17 de Octubre de 2020: NO ES CRÍTICA: ES UN DOLOR EN EL COSTADO

LO QUE NATURA NON DA

Por Ernesto Jauretche

En medio de la catástrofe de las dos pandemias, en este 17 nos llega una nueva celebración del hecho maldito del país burgués: festejamos desde la tribuna los que pusimos la mayor parte de las boletas con que logramos la hasta ahora huidiza victoria electoral del 2019.

 

 

Por Ernesto Jauretche

 

En medio de la catástrofe de las dos pandemias, en este 17 nos llega una nueva celebración del hecho maldito del país burgués: festejamos desde la tribuna los que pusimos la mayor parte de las boletas con que logramos la hasta ahora huidiza victoria electoral del 2019. En la cancha, pese a tanta batalla, se propagan los elegantes funcionarios; la muy ilustrada y progresista inteligencia académica ocupa lugares que debieran ser dominio de las mayorías que hoy celebramos los 75 años de lucha.

¿Hasta cuándo vamos a seguir creyendo que la enorme legión de pobres que ha generado la política está esperando oír hablar de amistad y consenso, de unidad y de paz?

El discurso político debe apuntar a las mayorías, víctimas de años de vaciamiento y entrega, y apelar a sus necesidades inmediatas, a sus sueños incumplidos, a las esperanzas frustradas. No convence ni satisface el reclamo de dignidad humana del pueblo ninguna arenga ideológica. Ni es desde el refinado discurso economicista que se acerca un conductor a su pueblo.

Eso es para “la gente”.

El pueblo es otra cosa.

Al gobierno de Alberto le falta contacto fraternal, aproximación, arrimo al pueblo raso, a la plebe, al vulgo, a la masa; a una población disciplinada que padece afónica y sacrificada el mandato de su gobierno.

Lo que natura non da Salamanca non presta.

La familia pobre está esperando un cariño de su gobierno, un gesto a los pibes del barrio, al calor de las vecindades agradecidas; una aproximación a la calle de tierra, al almacén con despacho bebidas, a los corredores de la villa miseria, al charco y las alpargatas mojadas. Lo esperan las tortas fritas de la gorda peronista, las muchachas del lúgubre taller y los prole de la iluminada nave de la fábrica, los altivos roñosos de la calle y la empleada que se esconde en el baño de la tienda a llorar, el uniformado aguantando la lluvia en la imaginaria y los millones de sacrificados en el ir y venir de la casa al trabajo apretujados en un bondi o un tren siempre desesperados porque no llega a hora.

Esos argentinos no quieren, no les convence un gobierno fifí.

Esperaban otra cosa.

Nosotros, los peronistas, también.

 

Ernesto Jauretche

La Plata, 14/10/2020

 

Encontrémonos, como sea. Estoy muy preocupado por el futuro inmediato, y de él depende el futuro.

Estamos entre ser una modesta nación con un pueblo feliz o ser Puerto Rico.