Una devaluación sería un fenómeno completamente artificial e innecesario, provocado por una reducida minoría de empresarios importadores, exportadores, operadores de bolsa y financistas.

DEVALUACION NO

Por Ricardo Aronskind

Lo único que NO DEBE hacer el gobierno nacional es devaluar. Porque implicaría un mazazo tremendo para el bolsillo popular, para la recaudación fiscal y para la economía en general, ya que se profundizaría la recesión.Por lo tanto, el gobierno debería sentirse autorizado a tomar TODAS las medidas que necesite para quebrar la ilusión de los especuladores

 

 

Por Ricardo Aronskind

 

Lo único que NO DEBE hacer el gobierno nacional es devaluar.

Porque implicaría un mazazo tremendo para el bolsillo popular, para la recaudación fiscal y para la economía en general, ya que se profundizaría la recesión.

Por lo tanto, el gobierno debería sentirse autorizado a tomar TODAS las medidas que necesite para quebrar la ilusión de los especuladores de que van a forzar una devaluación, para llenarse más los bolsillitos a costa del 80% de lxs argentnxs.

La economía argentina hoy no necesita una devaluación, dada su situación general.

Una devaluación sería un fenómeno completamente artificial e innecesario, provocado por una reducida minoría de empresarios importadores, exportadores, operadores de bolsa y financistas.

Hay que decir que están envalentonados, porque el gobierno se muestra muy tibio frente a sus embates.

El gobierno, que viene jugando a la defensiva, parece no comprender la índole de la gente que tiene enfrente, y tampoco parece entender que una devaluación lo metería en una licuadora política de difícil pronóstico.

No se puede gobernar la Argentina si se le tiene miedo a los especuladores, o si se piensa que se está frente a «agentes económicos racionales» que sólo existen en los ridículos manuales de economía.

También las organizaciones que representan a las mayorías, desde los partidos políticos, los sindicatos, las organizaciones sociales, el movimiento estudiantil, los movimientos de jubilados, las organizaciones de derechos humanos, todos, deberían tener en claro que esta situación -aparentemente técnica- los involucra profundamente, porque los están por afanar.

Cada día se conoce más del corrupto entramado macrista, y ese espacio está llamado a estallar por los escándalos que se vienen.

Pero «una buena crisis» económica taparía todo, y pondría al gobierno nacional en el banquillo de los acusados desplazando a los verdaderos delincuentes del centro de la escena.

Espero que el gobierno no vaya solito a sentarse allí.