones laborales, el control de los trabajadores sobre las empresas. El golpe liberal y asesino del ´76 destruyó ese modelo de sociedad equilibrada que iba por más. Hoy luego de cuatro años de un nuevo experimento neoliberal  y de la pandemia, el nivel de pobreza en el GBA ronda el 50 %. Con una crisis alimentaria que obliga a millones de compatriotas a comer en comedores comunitarios o por la entrega de bolsones de comida. Enfrentar esta catástrofe requiere “nuevas formas en el estado o gobierno de las cosas”. Requiere de políticas revolucionarias como lo fueron la estatización de las AFJP o la Asignación Universal por Hijo.

El Gobierno Nacional trabaja denodadamente por defender la salud y la mesa de los argentinos. Son sobrados los hechos que lo definen como un gobierno popular, que ha recibido desde sus primeros días el acoso del poder económico, mediático y judicial. Poniendo de manifiesto, una vez más, que la oligarquía vernácula no pacta. Aunque tengan cosechas y precios record, no están dispuestas a resignar nada en pos del bien común. Siempre van por todo, ganancia y poder. No habrá destino para nuestra democracia si no somos capaces de generar los consensos sociales, previos y no defensivos, para impulsar medidas  que permitan al Estado regular ganancias extraordinarias, estabilizar los precios de los alimentos y destinar nuevos recursos a rescatar a amplios sectores del pueblo de la pobreza y la indigencia. A estas políticas las podremos llamar revolucionarias, reformistas, radicales o peronistas, sabiendo que implicarán un ineludible enfrentamiento con el poder real. Para eso además de los consensos sociales, será impostergable definir hacia dónde vamos y contra quienes peleamos.  Sin un discurso que defina los campos y una épica  que proponga dar peleas, aún sin garantías de triunfo, será muy difícil lograr la movilización popular que sostenga nuestro Gobierno.

Una última definición del Diccionario dice: “acción o efecto de revolver o revolverse”. Interesante manera de decirnos que la política es tiempo en movimiento y que los políticos que realmente tienen una mirada estratégica saben cambiar o “revolverse” cuando las nuevas condiciones así lo imponen. La existencia del Frente de Todos y su unidad es una muestra de esa capacidad de transformación.

En un país devastado por los neoliberales y los virus, nos toca nuevamente la reconstrucción. La cuestión no es entre revolucionarios o no, o entre apresurados y retardatarios. Sino en el de consolidar un gobierno que construya  poder popular para una patria de iguales.

 

*Decano del Departamento de Humanidades y Artes de la Universidad Nacional de Avellaneda (UNDAV) y exdirector nacional de Industrias Culturales.