Nos olvidamos de los 13 principios del buen guerrear de Tsun Tzu.

POESÍA. EL VERSO DE LA DEMOCRACIA

El enemigo fue construyendo su dispositivo durante décadas, y con más intensidad desde la 125. Durante años fue dándole forma al esqueleto, el conjunto de categorías de análisis, instalándolas lentamente en la sociedad, utilizando desde la legalidad, por ejemplo para darle forma a la organización y a lógica de la justicia, hasta modos de pensamiento y lógicas de sentido común, mediante los grandes medios, más allá de los enfoques políticos.

 

 

Nos comimos la democracia. Somos reprolijos y limpios.

Nunca lo fuimos, en nuestra historia usamos el estado y la democracia liberal para avanzar en una revolución pacífica… o lo más pacífica posible.

En los últimos años, nos vendieron que había que ser políticamente correcto.

Nos quedamos sin herramientas y renunciamos a nuestra propia historia.

Por eso tenemos cada vez menos poder.

Mientras los presuntos liberales se cagan en la democracia liberal, ocupan el estado y el gobierno porque lo usan, pero despliegan una cantidad y diversidad de recursos y herramientas, más allá de superar los límites de la legalidad, aunque no lo hagan, se manejan con una libertad de acción, superando en mucho los límites del supuesto demoliberal.

Nos olvidamos de los 13 principios del buen guerrear de Tsun Tzu.

Según Liddell Hart hay cuatro maneras de operar sobre la voluntad de las personas, la persuasión, la negociación, la corrupción y la represión, y una quinta, la disuasión que es una combinación ad hoc de las otras cuatro. Se olvidó de la seducción, pero no importa, porque nosotros nos olvidamos de las otras cinco.

Es lo que creo que está pasando y que nos puede llevar a una catástrofe.

Más allá de que el enemigo fue construyendo su dispositivo durante décadas, y con más intensidad desde la 125. Durante años fue dándole forma al esqueleto, el conjunto de categorías de análisis, instalándolas lentamente en la sociedad, utilizando desde la legalidad, por ejemplo para darle forma a la organización y a lógica de la justicia, hasta modos de pensamiento y lógicas de sentido común, mediante los grandes medios, más allá de los enfoques políticos.

Se trata de esquemas y modelos de construcción de sentido.

Por ejemplo, la categoría cholula de los «ricos y famosos», que con un aura de glamour y buena vida, oculta la naturaleza del poder y sus protagonistas, naturaliza modos de enriquecimiento tangente con el delito.

O un modelo propio del jugador de póker con cartas marcadas, según el cual el delincuente se constituye cuando el juez dicta sentencia y no cuando el protagonista viola flagrantemente la ley.

La lógica de los reidores, que logra hacerte reír como un estúpido de un chiste estúpido que se repite estúpidamente todos los días. Terminas formateado para aceptar estupideces de cualquier tipo dócilmente.

O la progresiva individuación operada por las tecnologías de comunicación, que desde el walkman fue aumentando las prestaciones, reduciendo los tamaños para hacerlos cada vez más fáciles de portar, la genialidad de internet, creando la ilusión de ganar grados de libertad, libertad cada vez más individual, pero oculta que es una libertad de diseño, creada y ordenada con pautas estrictas que se llaman algoritmos, nombre cool, que oculta que cada acción, incluso cada falta de acción es procesada, interpretada, y estructurada para generar los próximos pasos que el Gran Hermano tiene para vos, de manera individual y a medida de tus propios deseos, o creándote la ilusión de que son tus propios deseos, para los que fuiste formateado a lo largo del tiempo.

Todo este constructo es el que empieza a ser explotado por el enemigo desde la 125 en adelante.

Y además aprendió que con cada adquisición de poder puede ir creciendo, desarrollando nuevas herramientas y espacios de poder, que a su vez potencian los que ya tiene. Ese es el punto en que estamos, en que el enemigo nos tiene.