Vivió en un mundo que inventó palabra por palabra. Todas falsas, claro. Envenenó la conciencia de millones de personas durante décadas.

HAY ALGO DE POÉTICO EN LA MUERTE DE MARIO PEREYRA. ASÍ COMO NEUSTADT MURIÓ EL DÍA DEL PERIODISTA

Por Hugo Squinazzi*

Construyó un imperio de mentiras interesadas y pasó siempre por la caja a cobrar. Incluso una jubilación de ama de casa que iba a cobrar, mientras le estacionaban el Mercedes Benz en la cochera. No me alegro por su muerte. Me es indiferente.

Por Hugo Squinazzi

NAC&POP

02/11/2020

Hay algo de poético en la muerte de Mario Pereyra.

Así como Neustadt murió el día del periodista, Mario murió a causa de un virus que según él no existía.

Y hay algo de lógica también.

Vivió en un mundo que inventó palabra por palabra. Todas falsas, claro.

Envenenó la conciencia de millones de personas durante décadas.

Inventó una forma de mentir que lo hizo millonario y configuró culturalmente como nadie el presente en que vivimos. Espantoso, sí, pero salió de su cabeza, sus palabras y su forma de aturdir a la «gente». Eso. Aturdió a la «gente» y la convirtió en clientes. Estupendo.

Le sirvió a los poderosos. Siempre.

Y diseñó un sentido común que la «gente» cree que les es propio y no inoculado. Un genio. Honestamente, creo que lo vamos a extrañar.

Porque los que ya se prueban el traje que dejó, seguramente serán peores. No tengo dudas.

Odiarán la democracia y serán tan fascistas o más que Mario, si es que eso fuera posible, pero nunca lo dirán.

Serán más perversos, aunque suene imposible.

Se fue el constructor de políticas, conciencias, sentido común, odio y rapiña más importante de los últimos cincuenta años en el país de la anomia y de los tibios, que no es poco.

Construyó un imperio de mentiras interesadas y pasó siempre por la caja a cobrar. Incluso una jubilación de ama de casa que iba a cobrar, mientras le estacionaban el Mercedes Benz en la cochera.

No me alegro por su muerte. Me es indiferente.

Pero no puedo evitar pensar en su creación.

Un sentido común que es una epistemología del mundo y un mundo inventado a la medida de sus odios.

Y muchos, demasiados, metidos adentro como en un cuadro de Andy Warhol , disfrutando de una conciencia producida en serie.

Pasame una de Cachumba, ahora.

HS/