-A Rucci lo mato la CIA (Rodolfo Walsh)

RUCCI, LOS MONTOS Y LA CIA

Por Martín García*

La muerte de Rucci no sólo le cortó las piernas al General, sino que le cargó sobre los hombros ya envejecidos un peso que no podría llevar adelante. De modo tal que de una manera infinitamente perverso se termina acusando a Perón de aquello mismo que se construyó cuidadosamente y sin miramientos, me refiero a su soledad, su frustración, su fracaso y su desesperanza. (Jorge Rulli). FOTO: Perón, Campora y Rucci.

Por Martín García

NAC&POP

25/09/2008

En la biografía de Santucho, máximo dirigente del ERP, publicada por María Seoane (Todo o nada, Planeta, 1991) esta periodista concluye que sólo los militares podrán algún día esclarecer si el capitán Juan Carlos Leonetti -quien disparó sobre Santucho pereciendo en el tiroteo- descubrió el escondite relevando las compras y alquileres de viviendas en la zona de Villa Martelli, en Buenos Aires, tras conocer la identidad falsa del lugarteniente del jefe del ERP Domingo Menna, secuestrado por el Ejército a mediodía del fatídico 19 de julio de 1976, a cuyo nombre estaba el apartamento en que se habían atrincherado cuatro de los cinco miembros de la cúpula de ese grupo guerrillero; o si llegó al refugio por -una infidencia de Montoneros.

El 19 de julio de 1976, Fernando Gertel, enlace de Santucho con Roberto Perdía -número dos de los Montoneros- alertó a Liliana Delfino, mujer de Santucho, que quien cumplía similares funciones a las de él ante Perdía, no había concurrido a una cita que ambos tenían previamente concertada para arreglar una reunión entre Santucho y Perdía con el propósito de afinar el lanzamiento de la Organización para la Liberación de la Argentina (OLA), la primera alianza pública bajo una sola sigla entre las dos formaciones que finalmente no se concretó.

Sin embargo, en las memorias que escribió el fallecido alto dirigente del Ejercito Revolucionario del Pueblo (ERP), Enrique Gorriarán Merlo, tituladas De los Setenta a La Tablada (Planeta, 2003) eximen a Firmenich y a los Montoneros de cualquier responsabilidad en la caída del líder del ERP, Roberto Santucho, rebatiendo lo apuntado por María Seoane al respecto en su libro Todo o nada (Planeta, Argentina, 1991).

El escritor estadounidense Martin Edwin Andersen afirma que, el 25 de septiembre de 1973, los Montoneros no fusilaron a José Ignacio Rucci, Secretario General de la CGT; ni acribillaron el 15 de julio de 1974 al civil Arturo Mor Roig, ex-ministro del interior de la penúltima dictadura militar que asolara la Argentina (1966-1973); acciones ejecutadas -siempre según Andersen- por los escuadrones de la muerte, la tristemente célebre Triple A (Las Tres Armas: Marina, Aeronáutica y Ejército) .

Según el periodista Juan Gasparini, la fuente principal de Andersen sigue siendo el fenecido Robert Scherrer, un ex-agente del FBI que revistara en la embajada estadounidense en Argentina, con el cual dice que habló y cruzó dos cartas, quien paradójicamente no dejo constancias escritas en la CIA de sus descubrimientos, no hallándose nada en los archivos que ya han sido desclasificados para esta fecha.

La ausencia es llamativa si se la contrasta con los inquietantes informes de la propia CIA sobre Scherrer, enlace norteamericano con el Plan Cóndor pergeñado por Augusto Pinochet para coordinar la represión en el Cono Sur, constituyéndolo en una fuente de informaciones sobre los movimientos políticos de oposición a las dictaduras que asistió como espía a las órdenes de los servicios de inteligencia de su país .

Juan Carlos Dante Gullo, de la Juventud Peronista, el Canca, quien hacía antesala en la casa de Gaspar Campos para reunirse con Perón, cuando Juan Esquer entró a la pieza donde esperaba y gritó: ¡Asesinaron a Rucci! pensó inmediatamente que a Rucci lo habia matado la CIA.

Sé, dice Jose Amorin, en su libro Montoneros, la buena historia, que Hobert, secundado por el Canca Gullo, Perdía y, tal vez, también por Dardo Cabo, hicieron lo imposible por arreglar los tantos con el sindicalismo y con Perón..

