Solo su participación activa la de las grandes mayorías puede asegurar su liberación y la revolución que todo lo cambie definitivamente.

EL PUEBLO TIENE UN ROL HISTÓRICO QUE CUMPLIR

Por Carlos Valle*

Las grandes modificaciones, en la historia de la humanidad, fueron obra, primero, del pensamiento y el impulso de quienes las concibieron y proyectaron, pero fue la presencia y la fuerza de los pueblos, la que forjó los cambios y las revoluciones, no necesariamente sangrientas, más, en muchos casos, inevitablemente cruentas.

Por Carlos Valle
NAC&POP
28/08/ 2020

Todo el mundo tiene puesta su atención -y su mirada-, en lo que vendrá, en la post pandemia y en las consecuencias que se habrán de proyectar, hacia el futuro, no pudiendo evitar esa exacerbación de la sicosis colectiva, que lo atrapa, creándose una telaraña que le impide pensar -y tal vez-, actuar.

En esa senda, todo conduce a una desazón, que atrapa, asimismo, a los más experimentados; a los poseedores de un pensamiento crítico, filosófico, o a de la conjunción de ambos; lo político y lo económico son fundamentales, por cierto.

Si no se deja de afirmar -como una tara y una trampa-, que el capitalismo es el único sistema posible, no se podrá avanzar y -mucho menos-, terminar con los tabúes; con los traumas; con los prejuicios y esa cultura impuesta e incorporada, de que todo es ortodoxo y que no es posible cambiar las reglas.

James Petra, entre tantos, advierte sobre la necesidad de cambiar la condición de esclavo, desde el pensamiento; porque, primero, hay que sentirse mentalmente libre, despojado de esas cadenas con que nacemos -todos-; esas cadenas que nos han condicionado, desde el principio de los tiempos.

Previamente, Hegel, Marx; Juan B. Justo en la Argentina; Lenín, Mao, Gramsci, Althusser y tantos más, profundizaban el pensamiento que nos ocupa.
Perón,-para nosotros, sintetizó y llevó adelante la conquista de derechos, al frente del formidable Movimiento Nacional y Popular -por ende, Revolucionario, con la impronta de la inquebrantable Evita.

El condicionamiento; el miedo a pensar y a ser libre -además de ese prejuicio que señalaba-, como producto del lavado cerebral y enjaulado, creado y esquematizado, para imponer al individuo, desde lo grupal y hasta lo profundo del ser, son esa armadura; ese cerco y esa cadena, que crean tal grado de dependencia sicológica, que le parezca lógico y correcto, no deber leer; ni deber expresarse, desde lo intelectual; lo filosófico; lo político y lo económico, desde esa óptica.

Quienes estudiamos economía, por ejemplo, hace muchas décadas, teníamos, entre otros textos de estudio, “El Capital” -el cual fuera prohibido más de una década después, por Onganía-, o sea que era natural leerlo y analizarlo, como al resto de los tratadistas de tal corriente.

A Perón, no le era ajeno tan difundido compendio, como, tampoco, los de los enciclopedistas, que conformaban el “equipaje” de San Martín; esa biblioteca cuyos libros hacía leer a sus hombres -en los fogones de la travesías- y fueron la base de una de las grandes bibliotecas de Suramérica.

Las conexiones con las ideas de Mayo y con otras generaciones de argentinos, estuvieron a la vista, desde siempre.

Pero, siempre, estuvo prohibido pensar y apartarse de normas culturales afines, directamente, o no, del colonialismo salvaje, que nace, en América, de la mano del genocidio más atroz de la historia de la humanidad, con el asesinato de 200 mil millones de hermanos originarios, bajo la cruz y la espada; latrocinio por el cual pidió disculpas -en nombre de la gran institución ecuménica que encabeza-, con un coraje y una dignidad propia de la dimensión y la mente de Francisco.

