La palabra “golpe” es llevada al primer plano por columnistas de Clarín y La Nación, a pesar de que simulan tomar distancia de los dichos del ex presidente Duhalde.

LA PRENSA OPOSITORA AGITA EL FANTASMA DE LA INESTABILIDAD

Uno de los extremistas es el jefe de redacción de Clarín, Kirschbaum, quien pone a Alberto Fernández en “la cuerda floja”. Como telón de fondo, sigue la defensa a ultranza de la caja de las empresas de telecomunicaciones y de las bandas judiciales cautivas.

 

 

COMUNA

Operetas

30/08/20

 

Las declaraciones de Duhalde aprovechadas a fondo. El presidente “en la cuerda floja”.

La palabra “golpe” es llevada al primer plano por columnistas de Clarín y La Nación, a pesar de que simulan tomar distancia de los dichos del ex presidente Duhalde. Uno de los extremistas es el jefe de redacción de Clarín, Kirschbaum, quien pone a Alberto Fernández en “la cuerda floja”. Como telón de fondo, sigue la defensa a ultranza de la caja de las empresas de telecomunicaciones y de las bandas judiciales cautivas.

Después de meses de acusar al Presidente de servirse de la pandemia para un supuesto confort político y de sacrificar inútilmente la actividad económica, ambos diarios y también Infobae descubren ahora que el coronavirus es un tema grave y quieren cargar el preanunciado aumento del número de muertos y enfermos al Gobierno, hablando de fracaso de la política sanitaria.

Clarín tituló el miércoles en tapa que “nadie sabe por qué” Duhalde habló de golpe de Estado, pero la hipótesis de una profunda inestabilidad política e institucional es agitada sin descanso por redactores de todos los niveles. Apuestan, junto con los de La Nación, a una supuesta pérdida total y final del capital político presidencial.

La obligación de impulsar y repetir esta línea política pone a algunos y algunas en un malabarismo discursivo grotesco, al punto de escribir en un párrafo que Duhalde rozó el desvarío o, usando sus palabras, padeció un “brote psicótico”, y al siguiente darle la razón, afirmando por ejemplo que expresó un “análisis” que “no es dislocado”. Es que, hizo coro Morales Solá en La Nación, las palabras del ex presidente se deben a que el peronismo “habita en el pasado”.

La desvalorización sistemática de la figura presidencial y de su autoridad -por la vía de presentarlo como sometido a Cristina Kirchner-, se complementa con la presentación de Elisa Carrió como interesada en la estabilidad de Alberto Fernández, con una supuesta propuesta al macrismo para “cuidarlo” de la vicepresidenta, como escribió Pagni el jueves.

Un Gobierno sin ideas ni iniciativas, un Presidente sin poder, unas veces contradictorio y otras sometido a un demoníaco poder superior, es una descripción que lleva a la teoría del vacío político ante el cual Clarín elige publicitar, el domingo, las propuestas de “solución” que tiene el macrismo.

El menú que, oh casualidad, este diario conoció “en exclusiva”, es el de la restauración conservadora, es el mismo de siempre: condiciones aún más favorables para las empresas y las “inversiones”, cese del “asistencialismo” del Estado, acuerdo de “libre comercio” con la Unión Europea, aquel que el macrismo quiso vender como un triunfo geopolítico y no es más que la imposición de un sinfín de ventajas para las corporaciones multinacionales.

Ninguno de los prestigiosos periodistas independientes logra sustraerse al deber de atacar al Gobierno por la declaración de la provisión de internet, telefonía móvil y TV paga como servicio público. Completan quince días de condenas sin descanso e incluso suben el tono, por vía de presentarlo como un problema internacional: convierten la resistencia de las corporaciones para las que escriben en preocupación nacional en Estados Unidos, España y México, como lo hizo el grupo Clarín, el más involucrado, por sus redactores, locutores radiales y animadores de TV.

Esta batalla del lado de las empresas que, según la constatación diaria de decenas de miles de argentinos y argentinas, prestan un servicio de pésima calidad, se inscribe en la demonización permanente de Cristina Kirchner. Pagni le atribuyó a la vicepresidenta esta determinación y lo enmarcó en un pronunciamiento de Carrió respecto de las palabras de Duhalde: “la que está dando el golpe es Cristina”. Ella tiene “garras” y al Presidente hay que “rescatarlo”.

Al día siguiente retomó estas consignas Di Marco: “El verdadero golpe es el que preparará Cristina Kirchner contra Alberto Fernández”.

Palabras no tan distantes del título de Van der Kooy en Clarín del domingo: “Demasiada crisis para este gobierno”. Ni de los párrafos de Kirschbaum, que sentencia una “incipiente decepción” popular con Alberto Fernández, que no sólo está en la cuerda floja sino que además “siente que su tiempo se está yendo”.

A pocos centímetros, Nicolás Wiñazki da una de sus acostumbradas clases de antiperiodismo: prácticamente todo el arco político sostiene que “el análisis de Duhalde no es tan dislocado”. Supuestamente se lo dijeron “ministros nacionales, bonaerenses, gobernadores, legisladores del Frente de Todos y de Juntos por el Cambio, empresarios y sindicalistas”. Pero este avezado investigador es persona de poca suerte: ni uno solo en esa multitud aceptó ser nombrado para que su suelto consiguiera una dosis mínima, siquiera mediocre, de credibilidad.

De golpe habló Duhalde y de “golpe de palacio” copió y mejoró Morales Solá, apegado a su costumbre de nombrar a Cristina Kirchner en las diez primeras palabras de sus notas. Lo más asombroso es que su tesis es que “ella” no necesita dar ese golpe, porque “él” hace lo que “ella quiere”.

Acaso más desenfadado y brutal, Sirvén felicita a Duhalde por la “hidalguía” de reconocer su “desenganche de la realidad” pero luego recuerda que “los chicos y los locos siempre tienen razón”. En fin, su “remate” es lo que replica la línea editorial de todo el batallón: “¿Hay algo que el ‘loco’ Duhalde presiente o sabe, que pueda llegar a ocurrir muy pronto?”

Es que es gente ansiosa y no encuentra su límite: Clarín protestó el sábado, por boca del otro Wiñazki, porque no le conformó que el oficialismo haya quitado del texto de la reforma judicial la mención de las presiones mediáticas a jueces y fiscales que no siguen sus designos, algo que el dispositivo de poder que integran propietarios de medios y Comodoro Py bien podría haber celebrado.

No faltan los lances maliciosos, en el trabajo editorial ininterrumpido por fisurar el Frente de Todos o por aprovechar las diferencias que son propias de toda coalición. En esta estrategia, que comenzó el mismísimo día de mayo de 2019 en que Cristina Kirchner propuso a Alberto Fernández como precandidato, recibe su cuota el presidente de la Cámara de Diputados, Sergio Massa.

La estocada la dio el sábado Olivera de La Nación, cuando publica que grandes empresarios estadounidenses recurrieron a Massa ante el decreto presidencial y supuestamente le declararon su amor: “estamos abiertos a trabajar con Usted”. La nota lo rebaja al dirigente de Tigre al papel de correveidile del lobby de la Embajada, pues dice que corrió con el mensaje a ver a Cafiero y al Presidente, pero “le fue mal”.

No obstante, este y otros columnistas descansan en una certeza: el decreto sobre el servicio público de las telecomunicaciones terminará en manos de algún juez y allí el Gobierno se verá por lo menos temporalmente bloqueado. Estos empresarios de medios tienen sobrada experiencia en este dispositivo de poder, y por eso están confiados.

 

 

 

 

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