La Multipolaridad y la Argentina. El sentido geoeconómico profundo de las coaliciones. Una experiencia histórica corrosiva.

ALIANZAS

Por Gabriel Fernández

Durante largo tiempo tuvo vigor la hipótesis de ponerse fino y exigente a la hora de construir acuerdos políticos. Asumiendo un lugar de verdad inhóspito para los demás, cada sector juzgaba al resto y concluía que su programa, o su trayectoria, o su metodología, no daban la medida.

Por Gabriel Fernández *
Radio Gráfica
20/09/ 2020

Es más: varias personalidades de nuestras tierras lograron prestigio acusando con más energía a los habitantes de sus barrios políticos que a los enemigos.

Aunque esto se extiende en varios espacios al presente, lo cierto es que tras la eclosión y dispersión del 2001 el movimiento nacional popular fue re aprendiendo que coaligar rinde sus frutos.

Vale una vuelta de tuerca: las rupturas de los armados elaborados trabajosamente son aún peores.

¿En qué estaría pensando Adolf Hitler en junio de 1941 al quebrar el pacto de no agresión entre Joachim von Ribbentrop  y Viacheslav Mólotov y desplegar la Operación Barbarroja?

¿Realmente creía en las tonterías que desgranó por entonces sobre los rasgos biológicos del pueblo ruso?

Lo cierto es que debilitó la posición alemana y desató la furia interior del Gran Oso; no fue sólo el Invierno quien acabó con el nazismo.

Hasta esa fecha, la Unión Soviética había provisto al estado nacional socialista germano los elementos más apreciados en una contienda: alimentos – combustibles – armas.

Esa fractura facilitó una hegemonía anglosajona formidable que recién en los años recientes ha comenzado a deshilacharse.

Como China todavía no “existía” en el plano internacional con la energía que hoy le conocemos, la posguerra tuvo que ser afrontada por la URSS en situación desventajosa, pese a su rol central en la victoria.

Lo cierto es que la comandancia alemana en la Segunda Guerra Mundial evidenció con ese movimiento que no representaba cabalmente el interés profundo de su pueblo y de su potencial geoeconómico.

Pese al apoyo masivo alcanzado en primera instancia, el menoscabo de la fuerza propia al priorizar una política de “principios” –que además era equívoca en su misma esencia- la encaminó a la derrota.

Hay otros ejemplos más cercanos, menos restallantes, pero en todos los casos es preciso recordar que los grandes bloques económicos y sociales no se modifican de un día para el otro, por lo cual la habilidad de agrupar intereses confluyentes es una de las premisas del éxito.

En nuestro país el peronismo configuró un enorme paso adelante en ese sentido: logró superar con madurez al federalismo del siglo XIX, heroico y con razones, pero corroído por diferencias internas que llevaban a sus fracciones a guerrear alternativamente contra unitarios y contra potenciales o ex aliados.

Tal vez la gran frustración nacional pueda situarse en los albores, con la ruptura de la Liga de los Pueblos Libres provocada por las reyertas de Ramírez, López y Artigas.

Tras la experiencia yrigoyenista, el emergente movimiento nacional no sólo aunó vertientes múltiples sino que, con sabiduría refrendada por la picardía, se jactó de ello. Juan Domingo Perón dejó en claro, varias veces, que no le importaba el origen de los adherentes.

Y en cuanto al camino, mucho más allá de programas circunstanciales lo elaboró desmalezando en la acción con la premisa de priorizar el interés profundo de la Nación y del Pueblo que la habita.

Su explicación se denominó Proyecto Nacional y la necesidad enlazada con la convicción lo articuló en base al concepto de Comunidad Organizada.

De ahí que las articulaciones, habitualmente desdeñadas como bolsa de gatos, hayan brindado dinamismo y persistencia al peronismo.

El lector avispado comprende que la fuerza del planteo desplegado en estas líneas está subrayado por el ejemplo escogido para arrancar.

Pocos sucesos en la historia humana revuelven la mente como aquella alianza entre el comunismo ruso y el nazismo germano. Pocos, a su vez, muestran la trascendencia de valorar la geoeconomía de fondo por sobre los discursos.

Pocos, también, dan cuenta de lo que implica quebrar un pacto.

Hasta el día de hoy, pese a la tensión Multipolar, a Gazprom y a la necesidad de sacudirse al poder financiero, Rusia sigue observando de soslayo el acercamiento alemán.

A ver si todavía vuelven a refugiarse sobre la polaridad negativa de la contradicción hegeliana y tiran todo por la borda.

El comentario sobre “los discursos” no debe ser malinterpretado.

En modo alguno refiere al espíritu, la cultura, las tradiciones y por supuesto los derechos de cada pueblo.

Al revés: la afirmación de lo propio en desarrollo, sin imágenes fijas que encapsulen, favorece las coaliciones pues quien está seguro de sus rasgos no necesita devaluar al otro.

La acusación horizontal fuerza el hallazgo de taras y desviaciones ajenas, colocando las dificultades por fuera de la construcción asentada y genuina.

La paja, la viga.

