La verdad estoy preocupado. Me tiene mal algo que no es nuevo, pero veo que se agudiza: ¡La colonización pedagógica!

TRUMP ES DE DERECHA ¿Y BIDEN?

Por Toto Ballestri

Walter Formento y todo el grupo vienen hablando de la existencia de una puja de proyectos que en 2007, si mal no recuerdo, decidieron mandar a la quiebra a un gran banco de actuación planetaria y ocasionaron un crisis pavorosa. Bueno, lo ocurrido ayer no es más que una nueva etapa de esa puja de proyectos de dominación globales.
Y léase bien ¡Proyectos de Dominación Globales!

 

Por Toto Ballestri

Formación Política

N 1 del año 2021 *

 

PALABRAS DEL COMPAÑERO TOTO BALLESTRI

 

La verdad estoy preocupado.

Me tiene mal algo que no es nuevo, pero veo que se agudiza: ¡La colonización pedagógica!

Con ese concepto en inolvidable Jauretche describía la adopción por nuestro pueblo de pautas culturales eurocéntricas. Una de las más complicadas en nuestra América es la categorización de la política en izquierdas y derechas, en progresistas y conservadores. Me jode la utilización confusa de estos términos que pueden inducir a comportamientos equivocados en la distinción de aliados y confrontantes.

Antes de ayer me entere por la radio de los sucesos ocurridos en Estados Unidos donde afloró una vieja “grieta” (vamos a copiarle el término a los medios del sistema) que se viene dando en “el gran país del norte”.

Walter Formento y todo el grupo vienen hablando de la existencia de una puja de proyectos que en 2007, si mal no recuerdo, decidieron mandar a la quiebra a un gran banco de actuación planetaria y ocasionaron un crisis pavorosa. Bueno, lo ocurrido ayer no es más que una nueva etapa de esa puja de proyectos de dominación globales.

Y léase bien ¡Proyectos de Dominación Globales!

Ese mismo día por la noche vi un experto en Política Internacional hablar de la “derecha” (por Trump) y me quedé pensando ¿Y Biden que es? ¿izquierda?

Ayer en una radio “compañera”, en el pase del programa de la primer mañana a la media mañana, otra vez volví a escuchar la afirmación sobre las turbas “trumpeanas”. ¡Ésta es la derecha! Y perplejo pensé “¿y Biden donde?”. Estaba pensando eso cuando el conductor del programa aclaró “¡la extrema derecha!” y entonces me dije “¿ah, habrá una derecha extrema y otra moderada?”.

Entonces, la dicotomía de buenos y malos, de izquierda y derecha se amplió: hay malos ultra malos y otros que no lo son y hay buenos ultra buenos y otros que no lo son ¿será así?.

Para mi hubiese sido más simple reconocer que hay dos propuestas imperialistas que utilizan distintos instrumentos de opresión, pero que en el fondo no es más que eso. Variante de procedimientos basados en dos proyectos políticos que confrontan en la estructura hegemónica del poder por imponer proyectos, pero que desde nuestra visión sudamericana en ningún caso significa algo bueno.

Y en ese momento caí otra vez más en lo limitado del esquema de derechas e izquierdas europeo para catalogar dispositivos estratégicas de fuerzas políticas. Pensé en ir a buscar algún texto de referencia para consolidar mi crítica, pero me llevaría mucho tiempo

La colonización pedagógica se traduce en ese esquema mental dicotómico. Este reduccionismo del análisis fue el que llevó a Mao a plantear contradicciones principales y secundarias y, ahora, está obligando a crear nuevas categorías de derechas y varias categorías de izquierdas.

El análisis dicotómico pudo ser apto hace 50 años atrás cuando el análisis marxista se impuso culturalmente en toda Europa, en un mundo bipolar que miraba la realidad política en esos términos. Desde esas simplezas, en el marco cultural de la bipolaridad era tolerable discernir estrategias de alianzas y confrontaciones según sean buenos y malos.

Pero el mundo cambio y con la dinámica de la evolución histórica el esquema fue perdiendo vigencia. Hoy pareciera que marcha hacia una multilateralidad caracterizado por un montón de conflicto diversos que dan lugar a decisiones transitorias. Hoy puedo aliarme con alguien y mañana confrontar con ese. En este contexto, el esquema dicotómico no sirve.