Sé que llegaron a un acuerdo con Lorenzo Miguel y que el Viejo se sentía predispuesto a conciliar.

La hija de Jose Ignacio Rucci, actriz, empleada en el área de la Subsecretaría General de la Presidencia de Nestor Kirchner, bajo la direccion de Carlos Kunkel, ex Comandante montonero, decía en un reportaje ante la pregunta: -¿Cómo es trabajar con ex montoneros? Supongo que creciste con la idea de que ellos asesinaron a tu padre…/- Con mi hermano no podíamos entender por que lo mataron así.

Al principio con los –muchachos  fue muy difícil, no lo voy a negar. Por lo menos para mí y supongo que también para ellos.

Yo allí trabajo. Sé que me respetan.

Al principio no podían creer que era la hija de Rucci, me miraban con curiosidad.

Un día hablé largamente con Dante (Gullo) y después con Tojo (Ojea Quintana), y ellos me aseguraron – y Yo les creo – que en el ámbito en que militaban jamás se planificó el asesinato de mi padre.

Y les tengo respeto, por que son gente que se jugó por sus ideales.

Yo pienso lo mismo que ellos. Rucci, a pesar de lo que algunos dicen, era un revolucionario.

No creía en un Peronísmo como el de los ´90…Mi padre no era como los sindicalistas que vinieron después, los que acordaron con los militares y con Menem.

Si hubiera vivido, seguro que terminaba preso de la dictadura o desaparecido.

Adoraba a Perón, le era absolutamente fiel, él le decía –hijo-.

Eran años difíciles, todos estaban enfrentados con todos..

./-¿Qué pensás del Museo de la Memoria en la ESMA?/

– Me parece justo.

La represión del estado jamás se puede equiparar a la actuación de grupos guerrilleros.

Fue un genocidio.

Pero creo que los montoneros le debe a la gente una autocrítica por aquellos años. (Diario Mar de Ajó (el diarito)).

Recien venido del acto con que la Secretaría de Derechos Humanos de  la CGT, conducida por Julio Piumato, donde conmemoró el 24 de marzo de 1976, Nestor Gorojovsky de Reconquista Popular narraba que, entre otros, habló en ese acto Carlos Kunkel, quien refiriéndose a las condiciones que hicieron posible el golpe del 76 hizo un llamamiento a no entrar en provocaciones que pudieran volver a dividir al campo nacional, y luego, en un gesto ejemplarizador de coraje político, se hizo cargo – en tanto viejo militante de la Juventud Peronista – del criminal asesinato de José Ignacio Rucci, aún cuando, explicó (todos lo sabíamos) que el asunto había sido tramitado en secreto por unos pocos y ni siquiera la base de Montoneros tenía idea de quién lo había matado.

Fue muy aplaudido por una audiencia que entendió perfectamente el sentido de esa declaración.

Jorge Eduardo Rulli, uno de los fundadores de la primera Juventud Peronista de la Resistencia, decía en el 2004, -Creo que a pocos deben haberle quedado dudas en aquellos tiempos que fueron los Montoneros quienes asesinaron a Rucci, además de la sucesión de hechos políticos, innumerables testimonios y corrillos de militancia  daban fe  de ello de modo contundente al margen de que no hubo nunca un formal reconocimiento.

Continúa Rulli: -La muerte de Rucci no sólo le cortó las piernas al General, sino que le cargó sobre los hombros ya envejecidos un peso que no podría llevar adelante.

De modo tal que de una manera infinitamente perverso se termina acusando a Perón de aquello mismo que se construyó cuidadosamente y sin miramientos, me refiero a su soledad, su frustración, su fracaso y su desesperanza?

-Desorbitar el proceso de la Revolución Nacional, dice Rulli, empujarlo a los desvaríos propios de un proceso de cambios sociales que extravía su propio rumbo, propiciar que los sectores más reaccionarios tomen el poder interno para poner las cosas en blancos y negros, esa fue la estrategia.

De quienes?

Del imperialismo y sus servicios, remata Rulli.

Ninguna de las organizaciones guerrilleras se atribuyó de inmediato el atentado, por lo que los rumores florecieron.

Lo que sí se supo enseguida fue que era un comando integrado por nueve a once personas, las que dispararon desde tantos puntos diferentes que hizo imposible la defensa.

A eso debe sumársele el tipo de armamento empleado para perpetrar el crimen: armas largas de precisión, ametralladoras sin utilizarse, pero que estaban reservadas en caso de que Rucci lograra subir al auto o la defensa de los custodios fuera más efectiva.