En este presente más vale a los liderazgos disipar el humo mediático y asentarse en la vinculación Papa –Eurasia –Brics – Asean – Irán – Argentina, a la espera del retorno de quienes recientemente, por estos pagos continentales, han perdido el rumbo.

La mesa sobre la cual este periodista apoya su máquina es lisa y oscura.

Funciona.

Sin embargo, si en vez de observarla desde unos 15 centímetros razonables se toma una lupa y se enfoca un fragmento para lograr una imagen muy amplificada, se descubren imperfecciones, rayas, irregularidades.

El que busca, encuentra; y cuando los coaligados prefieren realzar el detalle sinuoso del andar ajeno, empiezan a construir el quiebre.

Lo cierto es que la mesa no será perfecta en cada milímetro, pero cumple bien su rol y muchas cosas importantes están apoyadas sobre ella.

No ganará el premio a la mejor mesa; podrá decirse que en otros lugares se fabrican con mayor perfección.

Pero si hoy no está, si la dejamos de lado por esos raspones, será difícil disponer del teclado, el CPU, la pantalla y el mouse. 

¿Y dónde posar el mate que acompaña estas reflexiones?

Los grandes espacios de opinión en la Argentina no se han modificado a lo largo de la historia reciente. Al menos, no tanto como se pretende. 

A decir verdad una zona de la sociedad se ha impuesto sobre otra cuando logró congregar toda su propia región de influencia.

Las fracturas debilitaron a unos y otros alternativamente.

La pugna nación – antinación ha resultado persistente y los resultados en cada tramo han sido ostensibles, palpables.

De allí que señaláramos sobre el comienzo de la gestión del Frente de Todos que las tareas fundamentales eran profundizar la alianza propia y promover la ruptura de PRO Cambiemos UCR.

De allí, además, que los medios concentrados exijan su imaginación a fondo para gestar alguna fisura entre el Frente para la Victoria y el Frente Renovador, al interior del kirchnerismo, en el seno del movimiento obrero, entre trabajadores y franjas medias, entre peronistas y progresistas.

Así siguiendo.

En ocasiones se confunde el cuidado de una coalición con el silencio.

Eso es otra cosa. Es válido debatir en tanto y en cuanto se reafirme la vocación frentista.

Quien esto escribe, por caso, está alarmado ante los errores de análisis vertidos por el teórico Noham Chomsky en la Internacional Progresista y  por la ausencia de réplicas a su planteo, que contiene cerca de un 90 por ciento de inexactitudes.

Pero ni por las tapas se le ocurre gritar “fuera de aquí progresistas” cuando todos sabemos, si nos miramos francamente hacia dentro, que el gran logro en las primeras décadas del siglo en curso ha sido la aproximación de esa zona antes reacia al nacionalismo popular, a un armado que prioriza los ejes Pueblo – Nación.

Así ocurrió con Néstor Kirchner al frente, con Cristina Fernández luego y con Alberto Fernández en la actualidad.

El rechazo a este segmento fue objetado en nuestro texto “Idealizaciones” donde se recuerda que muchos evocan un peronismo que nunca fue.

En el mismo tono polémico sin ruptura con las cercanías, es pertinente apuntar al otro flanco.

Pues también están quienes comprenden el crecimiento conceptual y el accionar político de la Rusia de Vladimir Putin, admiten el volumen de la tarea papal, pero bajan el precio a la solitaria y equilibrada trocha angosta por la cual transita la Argentina.

En un marco de referencia regional hostil, nuestro país se ubica como una delicada fase de esa Multipolaridad y hoy como ayer varios aprehenden todo menos lo que tienen delante de las narices.

El gobierno argentino es el más importante apoyo en América del puente hacia la nueva etapa que se viene construyendo en el orden planetario.

En el mediano plazo se trastrocarán los callejones sin salida de Brasil y Bolivia; entonces será valorada la bandera en alto que por estas horas ha alzado nuestra castigada Patria.

La dirigencia rusa de fines de los años 30 tenía razón.

El camino era la coalición regional euroasiática en contraste con el eje anglosajón liberal.

¿Alguien garantizaba hacia dónde se inclinaba la orientación del proceso?

Después se vería. La conducción alemana por aquél entonces, estaba hondamente equivocada.

El peronismo desplegó su razón en este rincón del mundo acostumbrado a pensar y a señalar el sendero.

Estamos asentados acá, indicó, y vengan todos, qué importa si son marxistas o fascistas, qué importa si son conservadores o socialdemócratas, vengan todos porque si no nos agrupamos el hilván anti nación – anti pueblo se fortalecerá.

Por supuesto que si enfocamos a cada uno de los nuestros con esos lentes de aumento tan potentes, hallaremos demasiadas erratas, pasos en falso, agachadas y deserciones.

Es que así es la vida.

La frase reciente iba a ser: así es la política.

Pero quedó como se observa porque todo es más interesante de lo que parece.

Vamos matear serenamente; a evaluar cada párrafo y a releer aquello que resulte necesario.

La semana venidera volveremos con nuestras Fuentes Seguras.

En esta ocasión, preferimos situar el pensar, para que su movimiento sea también parte de su equilibrio.

GF/

  • Area Periodística Radio Gráfica / Director La Señal Medios / Sindical Federa