No hay golpe porque no existe la potencia necesaria en el espacio empresarial antinacional para llevarlo adelante.

LA INACTUALIDAD

Por Gabriel Fernández

Hay amenazas desde sus voceros debido a las decisiones estatales activas que tienden a mejorar las posibilidades de consumo y desarrollo interno. La zona que hace circular la versión del golpe (Noble-Clarín-Telecom-Techint-Edesur-Edenor) carece de respaldo social y militar para concretarlo. El grueso de la economía real, configurado como bloque productivo nacional, apuesta al crecimiento a través de la vía institucional.

 

 

Por Gabriel Fernández

Revista Mugica

 

No hay golpe porque no existe la potencia necesaria en el espacio empresarial antinacional para llevarlo adelante. Hay amenazas desde sus voceros debido a las decisiones estatales activas que tienden a mejorar las posibilidades de consumo y desarrollo interno.

La zona que hace circular la versión del golpe (Noble-Clarín-Telecom-Techint-Edesur-Edenor) carece de respaldo social y militar para concretarlo. El grueso de la economía real, configurado como bloque productivo nacional, apuesta al crecimiento a través de la vía institucional.

Los militantes nacional populares que brindan cuerpo a la posibilidad de golpe no tienen en cuenta el volumen de ese espacio (movimiento obrero en todas sus vertientes, movimientos sociales, cooperativas, pymes, empresas medianas y grandes ligadas al mercado interno).

Creen que esos sectores son menos que los que enfocan los medios concentrados.

Tampoco consideran las recientes medidas destinadas al cese de la recesión inducida por el gobierno anterior.

La puesta en marcha de la construcción, el acuerdo con las provincias, la continuidad de la asistencia a empresas medianas, la reforma judicial y la reestructuración de la AFI, el presupuesto 2021 y su impulso al consumo, la disposición de telefonía como servicio esencial, el fortalecimiento del Banco Nación y del área energética nacional. Más el acuerdo con los acreedores.

Los indicadores recientes que hemos recibido contrastan agudamente con la prédica radial y  televisiva que circula por estas horas. El presidente Alberto Fernández cuenta con un respaldo cercano al 70 por ciento, reimpulsado tras la medida adoptada sobre los celulares.

Esto no es tan llamativo: la comunicación a través de estas herramientas se ha transformado en determinante para el vínculo afectivo, laboral, estudiantil del conjunto social. Al igual que las otras decisiones, empalma de modo adecuado con las exigencias colectivas.

Los elementos faltantes son muchos. Resta mucho todavía para hablar de recuperación y para señalar que el rumbo gubernamental se ha afiatado en dirección nacional popular.

Sin embargo, la realidad descripta contiene un factor disonante: son escasos los medios y los analistas que plantean este perfil. La polémica se desplaza entre quienes respaldan las versiones y anhelan limar al gobierno y aquellos que las repudian como si se tratara de una genuina vigilia de armas.

Pocos hacen hincapié en el potencial organizativo popular y la gigantesca capacidad de movilización masiva que lo acompaña. Allí, en esa zona oscura sobre la cual no se discute, podemos hallar el talón de Aquiles oficial.

En vez de dinamizar editorialmente los medios públicos e insuflar vida económica a los medios populares, la gestión Fernández – Fernández insiste en una acción comunicacional neutra, suave, que ni siquiera se preocupa por realzar las medidas de mayor relieve para nuestra gente.

En tanto, se insiste con un esquema de pauta publicitaria que podemos sintetizar así: es inversamente proporcional al nivel de mentiras y conspiraciones que un espacio periodístico realiza. La lectura es transparente. Mientras más se oponen al desarrollo industrial y a la mejora del nivel de vida promedio, mejores ingresos reciben.

El mensaje que subyace es perjudicial. El periodista del medio público observa que debe cuidarse pero no de denunciar falsedades, sino de acentuar el lineamiento nacional popular.

Miles de construcciones comunicacionales hondas y representativas en todo el país sienten que su creciente vínculo con la sociedad y el alza en la calidad de sus productos, no merecen el respaldo justo.

En “Un mundo perfecto”, Kevin Costner discute con su compañero de fuga, quien le ha dicho que lo va a matar.  El protagonista le dice: “No me amenaces”. Luego anuncia “te voy a golpear”, y añade “eso, es una amenaza”. Luego, lo golpea fuerte en el rostro. Y aclara: “esto, es un hecho. Son cosas distintas”.

No hay golpe. Pero persiste la hegemonía discursiva de quienes alientan la versión e impactan sobre los aciertos oficiales. Eso sí debe cambiar.