Fue el fiscal Stornelli quien inició la ofensiva de la falsa justicia contra Miriam Lewin.

LA MASCARADA DEL MACRISMO

Por Alejandro C. Taruella

Comuna, Comunicadores de la Argentina, alertó por “la manipulación del principio de libertad de expresión” y señaló que se procuraba “impedir el imprescindible debate público sobre la circulación de información falsa, el aliento a la violencia y la discriminación y los discursos de odio”.

 

 

Por Alejandro C. Taruella

NAC&POP

19/10/2020

Fue el fiscal Stornelli quien inició la ofensiva de la falsa justicia contra Miriam Lewin, titular de la Defensoría del Público de Servicios de Comunicación Audiovisual y el proyecto Nodio.

El fiscal surgido del menemismo, tomó una denuncia de los diputados Fernando Iglesias, Waldo Wolff y Graciela Ocaña, quienes, en su estilo policial, calificarían al organismo de “comisaría del pensamiento”.

Los diputados exigían a la jueza, María Capuchetti, que indague para establecer si existía “abuso de autoridad”, “más violación de los deberes de funcionario público” en la acción de Lewin.

Querían saber además, quienes lo integraban, partidas presupuestarias asignadas, y si los mismos cobraban por su labor.

Se trataba de otra vuelta de tuerca en el intento de un retorno del imaginario de cambiemos por medio de la manipulación de medios.

Los energúmenos volvían sobre los pasos de la metodología del macrismo, de judicializar lo que es política para indisponer a la sociedad con una iniciativa del gobierno de Alberto Fernández, promoviendo además un show de tintes dramáticos, a lo cual tienen habituada a la sociedad.

En lo dramático, resaltaba la actuación de Iglesias, que en la calle es definido por muchos como “el diputado que llora”, por el estilo de desolación que cultiva.

La reacción no se hizo esperar.

Ante la caída y el quiebre de la Corriente que orienta Macri, algunas de sus fracciones volvían a jugar en la conjunción de medios más justicia para intentar ganar espacio mediático y accionar contra el gobierno.

Comuna, Comunicadores de la Argentina, alertó por “la manipulación del principio de libertad de expresión” y señaló que se procuraba “impedir el imprescindible debate público sobre la circulación de información falsa, el aliento a la violencia y la discriminación y los discursos de odio”.

Subrayaban el tema del odio, central en la construcción de los macristas, que observan en cierto modo, esa emocionalidad que uso la dictadura de 1976, para polarizar a la sociedad.

Polarizar, puede permitirles aglutinar la propia fuerza y dividir a sus adversarios, donde no se hace política sobre ese contenido.

El Llamamiento Argentino Judío, señaló que se trataba de “una secuencia más del lawfare con el cual la derecha quiere intervenir en la vida pública”.

Y remarcó que la denuncia contra Miriam Lewin “debió ser rechazada in límine” rechazando la acción de Stornelli, quien debía ser “eyectado del Ministerio Público Fiscal por su rol en maniobras de extorsión” en el gobierno de Macri.

La persecución como meta

Se unieron al rechazo, sindicatos, trabajadores y otras agrupaciones, los que señalaron que sumaban de medios comunicación como Clarín, a “Esta persecución forma parte de la intención de condicionar nuestra democracia, defendiendo el lawfare y las fake news contra el gobierno electo por la mayoría de los argentinos y contra quienes fueron víctimas y lucharon, como la periodista Lewin, contra la dictadura militar”, como lo expresaban un texto firmado por Vicente Zito Lema, María Seoane y otros.

Se sumaba a todo esto, “la persecución judicial y mediática se extiende como una mancha oprobiosa contra los periodistas Ari Lijalad, Roberto Navarro y Franco Mizrahi, de El Destape, por sus denuncias del espionaje macrista”, ya que “se intenta censurarlos, castigarlos y violar su libertad de informar al pueblo argentino”.

La reacción fue rápida y elocuente pero también, hay que establecer, que el macrismo logró instalar el tema en los medios.

