La compañera Micaela García militó como nosotros, para tener un mundo mejor, un mundo más justo y lo peor del mundo se llevó su vida.

LEY MICAELA: LA VOZ SITUADA

Por María Moreno*

La compañera Micaela García militó como nosotros, para tener un mundo mejor, un mundo más justo y lo peor del mundo se llevó su vida. «Nos queda la fuerza de esa piba, un poco en cada uno”.

Por María Moreno

MIN DE CULTURA

10/08/2020

María Moreno es escritora, periodista y crítica literaria, y además es la Directora del Museo del Libro y de la Lengua.

En el marco de la implementación de la LEY MICAELA 27.499/18 en el Ministerio de Cultura de la Nación, escribió “Voz situada” para uno de los encuentros de sensibilización a máximas autoridades.

Retomando varios de sus textos escritos a partir de la irrupción del Ni una menos, María Moreno realizó esta intervención.

Voz Situada, por María Moreno

Mi voz situada es quizás como la de muches de ustedes, una voz en el teléfono.

El Museo del libro y de la lengua festejó su retorno el 10 de marzo de 2020 y cerró sus puertas tres días después.

Si no fuera un chiste de humor negro diría que en el título de su primer muestra había una profecía: La kermés del día después que entonces aludía a que se realizó al día siguiente del paro del 8 de marzo que, a su vez, se había pospuesto un día y ahora, en su deseada reapertura aludiría al día después de la misma.

Me explico: conservamos los mismos carteles a la entrada, los estandartes circenses de la ventana exterior, total el título es el mismo, y no nos digan que no contribuimos inopinadamente a un plan de austeridad.

La pandemia no modificó nuestros planes iniciales que, hoy puedo repetir y que entonces pronunciamos, como aquelles tontes confiades en que el destino carece de sobresaltos: que en consonancia con la Biblioteca Nacional a través de sus colecciones y programas culturales, queríamos continuar con la construcción crítica del pensamiento argentino, poniendo el énfasis en una lengua sin aduana ni peaje en su condición de soberana y plurinacional, sin establecer jerarquías entre la llamada alta cultura y la cultura popular, ni entre sus hablantes y les profesionales académiques; y mostrando sus mutaciones siempre creativas y– fuera de todo criterio de purismo–, las voces de los pueblos originarios, las de les inmigrantes, las de les jóvenes, las barriales, para no sólo dar cuenta de su existencia sino de su índole preminente y política.

¡Qué tonito!

Nos proponemos hoy como antes recoger la tradición feminista que, en lugar de sostener un imaginario de ruptura y corte matricidas, propone una parentalidad de gestión: fue en el Museo del libro y de la lengua, bajo la dirección de María Pía López, en la Maratón de lecturas contra el femicidio, donde se hizo visible el movimiento Ni Una menos, convirtiendo en uno de los objetivos irrenunciables del espacio, recuperar ese legado simbólico para mostrar las marcas de género en la lengua, hacer permanente el debate sobre el lenguaje inclusivo y recibir los protagonismos de los feminismos populares y las disidencias de género en sus cuestionamientos e invenciones.

Con el fin de construir genealogías, nuestro objetivo sigue siendo la creación de una biblioteca feminista latinoamericana en el interior de la Biblioteca Nacional, convertirla en un espacio de investigación para teóriques y activistas y lectores y así hacer visibles obras negadas, iluminándolas bajo lecturas proteicas y no canónicas.

La pandemia nos hizo adelantar a través de youtube, una biblioteca en vivo y en fragmentos, a través de la sección Subrayados feministas en las voces de activistas, artistas y escritores, de los feminismos siempre heterogéneos y en situación.

Y ahora abandono el ethos publicitario.


Foto: Télam

Pensé que en la Biblioteca Nacional, ese gigante que cobija en lo alto y en zona sagrada, a la sombra de Evita y de Perón y de Rubén Darío, los crímenes son retóricos como los de Remo Erdosain a La bizca o los de los hermanos Nilssen a Juliana Burgos, la intrusa.

