Por estas horas surgió, en nuestro país, el debate en derredor de la toma de tierras por parte de organizaciones sociales.

TOMA DE TIERRAS. SOBRE FUNCIONES, NIVELES Y REPRESENTACIONES

Por Gabriel Fernández

Su gente necesita un lugar y ellos sostienen su demanda. Esa es su función. No la de respaldar acríticamente la gestión. Cuando todo se torna monocorde, se confunden los niveles y se termina dejando a las franjas populares sin opción para la búsqueda de soluciones porque por una u otra vía hallarán canalización. Sobre todo en la Argentina, donde el más humilde mira a los ojos y dice “esto, me corresponde”.

 

 

Por Gabriel Fernández *

 

Trabajaba en Prensa Latina. Último tramo de los años 80. Nos enteramos de la presencia en la Argentina del secretario general de la CGT de Cuba y fui a entrevistarlo. El hombre, panzón como tantos compañeros, respondió a todas mis preguntas como si fuera agente de turismo de la isla y no representante gremial. No le entraban balas: que no hay problema salarial alguno, que no hay diferencias entre los trabajadores del turismo y el resto, que la situación laboral en el campo está garantizada por la Revolución. Yo ya conocía Cuba y respaldaba su sendero tanto como hoy, pero había percibido dificultades ostensibles, cuya resolución hubiera facilitado el zanjar realidades injustas.

Además, el dirigente tenía la garantía de un tratamiento adecuado de la información por parte de nuestra agencia, debido a la configuración esencial de la misma. Pero no había manera. Visiten Cuba, nuestros paisajes, nuestra gente, el mar, la playa y los hoteles. Entonces pensé: no quiero una dirigencia social así. La mejor manera de apoyar un gobierno radica en la discusión franca para mejorarlo partiendo de la defensa –razonada, dialogada- de los intereses populares. La nota que plasmé tras la entrevista fue fiel a las palabras del sindicalista; fría, distante y negadora de todo conflicto de intereses. Si había venido al país para promover el turismo en vez de conversar con sus pares, yo no tenía porqué transfigurar su voluntad.

Por estas horas surgió, en nuestro país, el debate en derredor de la toma de tierras por parte de organizaciones sociales. Hemos visto los cruces de Sergio Berni y –hace pocas horas- de Sabina Frederic con los dirigentes de las organizaciones sociales. Y mucho más allá de las razones esgrimidas por un espacio y otro, quiero expresar mi satisfacción por la decisión de los organizadores de base de sostener las necesidades y exigencias de sus representados por encima de las exigencias estatales y legales. Ni siquiera me adentro, en estas líneas, en quién tiene razón o no. Pero si quiero señalar que de poco sirve una conducción de CGT que firme por salarios a la baja, así como referentes sociales que, a cambio de cargos, olviden las dificultades por las que atraviesan sus bases en materia de vivienda.

Guiarse por quién nos cae bien o mal es un error político de individuación carente de sentido. Que alguien diga “no me gusta el proceder del Chino Navarro o de Emilio Pérsico porque antes acordaron con tal o cual” o porque “deberían evitar complicaciones al gobierno” me tiene sin cuidado. Su gente necesita un lugar y ellos sostienen su demanda. Esa es su función. No la de respaldar acríticamente la gestión. Cuando todo se torna monocorde, se confunden los niveles y se termina dejando a las franjas populares sin opción para la búsqueda de soluciones porque por una u otra vía hallarán canalización. Sobre todo en la Argentina, donde el más humilde mira a los ojos y dice “esto, me corresponde”.

Es fácil cargar contra las organizaciones sociales. Pero lo cierto es que tenemos organizaciones sociales.

 

 

 

  • Director La Señal Medios