Una de las primeras declaraciones oficiales fue la del general Miguel Ángel Iñíguez, el entonces jefe de la Policía Federal, aseguró que -hubo un llamado telefónico a la comisaría, una voz femenina que dijo pertenecer al ERP-22 de agosto  (en homenaje a los caídos en Trelew) y que -esa es la organización autora del asesinato.

Algunos mentideros no estaban muy convencidos.

Para ellos habían algunas piezas que no terminaban de encajar en la trama, si bien el ERP había sido declarado ilegal por decreto presidencial apenas un día antes, el lunes 24, su línea política no le permitiría atentar contra sindicalistas.

Finalmente los trascendidos indicaron que habían sido miembros de la organización Montoneros y no el Ejército Revolucionario del Pueblo, los encargados del magnicidio.

Para autores como Giussani, -los Montoneros, sobre todo tras el deterioro de sus relaciones con Perón, explicaban con frecuencia el asesinato de Rucci como un apriete dirigido al anciano líder para inducirlo a negociar un nuevo trato con la organización.

Sin dudas, si las organizaciones armadas habían determinado -ablandar las relaciones con Perón, rígidas y estancadas desde hacía tiempo, -tirarle el cadáver en la cara, era una forma que presión política, decían algunos, y se buscaba poner algunas condiciones con el Viejo.

Así se pretendería explicar el motivo por el cual los -montos no se adjudicaron el asesinato del brazo derecho del líder justicialista en el sindicalismo.

No obstante, continuaban las versiones.

No faltan los que atribuían la trágica muerte de Rucci a los servicios a una incipiente banda que luego se reconocería como la Triple A y hasta, a una provocación de la CIA.

Según la diputada nacional del Partido Justicialista por la Capital Federal Inés Pérez Suárez, a mediados de 1999, el hijo, la hija y quien fue la esposa de José Ignacio Rucci percibieron en el despacho del entonces ministro del Interior, doctor Carlos Corach, la indemnización que les correspondía por derecho, porque se comprobó en el dictamen del área de DD. HH. de ese Ministerio que José Ignacio Rucci fue muerto por la Triple A.

Por ese motivo, sus familiares fueron indemnizados y recibieron la reparación correspondiente.

Aclaro Inés Pérez Suárez que eso le constaba no sólo porque fuera una de las firmantes de esa resolución, sino también porque lo había presenciado junto al, entonces, Ministro del Interior, quien saludó a los familiares.

Es necesario hacer esta aclaración, porque tal como sucedió con el caso del padre Carlos Mugica, también existía alguna sospecha sobre quiénes eran los que habían matado a José Ignacio Rucci.

Sea como fuere, y a pesar de que muchos creen conocer la verdad con exactitud si uno analiza las consecuencias que tuvo ese asesinato, puede inferirse que, indudablemente, esa muerte beneficiaba a los sectores ligados con los intereses norteamericanos que serían los grandes beneficiados del golpe de Videla, Agosti y Massera.

La oligarquía nativa también firmaría su sentencia de muerte al ir desapareciendo frente a  la presión de las corporaciones dedicadas, desde allí en mas, a la producción agropecuaria y ganadera y a la compra de las tierras a lo largo y a lo ancho del país, dejándola progresivamente afuera del juego.

Cuando hay un asesinato, para averiguar quién fue el asesino la pregunta de rigor es :-¿A quién beneficia esta muerte?

¿Quién se benefició con la muerte de Rucci?

a): La Central obrera, los sindicatos, los dirigentes gremiales.

 –No. Definitivamente No.

La Dictadura del Proceso comenzó a detener a los miembros de las comisiones internas de las fábricas y a secuestrarlos, torturarlos, matarlos y hacerlos desaparecer.

Como resultado de esa masacre, de allí en más fue dándose un total retroceso de la clase trabajadora y de toda la industria que contrataba su mano de obra.

Con la apertura de la economía de la Dictadura del Proceso y la política de importación de José Alfredo Martínez de Hoz, su Ministro de economía, los puestos de trabajo fueron desapareciendo, día a día, hasta completarse durante el alfonsinato, el menemato y el período de la Alianza, cuando el Chacho Álvarez presionaba sus diputados a firmar la ley de flexibilización laboral que termino definitivamente con los derechos adquiridos por la clase trabajadora.

b): ¿Los Montoneros, el ERP, Las FAP, las FAR?