¿Será que allí toda violencia sería sublimada, excluida de todo pasaje al acto? Entonces pensé en los femicidas Luis Althusser y William Burroughs, a menudo idealizados en su dimensión trágica como si el crimen fuera una continuación de la obra subversiva por otros medios.

¿O sería la biblioteca, morada de la inteligencia, allí donde la justicia de género se ejercería hasta la naturalización?

Por supuesto que es una pregunta retórica.

Y no descuento el ajuste contable para el género en sus bastos tesoros, en el nombre de sus salas, en sus cargos mayores, en sus sueldos y en el deletreo de su heráldica que enumera Groussac, Lugones, Borges y así siguiendo, pero la huella de Micaela exige una mayor insurgencia.

Ustedes han usado con audacia la palabra “sensibilización”, una palabra extraña a la política. Al usarla, están cambiando con genio el sentido de la palabra y de la política misma. Evoco esa frase de Josefina Ludmer : “Desde el lugar asignado y aceptado, se cambia no solo el sentido de ese lugar sino el sentido mismo de lo que se instaura en él.”

“Tenemos Ministerio de Mujeres, Géneros y diversidad pero eso no significa que los temas puedan ser acotados a ese ámbito”-ha dicho María Pía López. “Todo el Estado y todas las cuestiones de las políticas públicas deben ser atravesadas por la perspectiva de género.

Debe ser instancia central en toda mesa de crisis y en cada definición general: no se puede tratar o no debemos hacerlo, ni la salud (y los modos de prevenir el contagio) ni la deuda externa o el desempleo, sin incluir esa perspectiva”.

Los feminismos filosóficos desafían el trabajo en las instituciones.

¿Podría la autoridad no ser la consecuencia sino el objeto de la jerarquía, una autoridad opuesta al poder, a la manera con que define esta palabra la filósofa feminista Luisa Muraro, una práctica que consiste en que una persona «hace crecer» a otra con los conocimientos que posee pero, a diferencia del poder, no se impone, sino que se reconoce?

Es la persona interesada quien tiene que reconocer la autoridad y hacerlo libremente y, no por sometimiento a una orden: es una autoridad relacional que dependa para todas y todos, de su multiplicación y derramamiento.

¿Puede esa experiencia explorarse en una institución verticalista, sobreponerse a la inercia burocrática y la urgencia de la tarea diaria?

¿Hay tiempo para la militancia del cuidado que considera a les vulnerables, resistencia a la espera de su hora, lo contrario de la tutela que tiende a eternizar la condición vulnerable?


María Moreno

Mucho más que en los espacios de decisión, la desigualdad suele manifestarse, más allá de la clase, el género, el color de la piel, el deseo, en la separación entre les ideólogos y les activistas, entre las políticas del deseo y las políticas a secas, entre les que deciden y les que difunden, también en las funciones de los espacios.

Me gustaría que el Museo del libro y de la lengua sea la casa de estos debates que nos interpelan a todes porque no se trata de obedecer a la separación edilicia con la Biblioteca Nacional en la casita colorada del género y el edifico medio marciano, siempre fálico, de los papeles nacionales.

Más que pensar en la injusticia de que, al sillón de director no lo haya ocupado, por ejemplo, una Victoria Ocampo o una Alfonsina Storni ¿no sería más fecundo pensar de qué manera redefinieron ellas el poder que ejercieron?

Vengan de uno: ¿Existiría Contorno sin Sur?

¿No es irrefutable la lectura que hiciera en su momento Delfina Muschietti titulada Storni 1, Borges, 0 publicada por Radar libros el 6 de agosto de 2000?: “Cuando la despreciada firma de la Storni concurre con la de Borges en una misma revista literaria, resulta que el texto de ella se adecua mucho más claramente al programa de vanguardia que el poema que firma el varón pensativo que parece ocuparse de los sentimientos (los “trebejos” que conmueven en los versos de las “muchachas”) ordenados además en estrofas clásicas de cuatro versos en los que se alternan endecasílabos y alejandrinos y, más tradicionalmente aún, endecasílabos y decasílabos.

