Para ser efectivo el ejercicio del poder popular es necesaria la ejecución de medidas efectivas de protagonismo popular, en cada etapa de la vida política.

DEMOCRATIZAR EL PODER Y HUMANIZAR LA POLITICA

Por Jorge Rachid*

En el largo camino de 2400 años, la «Democracia» y la «Política» fueron apropiados, por los sistemas de sujeción y apoderamiento de las voluntades populares, traficadas, en función de supuestos pactos institucionales, que fueron alejando, al pueblo, de los centros de poder de decisión.

Por Jorge Rachid

PRIMERO LA PATRIA

15 /08/2020

Desde los tiempos remotos, la democracia, según describían los griegos era que el pueblo gobernaba la “polis”, es decir las ciudades, de ahí viene la conjunción del término, pero en el largo camino de 2400 años, esos conceptos fueron apropiados, por sistemas de sujeción y apoderamiento de las voluntades populares, que fueron traficadas, en función de supuestos pactos institucionales, que las fueron alejando, al pueblo, de los centros de poder de decisión.

Esta situación se agudizó, desde la irrupción de la Modernidad según Hegel, cuando las sociedades feudales comenzaron su transición hacia procesos supuestamente más democráticos, desde la Revolución Francesa específicamente, que bajo las banderas de Libertad, Fraternidad y Solidaridad, terminó coronando un Emperador, Napoleón y conservó para sí no sólo las colonias pre existentes, sino que amplió a fuerza de la guerra, su ámbito de influencia colonial, a escala mundial.

Entonces debemos convenir que el poder y el pueblo, se fueron alejando, más allá de los aspectos formales, denominados por la democracia formal, como el voto, que en determinadas ocasiones, convoca al pueblo, en la mayoría de los países del mundo, en forma voluntaria, a emitir sus preferencias electorales, de un menú preconcebido por las élites, al amparo del secretismo dirigencial, que elabora el listado de opciones a ofrecer, que en general no “ofenden” al poder establecido.

Cuando se altera y eso sucede por algunas circunstancias de toma de conciencia social o ataques espasmódicos de soberanía, o porque la conjunción Pueblo, Memoria Histórica e Identidad Nacional, encuentran un Líder, rápidamente actúan las fuerzas del poder económico y mediático, al servicio del coloniaje y de la conservación del sistema, que lo derroca, lo coopta, lo destituye o intenta su linchamiento mediático o su encarcelamiento judicial.

Peor aún, si en vez de ser un proceso circunstancial, esta defensa soberana y popular, se da en un marco doctrinario, filosófico, político e ideológico, que cuestiona las bases mismas del funcionamiento institucional, de un Estado hecho como “traje a medida” de la depredación, el saqueo y las exclusión de las mayoría populares, como sucede en América Latina, el enemigo lo denomina Populismo y lo coloca en la lista de peligros “democráticos”.

Eso se llama Coloniaje, en un proceso conformado por penetración cultural, manipulación política y control económico por parte del Imperio y sus empleados locales.

Cuando estas situaciones se prolongan en el tiempo, los pueblos y las nuevas generaciones van naturalizando su situación de dependencia, admitiendo incluso su marginación de las decisiones y la represión, contra aquellos que el poder considera “políticamente incorrecto”.

Esa aceptación pasiva por momentos históricos, por confluencia de causas, por memorias dañadas, constituye una de los elementos principales sobre los cuales opera el neoliberalismo, con herramientas que le permiten ir actuando sobre las nuevas generaciones, en un intento de borrar las identidades e historias nacionales, traficando desde conceptos a lenguajes, introduciendo vocabularios y costumbres ajenas a sus propias experiencias, que poco a poco se van diluyendo.

En ese camino desaparece el Ser Nacional, como elemento constituyente de pueblo en el objetivo del bien común, como proyecto estratégico, comenzando referencias claras hacia los dominios del colonizador, que llevan a la sumisión.

Ese divorcio entre una falsa convocatoria a enterarse de lo que produce el poder y optar por el voto preestablecido o entre el ejercicio permanente del Poder Popular Organizado, se instala el concepto filosófico político de la Comunidad Organizada, que transforma a un pueblo convocado de oyente a protagonista de la historia con derechos consagrados Constitucionalmente.

Para ser efectivo ese ejercicio de poder popular, deben figurar constitucionalmente los instrumentos necesarios para tal fin, concretamente la ejecución de medidas efectivas de protagonismo popular, en cada etapa de la vida política.

Ese es el hecho revolucionario legado por el peronismo, que como describió Perón “es la única forma de derrotar al sistema demo liberal burgués, que llama a los pueblos a votar y los transforma en sujetos pasivos de las decisiones de terceros, que con la Comunidad Organizada se transforman en actores plenos del poder, con gestión”, La Comunidad Organizada, Congreso de Filosofía de Mendoza 1949.

A esta descripción llamamos desde el movimiento nacional y popular Democratizar el Poder, que al tener capacidad de construcción de un modelo social solidario, basado en los seres humanos y la naturaleza, que derrote las teorías mercantilistas del capitalismo salvaje, recuperando la capacidad de los afectos en el desarrollo nacional, solidificando socialmente la solidaridad compartida, con un Estado al servicio del pueblo, que Humaniza la Política, ante la depredación ética y moral, producida por largos años de avasallamiento neoliberal.

JR/