Desde el momento en que Donald Trump manifestó su decisión de resistirse a dejar el gobierno de los EE.UU., un coro de “esclavitos mentales” del periodismo argentino se han mostrado horrorizados

DEMOCRACIA DE LOS EE.UU: ¿CUNA Y EJEMPLO?

Por Jorge A. Benedetti

Uno de los primeros en expresar su lagrimeo por esta actitud, fue el ultra macrista vergonzante, Maximiliano Montenegro, pero rápidamente fue imitado casi al unísono por sus congéneres. Montenegro hablaba de los EE.UU., calificándolo como la cuna y más perfecta democracia del mundo. Cuando en realidad no es ni lo uno ni lo otro.

 

 

 

Por Jorge A. Benedetti

Primero la Patria

12 de enero de 2021

 

Desde el momento en que Donald Trump manifestó su decisión de resistirse a dejar el gobierno de los EE.UU., un coro de “esclavitos mentales” del periodismo argentino se han mostrado horrorizados por la afrenta que significaba esta decisión para la democracia norteamericana y del mundo.

Uno de los primeros en expresar su lagrimeo por esta actitud, fue el ultra macrista vergonzante, Maximiliano Montenegro, pero rápidamente fue imitado casi al unísono por sus congéneres.

Montenegro hablaba de los EE.UU., calificándolo como la cuna y más perfecta democracia del mundo. Cuando en realidad no es ni lo uno ni lo otro.

Uno de los argumentos esgrimidos es que en los EE.UU. nunca hubo un golpe de estado, sin recordar que quienes no se alinearon con los grupos de poder dominantes, desde Abraham Lincoln hasta John Kennedy, rápida y ejemplificadoramente fueron asesinados.

Establecidas estas reglas del juego, qué necesidad hay de hacer un golpe de estado si todos saben cuáles con las consecuencias de apartarse del camino fijado por los verdaderos dueños  del poder.

Pero – con independencia de estas minucias – pareciera que ninguno de estos muchachos recuerda que solo desde 1965 se habilitó de manera real el voto de los ciudadanos negros (eufemísticamente llamados afroamericanos), derecho que aún hoy se practica muy limitadamente.

No nos olvidemos que para votar en los EE.UU. hay que inscribirse en un registro especial y que estadísticamente está demostrado que, en proporciones considerables, son los sectores más pobres de la población son los que menos se inscriben. De más está decir que la inmensa mayoría de los pobres son los negros y los latinos.

Pero, por otra parte, debe recordarse que la Constitución de los EE.UU. establece claramente que al presidente no lo elige el voto popular, sino los representantes de los estados que componen la unión (si bien los estados han decidido elegir sus representas mediante el voto).

Este mecanismo hace que, como sucedió reiteradamente (por ejemplo en la elección de George Bush y de Donald Trump) el número nominal de votos emitidos por el presidente electo fuera inferior al del candidato derrotado. Ni hablar de la elección de G. Bush en el año 2.000 con el escandaloso fraude del voto electrónico en la Florida, que la Suprema Corte  resolvió favorablemente a este, solo una vez que el candidato manifestó públicamente que el entonces presidente de la Reserva Federal, Alan Greenspan, permanecería en su cargo,

En definitiva y para no hacer muy largo este racconto, la mayoría de los presidentes de los EE.UU. son electos con el voto de menos del 25% de los electores potenciales, dado que normalmente vota a lo sumo un 50% del electorado y que el resultado o  es parejo o hace que el perdedor en número de votos tenga mayor cantidad de electores en el Colegio Electoral.

Un último dato es el conocido accionar de los lobbies, institucionalmente legalizados para la resolución de las leyes en el parlamento y la conocida acción de los sectores de la mafia en el mismo ámbito, para no hablar de que gana las elecciones quien tiene mayor recaudación obtiene para financiar la campaña.

Por último, y si bien está lejos de mi intención defender a Trump, destaquemos que, si bien alentó varios golpes parlamentarios (o similares) en América Latina, como suele suceder con los belicosos de palabra, no desató ninguna guerra, para desagrado del complejo militar industrial y que la censura que le fue impuesta en las redes sociales, no parece muy democrática que digamos, con independencia de la razonabilidad o no de las manifestaciones del buen hombre.

Conclusión ¿de qué democracia modelo hablamos?