El poema de Alfonsina, en cambio, tiene una disposición totalmente irregular: una larga tirada de versos sin estructura estrófica ni patrón rítmico regular. Escrito en verso libre y fragmentario, se acerca al lenguaje coloquial y prosaico”.

La imaginación en la ley

Algunas voces han llegado a escribir su preocupación por la posibilidad de que “el feminismo” (así: dicho en singular ) se oponga al proyecto de emancipación popular latinoamericana y sus luchas, reduciendo las mareas diversas del movimiento a las vertientes que, en los mismos términos de María Pía López, absolutizarían la denuncia de la violencia de género hasta no ver el bosque de las desigualdades. Todo lo contrario, se trata de desplegar cuestiones donde los feminismos populares no entrarían en fricción con los proyectos emancipatorios populares latinoamericanos sino que constituirían su radicalización.

De no quedarnos pegadas a una suerte de fetichismo de la denuncia y del castigo para inventar una justicia radical, de crear una constelación de formas de hacer justicia que transformen el sentido de la justicia misma.

Cuando el senado, luego del asesinato de Micaela García, impulsó el endurecimientos de las penas para los que habían cometido delitos graves, el Ni Una menos dijo “no en nuestro nombre” porque se negaba a la complicidad con las violaciones de los derechos humanos existente en las cárceles, me recuerda también María Pía López.

Durante los juicios por femicidio ha resonado una palabra: “consentimiento”. Una feminista, Judith Butler, la analiza en un artículo llamado El consentimiento sexual.

¿Cómo es que la ley suele simplificar la idea de consentimiento bajo la figura del contrato para violentar con sus fallos a las mujeres y trans víctimas de ataques sexuales?

Al pensar el consentimiento en términos de contrato, como lo hace la ley, sigue Butler, lo convirtieron en un discurso legal cuando los contratos no tendrían lugar en la vida sexual de la gente, quien suele experimentar una y otra vez lo que es opaco y no completamente conocible de su deseo.


Foto:Uno Santa Fe

El modelo del contrato pensado desde el liberalismo político –¿reforzado ahora por el neoliberalismo efectivo con su énfasis en la desigualdad y el retorno de una política cuyo canibalismo ejercido sobre derechos creíamos imposible de imponerse?–, señala Butler, supone un sujeto que sería intencional, volitivo y autónomo, y por eso responsable de asumir compromisos con los bienes y servicios contratados: entonces alguien ajeno a las fuerzas extrañas del deseo.

Que la casa, al poco tiempo de alquilada, revele luego tras su flamante pintura, los caños viejos y agujereados a través de grumos y manchones sombríos, luego de un contrato firmado de buena fé, no hace comparable al locatario con la víctima de femicidio en nombre del deseo, ni al dueño inescrupuloso con el victimario.

Sin embargo, en los casos de femicidio, los fallos injustos cuando no escandalosos siguen usando ese modelo tanto para la víctima como para el victimario: un acto inicial, a la manera de una firma que rubrica un compromiso voluntario, se vuelve una prueba sólo que, en el primer caso, de consentimiento; en el segundo, de la inocencia en el deseo de matar.

La entrada al boliche de Melina Romero, la aceptación de una cita en el de Lucía Pérez, estarían inexorablemente ligadas al desenlace de su muerte.

Que Matías Gabriel Farías haya comprado facturas y Cindor lo haría inocente a pesar de su coacción sobre una menor durante el juicio la defensa la hizo crecer hasta convertirla en el arquetipo de la mujer independiente que, cuando quiere y cómo quiere, sabe sacarse de encima a un acosador, y elige sus amantes, cuando todos sabemos que esa autonomía es ilusoria a cualquier edad de la fragilidad humana.

