Las columnas "especiales" del escritor y periodista de "Yendo de la cama al Living"

NI SIQUIERA EN BELÉN SE CELEBRÓ ESTA COVIDAD

Por Luis Soto

Según en qué situación personal nos encuentre la fecha, de la mano del inevitable balance de fin de año la Navidad suele ofrecer rima fácil con soledad.


Por Luis Soto
NAC&POP
27/12/2020

Según en qué situación personal nos encuentre la fecha, de la mano del inevitable balance de fin de año la Navidad suele ofrecer rima fácil con soledad.

En esta ocasión, y por encima de situaciones personales, la suma de soledades y muertes originadas por el corona virus ahogó la fiesta de infinidad de millones de fieles cristianos que se reúnen a celebrar el nacimiento de su

Señor, milagroso fruto de la cavidad más fecunda y preciada de la mujer.
Navidad, cavidad, soledad, cadena de rimas.

La versión última, todavía fresca de la Navidad fue presidida por un fenómeno que curiosamente aporta otra rima antes nunca conocida.

Acabamos de apreciar cómo pasaba la Covidad 19/20.

Como en las apariciones iniciales del cometa Halley el virus desnudó el profundo estado de vulnerabilidad física y mental del ser humano frente a los más agresivos fenómenos que se atribuyen a las «viarazas» de la naturaleza.

El poder de la Covidad no respetó, siquiera, el sagrado santuario de Belén, en la castigada tierra de Palestina ocupada por Israel desde 1967.

Después de muchos años – los antecedentes corresponden a períodos de guerra – no fue habilitado el acceso al pesebre.

El mundo del cristianismo debió ajustarse a las limitaciones provocadas por los sucesivos rebrotes y el incontenible crecimiento de la pobreza y la indigencia.

Como ejemplo vamos a detenernos en el caso de Silvia M. y Rodolfo R.

Ambos tienen poco más de 70 años y se conocieron en enero pasado.

Ella es psicóloga, viuda, madre de Adriana y abuela de Juli.

Él está divorciado, es sicólogo y comerciante.

Con la debida antelación Juli lanzó la convocatoria: el 24 se vienen todos a casa.

Detrás del envite saltó la recomendación: no traigan nada.

Hace unos años Juli se casó con un empresario, Jorge, nació una niña, Eva, de singular belleza y lucidez, y se mudaron a San Isidro.

Viven en una casa con amplio jardín, escenario obligado de la reunión.

Fiel a su estilo Silvia no hizo caso y preparó tres pollos en escabeche.

Por suerte el virus ignoró a la familia, comentó Juli.

Dentro de la normalidad ambiente todo seguía su curso normal hasta el lunes 21.

Ese día el virus no sólo dejó de ignorarlos, le dedicó una incursión individual a Jorge.

Covid 19 para uno.

Adriana había ido el domingo a ver a Eva y estuvo charlando con el infectado.

Y hubo más.

El mismo lunes acompañó a elegir unos regalos a Silvia, que esa noche se quedó a dormir en lo de Adriana.

El martes se confirmó el contagio de Jorge y ahí arrancó la alarma. Juli encabezaba el ranking de candidatas al contagio, la escoltaba Adriana y a través suyo se perfilaba Silvia.

El único que zafaba de la ramificación era Rodolfo.

Asamblea familiar por zoom y se acordó esperar una semana para comprobar si surgían los síntomas típicos.

Hebe se aisló en el departamento de su otra hija y Rodolfo no se movió de su casa.

El período de prueba vencía el domingo 27.

La fuente con los pollos descansa en el freezer.

Bruscamente echaron a andar una serie de flamantes soledades.

La noche no fue buena, la enmerdó el virus, sentenció Juli.

El 24 Rodolfo se acostó antes del presunto tronar (ausente con aviso) de cohetes, cañitas voladoras y rompeportones.

La mañana siguiente se largó temprano a caminar al parque Centenario.

Al rato les envió un e-mail a sus frustrados compañeros.

«A las 8 y cuarto habrían tenido que cambiarle el nombre al parque y llamarlo Tchaicovsky: aprovechando que los paseantes de todos los días habían adherido a la cuarentena y el consumo de alcohol, no precisamente en gel, una flota de veintiséis cisnes recorría el lago.

Sobre los canteros de césped registré que dormían once varones, sólo uno tenía los pies limpios.

“A las 10 me interné de nuevo en la catacumba», sintetizó su crónica.

Relación en lento progreso llamó a Silvia y le preguntó qué iba a hacer.

¿Y vos?, llegó el rebote.

Voy a leer a un autor olvidado, pero que en este momento es de imperiosa actualidad, por su nombre y la novela del Sputnik.

¿Quién es?

Bakunin, dijo Rodolfo.

Para que por lo menos sintonicemos la misma onda yo también me engancho con un libro, pienso en fábulas, ¿que te parece?

Bien, ¿y el autor?

Silvia devolvió la humorada.

Tal como viene la mano seria irreal, y hasta ridículo, no elegir las fábulas de Hisopo.

Telón pestilente.

Hasta la vacuna siempre.

LS/