El peronismo les duele porque cada vez que volvemos los obligamos a cumplir con los derechos conquistados y ceder parte de lo que fugan, evaden, malgastan.

DUEÑOS DE UN PAIS QUE DETESTAN

Por Mario Burgos

Son incapaces de gestar un país grande, desarrollado, inclusivo a pesar de haberse apropiado malamente de alimentos suficientes para trescientos millones de habitantes, el séptimo territorio del mundo, una de las cuencas fértiles más importantes del mundo, mano de obra de altísima calificación y a la vez despojada del mar de riquezas que ellos gozan.

 

 

Por Mario Burgos

(Una de las capas empresariales)

 

Son, como se ha dicho, dueños de un país que detestan, compatriota de un pueblo que detestan y se sienten rehenes de una institucionalidad que también detestan.

Son incapaces de gestar un país grande, desarrollado, inclusivo a pesar de haberse apropiado malamente de alimentos suficientes para trescientos millones de habitantes, el séptimo territorio del mundo, una de las cuencas fértiles más importantes del mundo, mano de obra de altísima calificación y a la vez despojada del mar de riquezas que ellos gozan.

Tilingos al punto de comentar en un muro lo que no son capaces de poner a la discusión pública más que en sus casas, corporaciones y encuentros endogámicos.

Brutos por esa falta de roce social, envidian todo liderazgo genuino porque nunca lograron más apoyo que el corto periodo que fue de 2015 hasta que el curso de la realidad, la resistencia popular, desnudaron sus construcciones mediáticas, el lawfare y la cadena de negociados, saqueo del Estado y de la población.

Tienen enfrente a un presidente, la autoridad máxima de esta república, votado por la mayoría del electorado y apoyado hoy por más y no son capaces, no de respetar su palabra, lo que ya es mucho, sino de argumentar de modo claro y preciso qué es lo que quieren, cómo lo harían, para qué y para quienes.

«Setenta años». Ni sumar bien. Son setenta y cinco los años en que les arrancamos de a pedazos, en lo material y en lo temporal, la posibilidad de incidir en los destinos de nuestra Patria, tras décadas y décadas de verlos moldearla a imagen y semejanza del invasor colonial, herederos de su forma depredadora, autoritaria, expulsiva y de sometimiento a toda forma de trabajo.

El peronismo les duele porque cada vez que volvemos los obligamos a cumplir con los derechos conquistados y ceder parte de lo que fugan, evaden, malgastan. Se sienten robados con una intensidad equivalente a su expoliación de la población y el país todo. Nada más proyectivo, cercano a lo paranoico que la mirada y el discurso oligárquico y su antecesor: el colonial. Desmembraban indios, robaban sus mujeres por no venir a trabajar sino a saquear en bandas masculinas pero construían en relatos y textos escolares el mito de «la cautiva». Construían un desierto en casi todo el territorio a fuerza de exterminar gauchos y originarios y luego presentaban la llegada de mano de obra despojada y hambrienta del Europa como «poblar el desierto». Construían el indio- demonio para apropiar esas tierras, como Rivadavia legalizó la leva para el «vago y malentretenido» mientras en una época y otras repartían territorio entre, justamente, vagos y malentretenidos.

Armaron bandas fascistas antes del fascismo mismo, como la Liga patriótica y se justificaban acusando de terroristas a sus víctimas. Echaron a Irigoyen para continuar el saqueo y lo acusaban de corrupción. Bombardearon la plaza y en lugar de condenar a los asesinos las tapas de sus diarios criticaban a Perón para no avisar a la población y así «salvarla».

Esconden y fugan granos, bienes, riqueza, se la apropian gracias a gobiernos afines, pero se quejan de que les roban. Hicieron que los genocidas nos carguen a todas y todos su deuda externa privada, pero no aceptan ni hacer una contribución para las acciones contra la pandemia. Rechazan a Cristina porque no soportan que una mujer sea más capaz, inteligente, valiente t querida de lo que ellos podrán serlo nunca, pero dicen que es por su soberbia. Son el motor de toda corrupción pero nos tratan de corruptos a quienes los exponemos. Nombran miembros de la Corte por decreto, esos miembros no rechazan el nombramiento y se van a sus casas sino que asumen ley mediante y así se sienten legitimados para juzgar.

Son, en tanto no rompan esa tradición y continuidad, una carga para la Nación, para la República, para la ciudadanía, factor de retraso y pobreza. Mientras sostengan esa cultura, quienes cada día construimos el país no podremos saber cuales son nuestros límites y nuestras posibilidades: hasta el clima parece a veces depender de su inoperancia.