Los Maradona son nuestra realeza. Hay que tener mucha auto afirmación para que esto sea así.

MARADONA. LA REALEZA NACIONAL

Por Gabriel Fernández

A diferencia de otras satisfacciones, bien visibles, no es compartido por la totalidad de quienes se definen como integrantes del movimiento nacional. Hasta ahí llegaron prejuicios sobre el mundo del espectáculo, el fútbol, el cine, la tele y tantos asuntos que, sin negar ciertos trazos de frivolidad, deberían estar insertos dentro de nuestro mundo cultural.

 

 

Por Gabriel Fernández *

La Señal Medios

03/11/2020

La Argentina enorgullece a quienes tenemos un concepto dinámico –forjista- de la vida. Hazañas industriales, científico técnicas, deportivas, culturales en general. Mientras tantos suponen vivir en un pequeño país sin volumen, nosotros sabemos de la trascendencia de esta Nación.

Hay un aspecto que circula en nuestra mente desde hace tiempo pero recién ahora, a raíz de la secuencia cumpleaños – triunfo – internación de Diego Armando Maradona decidimos plasmarlo en unas pocas líneas. Hace rato, también, que nos genera un extraño orgullo; y contiene una variante.

A diferencia de otras satisfacciones, bien visibles, no es compartido por la totalidad de quienes se definen como integrantes del movimiento nacional. Hasta ahí llegaron prejuicios sobre el mundo del espectáculo, el fútbol, el cine, la tele y tantos asuntos que, sin negar ciertos trazos de frivolidad, deberían estar insertos dentro de nuestro mundo cultural.

Ahí va: el pueblo argentino sigue las extraordinarias vicisitudes de la vida de Maradona con el mismo interés y equivalentes soportes informativos que los que apasionan al inglés a la hora de observar las novedades de la realeza en su país.

El tabloide The Sun, mítico ya, y los espacios radiales, webs y televisivos británicos, configuran una trama de cobertura permanente de los vaivenes emocionales, económicos, sanitarios, de las nobles familias que confluyen en la corona. Lo que estamos viendo por estas horas, lo que hemos visto a lo largo de los años, es un equivalente con personalidad propia y contrastante en el Sur del mundo.

Con un dato que quiebra la cabeza de los tristes editores de Caras y Gente: el pueblo argentino sigue con atención el andar sinuoso de la existencia de un pibe nacido en Fiorito, con costumbres, definiciones e ideogramas absolutamente diferentes de aquellos parámetros que se evalúan como registros de elegancia y distinción.

No hay pose alguna. Los programas de la farándula detienen su incesante vertedero para hablar de la salud de Maradona, de sus parejas, de sus colaboradores, de sus presencias o ausencias en los entrenamientos de Gimnasia, de sus recuerdos, de sus juicios, y el zapping se detiene; en los negocios, las vecinas se plantan ante la pantalla; en los vehículos, se sube el volumen de la radio. Y los wasaps surcan el espacio: “¿che está jodido de veras?”. El interés es auténtico.

Es tan genuino como el del inglés promedio sobre la separación de alguna estirada condesa que cada tanto aparece semidesnuda en el yate de un jeque. O sobre las trapisondas de un joven heredero en la noche festiva. O de las declaraciones rimbombantes de algún Lord Cheseline acerca del rumbo del gobierno de las islas.

Los Maradona son nuestra realeza. Hay que tener mucha auto afirmación para que esto sea así. Diego Armando Maradona, cuyo punto de arranque ha sido tan pero tan distante al de los parásitos que retrata The Sun, es valorado por cada tramo de su vida y su vida representa realidades pero también deseos de una masa numéricamente abrumadora de argentinos.

Eso implica una vara compuesta por razón y emoción. Una buena vara.

Los comentarios de los tilingos sobre el 10 sólo contribuyen a profundizar el interés y dejan expuesta la medianía. Se les caen las medias por asemejarse a algún miembro de la Casa de los Windsor y desdeñan, como si se tratara de algo menor, los contenidos que llevaron al jugador y entrenador a generar esta compulsión por homenajes abrumadores, programas especiales, análisis puntuales y panorámicos, gigantografías, canciones, pintadas en los barrios, banderas en los estadios.

Por estas horas, Maradona intenta salir adelante en el instituto Ipensa, de La Plata. Puede ser trasladado para una operación compleja. Están todas las cámaras allí. Una parte de nuestro pueblo observa, preocupado, atribulado, fascinado, las siempre renovadas noticias sobre un rey al que considera D10S. A diferencia de las otras estrellas, todos saben lo que ha realizado para ganarse esa atracción.

Es interesante la Argentina. Es rara. Es propia.

 

  • Director La Señal Medios / Area Periodística Radio Gráfica / Sindical Federal