La única crítica que puede mover o conmover cualquier rumbo político es la crítica orgánica.

PEQUEBUS, PERONISTAS Y ALCAHUETES

Por Diego Fernández

La historia del peronismo no es la de los alcahuetes en nombre del peronismo.
El peronismo, en su historia, supo desarrollar movimientos críticos respecto de sus propios gobiernos y tácticas como hay pocos antecedentes en la historia política contemporánea.

 

 

Por Diego Fernández

 

Lo peor y más dramático de la historia del peronismo -desde la  autocensura hasta las 3A- está fundado en el amordazamiento de la crítica empezando por el argumento de que «al líder no se lo critica», basándose en una presunta infalibilidad papal del líder.

Hace rato que el peronismo como tal carece de liderazgo y aún Perón se equivocaba.

El tema es que el te mandaba a callar era el pueblo mismo beneficiario concreto y privilegiado de las políticas de Perón.

Luego los «alcahuetes» de los que el mismo Perón denunció haber terminado rodeado, que lo llevaron a la derrota vía golpe gorila.

El argumento siguiente es que promoviendo el debate crítico «se le hace el juego a la derecha».

El gobierno de CFK terminó sumido en la derrota electoral por las críticas internas?

Qué, se desarrolló una tendencia revolucionaria a la izquierda de CFK y el kirchnerismo al interior del espacio oficialista que terminó incidiendo en la derrota del 2015 (de sentido de izquierda, digo, porque según Aleman se supone que es el «progresismo» -que él expresa cabalmente- quien en su veleidad ombliguista promueve la incorformidad, ya que la derecha estaría fuera del gobierno y fuera de las expectativas sociales respecto del mismo).

Luego, se termina segregando, fracturando, expulsando (caso Moyano y otros dirigentes del movimiento obrero en período 2010-2015) la expresión crítica (caso Puiggros actualmente) y sobreviene el desequilibrio de fuerzas en el empate histórico para que la derecha tome el poder.

Es absolutamente contrario a lo que propone Aleman desde una visión académica de laboratorio intelectual lo que hay que hacer.

La derecha no necesita de la crítica interna para debilitar al gobierno y acumular.

Es el propio gobierno quien no constituye en acumulación de poder real lo que existe en potencia política en la comunidad.

Es el gobierno quien elige una estrategia de acordar con los poderes y esto debilita al propio gobierno y al pueblo.

Es el gobierno quien renuncia a constituir liderazgo, organización, proyecto estratégico soberano y mística que amalgame la fuerza.

Y en ese renunciamiento radica su debilidad y la fortaleza de la derecha, no en ninguna crítica, como si ésta estuviera atravesando todas las instancias y estructuras sociales y políticas peronistas o populares tomando una dimensión demoledora como lo supone Aleman, para constituir la crítica como el sujeto destituyente, prácticamente.

La crítica es la que puede revertir ese renunciamiento.

Pero la crítica no existe, porque no existen los ámbitos donde plantearla, porque se la niega de plano, al mejor estilo de cuervo Larroque.

La única crítica que puede mover o conmover cualquier rumbo político es la crítica orgánica.

La otra, la pedorra, pequeñoburguesa, la que se desliza mediáticamente, la que le preocupa a Aleman porque en su línea de pensamiento no le calienta la construcción orgánica de la política, queda subsumida en la lógica del vértigo de consumo mediático y redes sociales y pasa.

La historia del peronismo no es la de los alcahuetes en nombre del peronismo.

El peronismo, en su historia, supo desarrollar movimientos críticos respecto de sus propios gobiernos y tácticas como hay pocos antecedentes en la historia política contemporánea.

Llegó a cuestionar la línea del mismo Perón, como por ejemplo el apoyo a Frondizi o el Pacto Social.

Perón mismo siempre eligió a los críticos antes que los alcahuetes, y era Perón, que si de algo sabía era de poder y de construir, conservar y reproducir el poder.

La crítica política es la principal herramienta que disponen las fuerzas populares para sostener gobiernos y proyectos de poder.

No nos subestime, Alemán.

Que la crítica de los intelectuales siempre llega tarde o con el diario del lunes.