Los grandes medios despliegan metáforas biologicistas. La vicepresidente es relatada a través de la estructura narrativa del virus: invisible, en continuo avance y con alta capacidad de contagio.

ATENTOS Y MILITANTES

Por Daniel Rosso

¿Qué debe hacer el Presidente según los medios hegemónicos? Debe alejarse del virus. Tomar distancia de la anomalía de la política argentina: Cristina y el Cristinismo. Hay sólo dos movimientos posibles ante ella: marginarla o someterse a su avance permanente.

 

 

Por Daniel Rosso

 

Los grandes medios despliegan metáforas biologicistas. La vicepresidente es relatada a través de la estructura narrativa del virus: invisible, en continuo avance y con alta capacidad de contagio. Según estos medios hegemónicos, ese virus ha ganado posiciones: ha logrado avanzar en el cuerpo del gobierno y ha acelerado su trabajo de destrucción y colonización.

Sin embargo, hay diferencias en el relato de estos medios: mientras el coronavirus destruye hasta matar, el cristinismo avanza y ocupa espacios. No actúa por eliminación: actúa por sustitución. Ella ya está dentro del organismo del gobierno y, desde allí, intenta destituir ministros para cambiarlos por otros que le respondan, que tengan mayor velocidad y políticas propias.

Es decir, esta máquina de ocupar territorios no mata: se apropia. De espacios de poder, de organismos del Estado, de propiedades privadas. Se queda con todo lo que encuentra a su paso. Es un virus acopiador. Y es, también, un virus autoritario: porque todo lo que toca lo homogeniza. Lo vuelve igual a sí misma. Por eso, en este relato obsesivo de los grandes medios concentrados, el Presidente Alberto Fernández se mimetiza con la Vicepresidenta Cristina Fernández. El virus ya invadió al Presidente.

De allí que, los que odian al virus cristinista es porque, en el relato que hacen de él, se les parece demasiado: es un virus intruso que desarrolla las mismas prácticas que ellos llevan adelante. Es un virus que apropia y acopia. El Capital describe a la política gubernamental con la lógica del Capital. Como un nuevo Dios, hace a Cristina y al Cristinismo a su imagen y semejanza. De allí que el movimiento de la política adquiere la misma forma que el movimiento del dinero: mediante el relato global de la corrupción la política no manipula políticas sino que manipula capitales.

Entonces, odian el relato que ellos hacen de lo que odian: del virus cristinista acopiando y apropiando igual que ellos que acopian y apropian. Es decir: odian lo que lo odiado tiene de ellos. El capitalismo funciona con un solo relato y, para ello, los medios hegemónicos construyen al oponente a través de un espejo que los refleja.

En esa metáfora biologicista de los medios hegemónicos, la radicalización del Presidente es como la fiebre: es el indicador de que está bajo el control del virus. Es la demostración de que el cuerpo presidencial está habitado por otro cuerpo: el del virus cristinista, con el que se ha mimetizado. Por eso, ese cuerpo ha sido ocupado por el autoritarismo y ha sido homogeneizado.

¿Qué debe hacer el Presidente según los medios hegemónicos? Debe alejarse del virus. Tomar distancia de la anomalía de la política argentina: Cristina y el Cristinismo. Hay sólo dos movimientos posibles ante ella: marginarla o someterse a su avance permanente.

¿Qué pasa si no lo hace? Pasa lo que expresó “el loco Duhalde”: la posibilidad de una crisis institucional. El discurso de Duhalde se sitúo por fuera del pacto democrático de 1983 y por ello resulta impronunciable. En la Argentina, ese discurso sólo puede aparecer como un discurso imposible. Por eso, el mismo Duhalde lo remitió a una experiencia “psicótica”.

Sin embargo, fue llamativa la operación posterior de los grandes medios: allí donde el ex Presidente se situó en los bordes de lo impronunciable varios columnistas aparecieron previendo futuras crisis institucionales.

Es decir: lo que no se puede decir habilitó a decir lo que no debería decirse. Y así van corriendo los límites para intentar frenar el avance del virus Cristinista. Habrá que estar atentos y militantes.