Pero esta cuestión de análisis en el marco de la política no es nueva. Ya en aquellos tiempos (50 años atrás) pensadores como el argentino Rolando García o el francés Edgar Morín, por citar quizás los más conocidos en nuestra tierra, nos advertían que la complejidad del mundo exige otros mecanismos de análisis. Desde ese tiempo ellos ofrecieron el método de los sistemas complejos.

Pues bien. Sepan que Trump y Biden expresan proyectos diferentes y métodos particulares que son formas de expresar el poder. Toffler reconoce tres fuentes del poder: la fuerza, el dinero y el conocimiento. Tump es partidario de la fuerza y usa el garrote. Es bruto (el Jauretche del medio pelo hubiera dicho “como corresponde a su clase empresarial, es guarango” y todo su grupo es guarango), mientras que los globalizantes de Biden va más a la técnica de inducir un comportamiento. Claro, que si no aceptas la inducción, te mandará el garrotazo, como también corresponde a todo imperialista. No me olvide, ambos no tienen prurito en usar el dinero y ambos lo tienen en cantidad suficiente como para quebrar algunas personas de convicciones flojas.

Lo que se puede ver en la tele y en la radio, donde en boca de reconocidos periodistas de medios afines acusan de ser de derecha a Trump y la turba que asaltó el capitolio no sirve, porque induce a pensar que Biden es de izquierda y por ello mismo lo deberíamos apoyar.

No. Trump y Biden, aun reconociendo proyectos distintos, desde los intereses populares y nacionales, son lo mismo y lo que puede cambiar es la forma de una relación que debemos sostener.

Que los norteamericanos arreglen su quilombo como puedan (y si no lo hacen, se puede pedir a las Naciones Unidas que declaren a Estados Unidos “estado fallido” y luego disponer su invasión para garantizar derechos en el marco de una “crisis humanitaria (ayer en el capitolio murieron 4 personas). Son los mismos argumentos que se utilizaron para invadir Haití, Libia o Siria dentro de la larga lista de países invadidos.

Nosotros, estratégicamente, debíamos prepararnos en un doble escenario. Si viene Biden, como parece que los hechos lo indican, a lo mejor se descomprime algo la presión de la embajada. Significaría que por algún tiempo la Pato y sus secuaces y los medios informativos que le responden y los jueces que reciben las sentencias escritas y su única tarea es firmar, quedaran por algún tiempo sin dirección. Y ojalá ocurra, aunque lo dudo.

Pero sepamos que con Biden vuelve la globalización (como interpretación ideológica del fenómeno real). Pueden volver a intentar un ALCA o a reflotar el famoso “tratado del Pacífico” (recordar que cuando Mauri asumió, no se cansó de hablar de él hasta que Trump lo hundió de un plumazo. Mauri estaba preparado para aplicar las políticas de libre cambio de la globalización y lo hizo en un mundo que Trump había cambiado y comenzaba una batalla comercial con China).

Estas estructuras de libre comercio con países centrales son trágicas para nuestra industria y sin industria no hay trabajo de calidad. En ese marco perdemos viabilidad como país y nos quedan dos alternativas: reducir la población a la mitad o bajar toda la legislación laboral para transformarnos en una factoría semi esclavista como algunos países orientales).

Si hubiese continuado Trump estamos expuestos a la posibilidad de un conflicto global por lo  impredecible, o a la continuidad de las políticas desestabilizadoras de garrote, pero la globalización quedaría enterrada para siempre como proyecto económico y político.

Es posible que su guaranguismo nos asusta un poco. Que el botón atómico este en manos de un sujeto poco predecible no es buena cosa, pero no pensemos que con Biden (que no es de izquierda) se termina esta política de garrote.

Después de algunas aventuras bélicas lejanas donde no les fue bien, los Estados Unidos decidieron concentrarse en su patio trasero al que habían descuidado y, donde con la paciencia y el silencio típico de su raza, se les estaban metiendo los chinos.

Fue entonces cuando comenzaron su estrategia de golpes blandos y elecciones amañadas que habían probado en otros lugares. Volvieron a tener una actividad importante armando fuerzas políticas afines, presionando (o coimeando con viajes y congresos) a jueces y fiscales para que firmen recomendaciones y sentencias que les alcanzan los “servicios”, que casi siempre les responden y coordinando un grupete de medios que por sus propios intereses están en contra de los intereses del Pueblo y tienden a responder a las embajadas.