La presencia de esa ideología -porque se trata de la ideología de los que se declaran en contra de las ideologías-, fue la constante, en todos y cada uno de los actos y las manifestaciones, contrarias a la Patria de los argentinos; a su pueblo y a su historia, en pos de la justicia y de la libertad; de la independencia, la soberanía y la dignidad nacional.

Es la ideología de la esclavitud; de la sumisión y la dependencia, de las naciones y de su ciudadanía -que de ser por ellos, no existiría-.

Y voy al fondo de la cuestión, negando la afirmación de que, lo único posible, es ese capitalismo vinculado al colonialismo.

Insisto en que el camino es otro; es el que tiene que ver con la ruptura definitiva con la esclavitud y las cadenas -hablando metafóricamente, claro está, en función de las formas que tiene hoy la explotación del colectivo y la propia servidumbre.

En principio, es impostergable que el pueblo tome el papel protagónico que le corresponde y que debe tener conciencia que le corresponde.

Las grandes modificaciones, en la historia de la humanidad, fueron obra, primero, del pensamiento y el impulso de quienes las concibieron y proyectaron, pero fue la presencia y la fuerza de los pueblos, la que forjó los cambios y las revoluciones, no necesariamente sangrientas, más, en muchos casos, inevitablemente cruentas.

El colonialismo salvaje -que nunca cede- y la ignorancia de grupos rehenes -convertidos en masa amorfa, al servicio en forma ciega y absurda de sus verdugos-, precipitan la violencia no deseada.

Estamos frente a una circunstancia inédita, que podemos tornarla en favorable, en camino a la conquista de un mundo mejor

Todos los organismos mundiales -particularmente los que sucedieron a la segunda conflagración mundial-, se crearon bajo ese lema y fracasaron, no porque las utopías no puedan realizarse, sino porque los dueños del mundo lo impidieron.

En lo interno, a futuro corresponde fortalecer una economía cooperativa, como la mejor forma de practicar una justa distribución de la riqueza (las cooperativas de trabajo y afines, distribuyen equitativamente el resultado económico de su producción, servicio, etc.); con ellas, las PYMES y las microempresas, generadoras de un alto porcentaje de mano de obra en actividad; teniendo como meta el pleno empleo.

Se trata del imperio de la justicia social, como base de una sociedad de bienestar, debiendo estar acompañada de cambios de fondo en la economía, basados en un Banco Central soberano.

También, en la regulación y control de las exportaciones; en cancelar las concesiones otorgadas de los servicios públicos esenciales (DD. HH.), en virtud de la estafa a los usuarios y consumidores; el incumplimiento de las cláusulas contractuales; la falta de inversión y mantenimiento; la evasión de impuestos; el cobro de indemnizaciones ilegítimas, otorgado por el régimen anterior y la fuga de divisas a guaridas fiscales.

Asimismo, en la inmediata decisión de fijar el aporte del 1% a las 15.000 fortunas mayores del país; en una reforma tributaria que establezca que los que más tienen deban aportar más, proporcionalmente, eliminando impuestos a los alimentos e insumos que atentan contra la calidad de vida de quienes poseen menores recursos.

Existe una cantidad de medidas más, destinadas a robustecer al Estado y a dignificar la vida del pueblo, que deben ser ya implementadas y que hacen públicas los economistas heterodoxos, cotidianamente.

En materia de socios estratégicos, para desarrollar tanto ciencia cuanto tecnología; dinamizar los recursos energéticos y acrecentar la explotación de toda la gama de ese inmenso potencial que posee nuestro país, deben realizarse convenios múltiples, en especial con la República Popular China y la Federación Rusa, continuando en la tarea común con Brasil.

Todo ello, cambiará radicalmente la posición del país ante el mundo, recuperando nuestra soberanía integral; tal decisión, no solo nos devolverá la Soberanía y la Independencia Económica, sino que hará realidad la tan anhelada Justicia Social.

CV/

 

N&P: Carlos Valle es presidente de la Confederación General de Jubilados, Retirados, Pensionados y Adultos Mayores del país.