La única justicia en la que ellos creen, es la que imponen y las herramientas, poder judicial o lo que sea, sirven exclusivamente para estigmatizar a sus enemigos (en esos términos se expresa en sus limitaciones el hijo de Franco y lo siguen sus beneficiarios).

Este dato es central para comprender la operatoria que procura tener un marco de rechazo social para actuar por fuera de ley.

La simultaneidad de las acciones, permiten observar la mecánica de una metodología sostenida por las usinas internacionales que se sirve del lafware para la acción corporativa antidemocrática.

No en vano, una vez acusada Lewin, Iglesias, Wolff, Enriquez y otros, fueron a denunciar a la justicia, a Ari Lijalad, Franco Mizrahi y Roberto Navarro, periodistas del sitio “El Destape”.

Los acusaban por haber dado a conocer actas de la AFI filtradas en la causa que se tramita en Lomas de Zamora contra agentes de inteligencia.

Ya los diputados habían presentado otra denuncia contra los responsables de la investigación que implicaba al secretario de Macri, Darío Nieto, implicado en el sistema de escuchas que remitían al ex presidente.

Miriam Lewin había expuesto, que el observatorio de medios a crear en Nodio, no estaría dedicado a recibir denuncias y que sería un centro de estudios que analice noticias falsas y redes corporativas de uso social que se reproducen en ese universo.

Contó que, al reunirse con Facebook, les informaron que en 2019, se cerraron 6.500 cuentas que expresaban discursos de odio en las que se emitían mensajes falsos manipulados por personas sin existencia real.

La hipnosis social

La metodología que promueven los denunciantes, es la de inundar los medios con sus irrupciones histéricas, a los fines de crear una hipnosis semejante a la que logró el nazismo en la comunicación.

Todos los días a toda hora en casi todas las herramientas mediáticas, repetir la información hasta paralizar a las personas.

Esa información se convierte así en propaganda, en el estilo Gobbels, que incluye la repetición de la mentira hasta convertirla en una certeza al identificar a un enemigo e idiotizar su negación.

Luego, hay un proceso de simplificación del enemigo por razones de efectividad en la ejecución del otro. Todos son uno en la marcación de los manipuladores.

El servisperiodismo, obsérvese la repetición del nombre de Cristina en el discurso de sus más enconados perseguidores de los medios, es en ese sentido, la vanguardia de la acción macrista.

Así, constituyen en conjunto, una suerte de ministerio de Propaganda y Educación Popular con base en Clarín, organismo que caracterizó al régimen nazi.

Y es desde esa plataforma no explícita, que se realiza la acción contra Lewin, Navarro, Lijalad y Mizrahi.

Ray Bradbury lo había advertido oportunamente: “Llénalos de noticias incombustiblessostenía- sentirán que la información los ahoga, pero se creerán inteligentes. Les parecerá que están pensando, tendrán una sensación de movimiento sin moverse.”

Y esto hace a que esa metodología del macrismo, procura actuar sobre un ciudadano inmovilizado frente a una pantalla.

El observatorio que propone Miriam Lewis, la acción de los medios como “El Destape” y los que se oponen a la manipulación del macrismo, ofrecen la opción movilizadora que propone un ciudadano activo que participa en la política para que, en sus acciones, sea transformador.

Qué es lo que plantea la etapa histórica que se vive en la Argentina sumida en los esfuerzos que demanda la pandemia, y los cambios que se van a producir en el futuro más próximo.

Y ese es el temor del macrismo, ya convertido definitivamente, una profundización regresiva de la dictadura cívico militar de 1976.

El espíritu es ese, aunque se lo adorne con la tecnología que niega el papel de los pueblos, su autonomía para regir sus destinos.

Por eso, a la ilusión de pantalla que sugiere que ver es comprender, a la que aludía Ramonet, hay que oponerle una sociedad movilizada por el carácter de su protagonismo para salir de la hipnosis y alcanzar la transformación con justicia social, soberanía y solidaridad.

El papel activo de la sociedad en la celebración con límites del 17 de Octubre, muestra en tanto, que la ofensiva reaccionaria hace agua.

La respuesta popular fue una expresión de rara contundencia a los ojos del mundo.

AT/