Esta nueva alianza de fuerzas, que se presenta en todos los países, viene a reemplazar los viejos golpes de Estado y los gobiernos militares subordinados.

Pues bien, esa política de derrocar gobiernos por golpes palaciegos (blandos), de acusar de corruptos con causa o sin ella (en este caso se arma) a políticos que antes acusaron de “populistas” para meterlos en cana con el respaldo mediático y la decisión de jueces que son los verdaderos corruptos no es de ahora, tiene toda un historia.

Sus inicios los podemos ubicar en 2009 con la destitución de Zelaya en Honduras. Como les fue bien, decidieron replicar primero e institucionalizas después ese accionar.

Quiero recordar que meter en cana un político y después proscribirlos quitándoles los derechos civiles comenzó como prueba en el 2009 y se institucionalizó en una reunión que el Departamento de Estado organizó en Atlanta, allá por el 2012.

En ese tiempo, de los primeros golpes palaciegos y la reunión de Atlanta; el presidente no era la “bestia” de Trump, sino el civilizado de Obama.

Los demócratas, que no son de izquierda y nunca lo fueron, (recordar que justificaban la esclavitud en el último país que la abolió), son lo que decidieron esas políticas de las que después se sirvió Trump. Vale recordar que el electo Biden era el vice que avalaba ese accionar.

Los periodistas en cuestión, ayer hablaban del fracaso de Obama y de que había defraudado expectativas. Se equivocan porque aplicaron la dicotomía y quedó de izquierda y nunca lo fue.

Frente a Trump tenía que preocuparme que no me agarre con el garrotazo, pero los Obama, las Clinton y los Biden son mucho más sutiles, aunque el resultado, para nosotros, es el mismo.

Y al respecto de estas políticas que vienen de Obama y que Trump les dio un tinte de irracional, quiero recordar un reportaje que le hicieron en C5N a Echegaray (ex director de la AFIP) y uno de los que padeció la persecuta periodística, judicial y carcelaria del macrismo, ordenada por la embajada.

En ese reportaje dijo que ahora había algo bueno: “no nos matan”. Y quizás sí, es preferible que me manden en cana y me declaren “un muerto vivo” (porque después pierdo todos los derechos ciudadanos) a perder la vida. Eso es lo que ocurre con Correa en Ecuador, con Lula en Brasil y con Boudou y otros presos políticos en Argentina ¿se animaran con Cristina?

En síntesis, hermanos y compañeros argentinos, no vamos a un gobierno afín en los Estados Unidos.

Con Biden cambia el método y el proyecto. Es posible que en lo inmediato sirva pues puede descomprimir un poco. Pero con el proyecto económico político vendrán tiempos complicados. Volverán con la ideología neoliberal sin garrote, presentándola como la única y posible salida en el marco de la globalización, cuya consecuencia ya expliqué y que en verdad dudo de su éxito.

Espero que nuestro gobierno haya hecho una lectura estratégica de la cuestión (y no lo haya visto en términos de derecha e izquierda) y no pensemos, como dicen algunos periodistas, que Biden es “progresista”. Espero que tengamos pensadas políticas adecuadas para cada escenario que pueda venir, sabiendo que lo que se eligió es un nuevo emperador de modales más suaves, pero con un proyecto económico también antagónico a nuestras pretensiones de integración soberana y justa al “universalismo”.

Espero que también hayan comprendido (sin izquierdas ni derechas) que el mundo evoluciona hacia una nueva estructura hegemónica de poder que nos bipolar y presenta muchos y variados grises y sepamos ocupar los lugares más adecuados para nuestra búsqueda de la felicidad del Pueblo y la grandeza de la Nación.

Por hacer un parangón histórico, digamos que la salida de Calígula no impidió la caída de Roma, porque como decía el General, “¡se pudren por la cabeza”! ¡Y yo estoy sintiendo olor a podrido!»

Toto Ballestri

* de la Agrupación Soberanía Nacional y del Frente Patriótico de Mujeres de La Plata, Berisso, Ensenada (y Región Capital)