Parámetros para financiar el desarrollo argentino sin acceso al crédito externo e inversiones extranjeras.

LA POLÍTICA FINANCIERA DEL PRIMER PERONISMO

Por Aritz Recalde*

El 25 de marzo nacionalizó el Banco Central con el decreto-ley 8503/46 y el 24 de abril reorganizó el Régimen de Depósitos bancarios con el decreto-ley 11.544/46. Según Antonio Cafiero la iniciativa fue inducida por el mismo Perón y supuso la “primera medida del gobierno electo el 24 de febrero”.

Por Aritz Recalde
DIAGONALES
25/05/2020

Parámetros para financiar el desarrollo argentino sin acceso al crédito externo e inversiones extranjeras.

La necesidad estratégica de implementar una reforma financiera y comercial orientada hacia el sector productivo y social

En la antesala de la asunción de Juan Domingo Perón, Edelmiro J. Farrell modificó el funcionamiento de las instituciones financieras del país.

El 25 de marzo nacionalizó el Banco Central con el decreto-ley 8503/46 y el 24 de abril reorganizó el Régimen de Depósitos bancarios con el decreto-ley 11.544/46.

Según Antonio Cafiero la iniciativa fue inducida por el mismo Perón y supuso la “primera medida del gobierno electo el 24 de febrero”.

El Banco Central había sido creado en 1935 luego de la crisis bursátil y económica de los años treinta.

Alfredo Gómez Morales puntualizó que la reforma monetaria y bancaria de 1935 incluyó un “salvataje financiero de los pocos privilegiados” que “conducían con hilos invisibles los resortes de la política y del gobierno del país”.

En el mismo sentido, Antonio Cafiero mencionó que en 1935 salvaron “de la ruina económica a los bancos e instituciones financieras privadas y extranjeras que durante la época precedente a la crisis del año ‘30 se habían dedicado a toda suerte de préstamos especulativos”.

Con la reforma de 1946, el directorio del Banco Central fue nacionalizado y salieron los accionistas de las entidades bancarias privadas.

A partir del decreto-Ley 8503/46, el directorio se integró con representantes de los bancos oficiales (Nación, Hipotecario e Industrial), con delegados de las Secretarías de Estado (Hacienda, Agricultura, Obras Públicas, Industria y Comercio y Trabajo y Previsión).

Lo constituyeron además, cinco “representantes auténticos” de la industria, de la agricultura, la ganadería, el comercio y de las “fuerzas del trabajo”.

En palabras de Gómez Morales, a partir de 1946 “se formó un directorio netamente argentino”.

El decreto 8503/46 puso bajo la órbita del Banco Central a los bancos públicos, a la Caja Nacional de Ahorro Postal y a la Comisión Nacional de Vivienda.

Incluyó a los entes reguladores del comercio como el Consejo Agrario, la Comisión de Granos y Elevadores, la Corporación para la Promoción del Intercambio y diversas Comisiones y Juntas (yerba mate, lecheras, industriales, carnes, vinos, algodón, azúcar, etc.-).

La norma puntualizó que la política monetaria “no puede trazarse según normas aisladas y distintas de las que inspiren la política económica del Estado”.

Alfredo Gómez Morales detalló que el Banco Central nacionalizado se puso en línea con el plan de “promoción e independencia económica” trazados por el Poder Ejecutivo, en base a los estudios del Consejo Nacional de Posguerra.

La nueva distribución de las divisas facilitó la implementación del programa de fomento industrial y la reposición de bienes de capital.

El Banco favoreció la justicia social y la creación de un mercado interno pujante.

Con la reforma introducida por el decreto-ley 11.554/46 el Banco Central tomó la garantía de todos los depósitos, dejando en cada banco particular el trato con los clientes que mantenían sus cuentas y servicios.

La medida permitió reorientar el destino del ahorro nacional y Alfredo Gómez Morales destacó que “Antes los bancos daban al que pagaba mayor interés (…)

Hoy no se presta dinero sólo con criterio comercial sino en atención, además, al interés general”.

Antonio Cafiero puntualizó que la reforma financiera del Justicialismo tuvo cinco grandes aciertos:

– Fortaleció la soberanía económica nacional y las decisiones pasaron del sector bancario especulador extranjero al Estado, que es el promotor de los intereses de la colectividad.

– Le dio al Banco Central la función de promover el desarrollo integral de la Nación y se implementaron potentes líneas de crédito industrial superando la tradicional ortodoxia monetarista.

– Auspició una política activa de control de cambios protegiendo el consumo del mercado interno y al empresario argentino.

– Ordenó y potenció la banca pública.

El Banco Industrial financió la industria y la minería; el Banco Nación la actividad agraria, el comercio y las acciones de colonización y de impulso a la inmigración; el Banco Hipotecario se dedicó a sufragar viviendas; y la Caja Nacional de Ahorro Postal se abocó al fomento del pequeño ahorro y otorgó préstamos de consumo.

– Permitió una utilización nacionalista de las reservas y se destinaron, centralmente, a importar bienes de capital, a rescatar la deuda externa y a nacionalizar los servicios públicos

La Argentina hace dos años que está en recesión, tiene una pobreza cercana al 40% y un desempleo superior a los dos dígitos.

El país requiere, con suma urgencia, formular e implementar un programa integral de desarrollo que revierta este sombrío panorama.

En el actual escenario de crisis sanitaria, productiva, social y financiera mundial los países están cerrando sus economías y sus fronteras.

Para financiar el desarrollo argentino no tendremos acceso al crédito externo y tampoco a inversiones extranjeras.

Frente a ese escenario, se torna estratégico implementar una reforma financiera y comercial que oriente hacia el sector productivo y social el ahorro interno y las divisas.

Con este fin, es bueno analizar la solución que encontró el gobierno peronista y retomar algunas de sus enseñanzas.

AR/

*Sociólogo e investigador. Docente universitario. En co-autoría con Sebastián Tapia: economista y asesor bursátil