Las fuentes doctrinarias que dieron base al ideario de Perón, se encuentran en la Doctrina Social Cristiana y en el Sermón de la Montaña.

EL PERONISMO NUNCA

Por Ignacio Cloppet

Estamos atravesando un momento crucial. Alberto Fernández elevó un proyecto de ley a favor del aborto, que ya tiene media sanción. Ahora bien, si echamos mano en la historia del peronismo, observamos que su doctrina en lo que se refiere a la defensa de la vida humana es contundente.

 

 

Por Ignacio Cloppet*

Clarín.com

17/12/2020

 

Debate

El peronismo nunca promovió el aborto

Ramón Carrillo (1906-1956), médico, ministro de Salud durante la primera presidencia de Perón.

Estamos atravesando un momento crucial. Alberto Fernández elevó un proyecto de ley a favor del aborto, que ya tiene media sanción. Ahora bien, si echamos mano en la historia del peronismo, observamos que su doctrina en lo que se refiere a la defensa de la vida humana es contundente.

Las fuentes doctrinarias que dieron base al ideario de Perón, se encuentran en la Doctrina Social Cristiana y en el Sermón de la Montaña. El concepto que incorporó Perón como uno de sus ejes doctrinales fue el de “justicia social”. Esta expresión fue acuñada por el jesuita Luigi Taparelli, en un ensayo publicado en 1843, donde sostuvo que: “la justicia social debe igualar de hecho a todos los hombres en lo tocante a los derechos de humanidad”.

Con estos antecedentes, Perón forjó su postura en defensa de la vida humana. Por este motivo, sus convicciones en esta cuestión, se sostenían en principios cristianos y humanitarios. Si algo lo inquietó desde siempre, fue la desigualdad social y la falta de acceso del pueblo a derechos fundamentales. Entre esas preocupaciones estuvo la de priorizar la salud pública como un tema de Estado.

Ahí la importancia de la política sanitaria del Doctor Ramón Carrillo, que promovió la protección al niño en gestación con los Centros Maternos Infantiles, que fueron la máxima garantía de protección para el ser que llegará. Allí se asesoraba a la futura madre durante la gestación, y se la asistía durante el parto y en los primeros meses de crianza.

Para Carrillo, el aborto constituía un delito que debía ser castigado, no tanto en la mujer que abortaba, sino en los profesionales y enfermeras que se prestaban a su implementación. Estaba “convencido que el aborto criminal constituye una práctica amoral y delictuosa, aun cuando la tomen a su cargo profesionales en el arte de curar, (por eso el Estado) ha orientado sus esfuerzos hacia la meta de desterrarla para siempre de entre nosotros”.

La misma Eva Duarte, tuvo una postura más que definida. Hay quienes le atribuyen alocuciones sobre esta cuestión. Por ejemplo, la del 12/10/1950, ante un grupo de enfermeras, cuando dijo que el aborto es: “un capricho gorila y burgués: compañeras, cada aborto que ustedes permiten es un servicio a los poderes coloniales que quieren debilitar la revolución, cada hijo del pueblo que no nace es un hombre menos en la defensa de la Patria y de Perón”.

El “derecho al aborto” no proviene de la tradición humanista y cristiana que caracteriza a los justicialistas. Durante su exilio, preocupado por baja densidad de población, Perón proponía fomentar la inmigración y la natalidad, con la meta de lograr 50 millones de habitantes para el año 2000.

En su Plan Trienal para la Reconstrucción y la Liberación Nacional en diciembre de 1973, sostuvo: “Nuestro bajo crecimiento demográfico se debe a la constante declinación de la natalidad… Si bien esta tendencia cultural es difícilmente reversible, puede moderarse en su intensidad mediante una política de protección a la familia, por la cual el tener hijos no sea económicamente gravoso”.

La reforma constitucional de 1994 puso un límite a la legalización del aborto al incorporar convenios internacionales. Las presidencias de Menem, Duhalde, Kirchner y Cristina Fernández no impulsaron la legalización del aborto.Que quede en claro, que a lo largo de toda su vida Perón nunca declinó su postura unívoca en defender la vida humana desde la concepción en el seno materno.

 

*Ignacio Cloppet es historiador. Miembro de la Academia Argentina de la Historia