Sin límite en la radicalización editorial. La andanada opositora pasa del Presidente a Massa y al papa Francisco.

SIN LÍMITE

Por la Redacción de COMUNA.

Los títulos del lunes 31 de agosto confirmaron que los legisladores macristas iban a cumplir con el diseño anticipado en Clarín y La Nación durante la semana anterior, cuando varios columnistas tipearon el guión que debían seguir: no sesionar. Dos días antes de la controversia en Diputados, estos diarios lo anticiparon

Redacción de

COMUNA

06/09/20

La andanada opositora pasa del Presidente a Massa y al papa Francisco.

Caos institucional, la propiedad privada amenazada y un presidente postrado y “desconcertado” son los pilares del relato de la prensa opositora para la estrategia que busca arrasar el mandato popular expresado hace diez meses y maniatar al Gobierno, al que le exige un plan contrario a lo que le pidió la ciudadanía.

El extraordinario caso de la grabadora del pensamiento y el del gobernador conservador que es visto como kirchnerista.

Los títulos del lunes 31 de agosto confirmaron que los legisladores macristas iban a cumplir con el diseño anticipado en Clarín y La Nación durante la semana anterior, cuando varios columnistas tipearon el guión que debían seguir: no sesionar.

Dos días antes de la controversia en Diputados, estos diarios anticiparon que el dispositivo contra el Gobierno ya tenía resuelto recurrir a la justicia para asegurar el bloqueo político que es, de fondo, un plan de crisis institucional.

Para este proyecto de poder quedó incluso corto el discurso del sometimiento de Alberto Fernández a Cristina Kirchner, la reiterada presentación de un presidente imposibilitado o incapaz de gobernar: ahora también Sergio Massa, afirman, consuma en la Cámara de Diputados las órdenes diabólicas y por eso quiso él chocar con los legisladores macristas, los únicos republicanos, garantes de la democracia.

La imposición del clima de desastre institucional convive con otros resortes discursivos ya empleados cuando los sectores dominantes echan mano de la clase media como fuerza de choque.

Para eso la ametrallan con el fantasma del inminente arrasamiento de la propiedad privada, para lo cual sirve el despliegue sobre hechos reales, como los conflictos por la tierra y la extensión de asentamientos precarios, y los inventados, como una oleada de ocupaciones de casas de veraneo en la costa atlántica, desmentida por los intendentes.

Para estas finalidades, Clarín, Infobae y La Nación le negaron espacio e importancia al anuncio gubernamental del “plan de seguridad”, que busca otra vez satisfacer el reclamo de despliegue de patrullas, policías y gendarmes.

La información de estos anuncios duró menos que un suspiro en los lugares mediáticos más visibles, para insistir varias veces en estos días con las tapas combinadas, como ya es costumbre, sobre un avasallamiento imparable de propiedades privadas.

Lo que pareció una desafortunada ocurrencia de Eduardo Duhalde, cuando instaló la idea del golpe, sigue siendo aprovechada en la estrategia compartida por columnistas y los ultras del macrismo. Carlos Pagni había hecho propaganda a Elisa Carrió diciendo que el golpe del que habló Duhalde lo lleva adelante la vicepresidenta. “Los dos Kirchner, con no pocas complicidades, están perpetrando el verdadero golpe”, publica el domingo 6 Morales Solá en La Nación.

Pero tampoco atacar a Massa les alcanza: Clarín la emprende el mismo día contra el Papa, cuando dice que Carrió le escribió al Pontífice para acusarlo de “bendecir” a un “gobierno de corruptos, de sindicalistas mafiosos” y al también demonizado dirigente social Juan Grabois. Fioriti de Clarín dice, como es ya habitual sin fuente alguna, que la tantas veces retirada dirigente del macrismo recibe felicitaciones de jerarcas católicos argentinos cuando embiste a Francisco.

Este océano de manipulaciones políticas y mediáticas se recuesta en la discusión de fondo, en curso en todo el mundo: quién paga la mayor parte de la crisis económica que el modelo mundial de acumulación ya había desatado, y que la pandemia por el coronavirus no hizo más que agravar.

La síntesis está dada en el primer plano que Clarín le da en tapa al pliego de exigencias de los empresarios de AEA, entre los que están los dueños de ese grupo: “garantías” para la propiedad privada; pagar menos impuestos de los ya muy pocos que pagan; nada de control de precios; nada de regular servicios esenciales como teléfonos e internet.

En suma: nada que se parezca al mandato que Alberto Fernández recibió en las urnas, sino todo lo contrario.

Esta toma de posición es idéntica a la que una semana antes Clarín había resumido en unos supuestos documentos que elaboraba el macrismo para hacer una “propuesta” al país.

Si fuera propósito del Presidente calmar a las fieras opositoras invirtiendo gran esfuerzo cuando se presta con enorme paciencia a ser embestido en sus templos mediáticos, se diría que el resultado aún no es visible. Van der Kooy habla el domingo de una “inmensa crisis”, de “estado de descomposición”, de un país en el que “no existe ningún horizonte que ofrezca expectativas”.

El Presidente, insiste, aparece “sobrepasado, desorganizado”. Liotti en La Nación cumple la misma orden con palabras apenas diferenciadas: El Presidente “simula, obedece”, y aparece “desconcentrado y desanimado”.

Y si este Presidente pareciera capaz de hacer anuncios que pudieran serle favorables, pues la decisión es primero bajarles el precio, llevarlos a segundo plano, y después simplemente ignorarlos.

Es lo que ocurrió con el acto de significativa potencia política respecto del anuncio del acuerdo por la deuda, en que Alberto Fernández estuvo con su vice, con gobernadores y ministros, en fin, lo que en cualquier país podría ser considerado un gobierno compacto.

Pero no lo pueden permitir estos medios, que quisieron sepultar la potencia de ese acto apurando la noticia sobre la identificación del cuerpo de Facundo Astudillo, un acto de avasallamiento a la propia víctima, inhumano con sus dolidos familiares, y desaconsejado en el más tímido de los manuales de ética periodística.

El extremismo opositor no tiene miramientos aún con viejos aliados, con políticos mimados y protegidos por el sistema mediático convencional.

El sábado Clarín le reprochó a Schiaretti, el “peronista” más macrista de la Argentina, porque “vocifera contra Cristina y en la Cámara la acompaña en silencio”.

Al día siguiente La Nación copia y pega: Los diputados de Lavagna y Schiaretti son “solidarios con el kirchnerismo”, publicó Morales Solá.

La magnitud de estos ataques -que, por caso, incluyen la acusación de La Nación a Kicillof y Cristina Kirchner de ser quienes organizan ocupaciones de tierras- hacen empalidecer un hecho revolucionario que deslizó Carlos Pagni en La Nación, el martes.

En su acostumbrado “análisis” contra el kirchnerismo, pretende describir la “estrategia” de la vicepresidenta y quiere convencer a lectores y lectoras de que accedió a su pensamiento, palabra por palabra.

Publica una frase entrecomillada de lo que ella “piensa”, lo que da a entender que fue creada la máquina capaz de grabar el pensamiento y luego reproducirlo.

Un acontecimiento mundial, debido a la sagacidad del periodismo independiente argento.

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