 –No definitivamente No.

A partir de la muerte de Rucci y sus custodios y compañeros se precipitó la caída del gobierno constitucional de la Señora de Perón, muerto ya el líder del Siglo XX, y, a poco tiempo de que se realizaran las siguientes elecciones nacionales, quedando el poder del estado en manos de una camada de asesinos entrenados por EE.UU. y por los instructores franceses que enseñaban a torturar a los detenidos hasta hacerles decir toda la información de que disponían para así poder atrapar a  sus compañeros.

Los Montoneros fueron secuestrados, torturados, muertos y desaparecidos por miles al igual que a los demás miembros de las organizaciones armadas del campo popular.

Quienes no fueron masacrados vieron masacrar a sus familias, lo que pudieron se tuvieron que ir del país y pasar años y años sobreviviendo en países lejanos al suyo con las consiguientes incomodidades, complicaciones personales, económicas, laborales, familiares, etc.

c): ¿A la burguesía PyME nacional?

 -No, definitivamente, No.

La inestabilidad generada en la sociedad argentina con estas y otras muertes de la Triple A generaría las condiciones para que fuera derrocado el gobierno constitucional y deviniera el gobierno de la Dictadura del Proceso que abriría la economía a la importación extranjera destruyendo todo el aparato productivo nacional.

d): ¿A la alta burguesía y la oligarquía?

–Si, definitivamente

Ellos fueron los primeros en asociarse a la importación de productos extranjeros y a organizar su economía generando una falsa deuda externa para el país a través de una serie de tejes manejes que culminaron con la estatización de la Deuda Externa privada, dejando sus ganancias en el exterior y generándole al erario público una carga negativa que todavía hoy tiene pendiente de pago, aunque también se pagó con la miseria y la pobreza generada a la comunidad argentina, quitándole su condición de trabajadora.

En el período de la Dictadura procesista se concentró la riqueza en unos pocos y la pobreza en la enorme mayoría del pueblo argentino, devastado y empobrecido.

e): ¿Al Departamento de Estado de los EE.UU?

–Si, indudablemente.

Ya estaba en marcha el Plan Cóndor elaborado por los servicios de los EE.UU. para transferirle a  los países de la periferia las enormes sumas acumuladas por los países petroleros, luego del nacimiento de la OPEP, que había sido absorbido por los Bancos de Occidente pero que generaban intereses que alguien tendría que pagar y eso éramos nosotros.

Por otro lado la independencia que generaba la línea económica del gobierno del general Perón, el pleno empleo logrado en poco tiempo, la soberanía política del gobierno argentino que podía imponerle a la Ford la venta de autos argentinos a Cuba rompiendo el bloqueo que los norteamericanos le habían impuesto a la isla comandada por la Revolución cubana, y los antecedentes tercermundistas del General Perón en sus años mozos, imponía una acción rápida y una presión destructiva de deterioro sobre las fuerzas que habían alcanzado el manejo de los recursos del Estado nacional.

No hay que olvidar que, aun después de la muerte del general, su viuda, a cargo del ejecutivo nacional, había avalado una Ley que nacionalizaba las bocas de expendio de las estaciones de servicio, lo que había dejado fuera del juego a la Shell, la Esso y otras compañías que operaban hasta entonces en el país.

Empresas que volvieron a operar en Argentina, apenas la Dictadura del Proceso se apoderó de la cosa pública.

La sinarquía internacional había matado a Salvador Allende en la casa de gobierno de Chile con bombas y metralla, como quisieron matar a Perón en la casa rosada en Junio de 1955.

¿Por qué no habrían de matar a José Ignacio Rucci, y con él, herir de muerte (así fué como sucedió en definitiva) al general Perón?

¿Acaso no habían demostrado su capacidad de producir sucesos catastróficos en la Colombia de Gaitán?

¿En el Santo Domingo de Bosh y Caamaño Deno?

¿En la Guatemala de Jacobo Arbenz?

José Ignacio Rucci fue un alfil de Perón comido en el ajedrez del enemigo de la Nación: el imperialismo.

No importa a través de que agentes, situaciones, instituciones, personalidades o circunstancias se valieron para ejecutarlo.

Por eso es y será siempre un soldado de Perón, un valioso dirigente de la clase obrera y un Patriota muerto en cumplimiento de su deber.

 

MG/

 

N&P: El Correo-e del autor es Martín García garciacmartin@gmail.com

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