A Brian Petrillan, condenado a 12 años por apuñalar a su mujer, Erika Gallego, dejándola paralítica, se le bajó la carátula de intento de “femicidio” a “lesiones” porque habría dicho antes de hacerlo “Te vas a acordar de mí” lo cual, según los jueces y mediante una lógica digna de un Sherlock Holmes perverso, probaba que no quería matarla ya que recordar no es una capacidad de los muertos.

A pesar del fallo condenatorio por la muerte de Diana Sacayán que inauguró la figura del travesticidio, los dichos durante y por fuera del juicio, no dejaban de agitar que en la vida de toda travesti habría una fusión entre modo de vida y modo de muerte a la manera de un destino irrevocable.

El yo del consentimiento que culmina con la propia muerte y el yo del femicida son inestables–aún en la precaria figura de la premeditación y alevosía– pero es el final el que establece una diferencia tan radical que haría de uno y otro sujetos pertenecientes a economías antípodas. “Vivo” y “muerta”.

Quizás el tema, que atraviesa tantas situaciones cotidianas, debería ser nuestro paper final en estas jornadas.

La ley Micaela, como la de Identidad de Género, como tantas otras citadas en los apuntes que ustedes nos han entregado, son la huella bienvenida de una nueva imaginación en la ley.


Foto:La Nueva

Un homenaje

Que fea palabra “deconstruidos”.

Se parece tanto a “deshechos”.

Confiemos en que la invención militante sepa inventar como lo hace siempre, nuevas palabras.

Porque hay hombres violentamente expulsados de la concertación patriarcal, de su complicidad y que, “deshechos” , abren los ojos al Ni una menor, justamente porque les faltó una de su corazón.

No llevan pañuelo blanco pero hacen honor a ese objeto emblemático ni se llaman a sí mismos Padres del Ni una menos, no generaron el movimiento pero se han fundido en él en una ósmosis trágica.

La muerte de sus hijas fue el eject que los ha arrojado fuera de la complicidad con el crimen interpersonal que es político, con sus tramas de silencios bien avenidos, sus tácitos conformistas pero exculpadores, sus acciones de encubrimiento de pandilla y sus juzgados injustos para tapar la sangre en la ropa de los femicidas.

Su entrada al feminismo ha sucedido por la comprensión de una causa en carne propia: la muerte de la hija mujer, Gustavo Melmann, padre de Natalia, Jorge Taddei, padre de Wanda, Jean Michel Bouvier, padre de Casandre, estos hombres, lo sepan o no, han recibido el legado de Rodolfo Walsh en Carta a mis amigos donde éste reconstruye, desde la propia clandestinidad, la muerte de su hija Vicki durante un enfrentamiento.

Allí se despide como compañero, como periodista y como padre, corriéndose de su sentimiento de devastación para inscribir a Vicki en la memoria de la revolución que muta los lazos de sangre.

“El sentido del deber la llevó a relegar toda gratificación individual, a empeñarse mucho más allá de sus fuerzas físicas”, “No vivió para ella, vivió para otros, y esos otros son millones”.

Y Néstor “Yuyo” García, padre de Micaela García, asesinada en 2017, cuyo nombre resuena hoy con luminosidad de fundación entre nosotres, la despidió diciendo: “Somos herederos de milenarias generaciones de luchadores populares, al igual que lo fue Micaela, sin los cuales ninguna transformación social hubiera sido posible, ninguna conquista. (…)

La compañera Micaela García militó como nosotros, para tener un mundo mejor, un mundo más justo y lo peor del mundo se llevó su vida.

Nos queda la fuerza de esa piba, un poco en cada uno”.

Y luego la saludó gritando el apellido que es el propio –¿puede haber un gesto más extremo de pasaje a la política antipatriarcal que ese?–, como uno más entre los de quienes lucharon y son recordados:

“¡COMPAÑERA MICAELA GARCÍA

PRESENTE, AHORA Y SIEMPRE!”.