Es un desafío para las fuerzas democráticas recuperar el espíritu de la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual

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Por Glenn Postolsky (FOTO)*

Las Licencias para ocupar un lugar en el dial se otorgan por una determinada cantidad de tiempo, y deben ser honradas en base a una práctica democrática que esté lejos de lo que ellos mismos han definido como el periodismo de guerra. No pueden ser detentores de licencias de medios audiovisuales aquellos que los utilizan como una voluntad discrecional para establecer diferencias con proyectos políticos antagónicos a sus intereses.


Por Glenn Postolsky
RADIO MESTIZA*
Julio 2020

En las últimas semanas se advierte, por parte de los medios hegemónicos y la dirigencia de Cambiemos, una agudización de lo que se denomina el discurso del odio.

No es algo nuevo en nuestro país, parece ser una constante histórica entre quienes asumen la representación política y comunicacional del poder económico.

El interrogante que se abre es cómo se enfrenta desde el gobierno y el campo popular esta situación que tiene que ver con lo que se llama la disputa de sentido.

Porque lo que está en disputa es la construcción de sentido.

El núcleo de construcción de poder hegemónico por parte de la avanzada conservadora, son los propietarios de los sistemas comerciales de medios que han sabido trabajar desde hace décadas la construcción de la subjetividad de nuestras sociedades.

Creo que es deber de los gobiernos que representan los poderes nacionales y populares dar una disputa en ese campo, que tenga como eje central la voluntad democrática.

Frente a esta lógica, hay que pensar en una construcción a mediano y largo plazo, donde el Estado, a través de diferentes vectores que atraviesan desde el campo educativo hasta todo un conjunto de herramientas democráticas, tendría que aportar elementos para que la ciudadanía no se entregue de manera tan sencilla a esas campañas.

Ahora, cuales serían las políticas que se deberían llevar adelante desde el gobierno respecto al lawfare, tomando como ejemplo la intervención de la Agencia Federal de Inteligencia dispuesta por el Poder Ejecutivo y las causas que se llevan adelante en la justicia.

Estamos hablando de articulaciones que son de muy diferente índole.

Tanto lo que denominamos como “organismos de inteligencia” como el Poder Judicial dan cuenta de una dimensión que abarca la estatalidad.

El sistema de medios privados concentrado forma parte de una dinámica donde, si bien el Estado regula, su forma histórica de instalación en la sociedad argentina viene de la mano de lo que denominamos el mercado.

Entonces tienen distinta ontología para pensar las formas de intervención inmediata.

Relativizaría la idea de que los servicios de inteligencia o el Poder Judicial han tenido un viraje ante la asunción del gobierno de Alberto Fernández, más bien creo que hay una situación de latencia frente a un cambio en la correlación de fuerzas que varió.

El artilugio del lawfare, las fake news y el manejo de las causas y el funcionamiento de lo que se ha denominado los sótanos de la democracia, están vigentes e irrumpen en los escenarios de manera no azarosa, como se puede visualizar en los acontecimientos de los últimos tiempos.

El Estado y una movilización social muy importante dio cuenta de una legislación, la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual, que si bien sigue en vigencia ha sido cercenada por los decretos de Mauricio Macri, que recortaron en buena parte su espíritu.

Una de las primeras cuestiones es que valdría la pena tratar de militar para que todo lo que en esa ley implicaba mayor pluralidad, mayor diversidad, de alguna manera, con intervención del Poder Legislativo, vuelva a estar vigente.

Creo que hay un desafío para las fuerzas democráticas de recuperar el espíritu de esa ley.

La Defensoría del Público de Servicios de Comunicación Audiovisual tiene como rol principal articular con los emisores, también con los privados, para establecer mecanismos de diálogo que permitan entender que ellos gozan de lo que es un privilegio de nuestra sociedad: las licencias.

Las Licencias para ocupar un lugar en el dial se otorgan por una determinada cantidad de tiempo, y deben ser honradas en base a una práctica democrática que esté lejos de lo que ellos mismos han definido como el periodismo de guerra.

No pueden ser detentores de licencias de medios audiovisuales aquellos que los utilizan como una voluntad discrecional para establecer diferencias con proyectos políticos antagónicos a sus intereses.

Existen un conjunto de sinergias del campo nacional y popular que permiten visibilizar otras formas discursivas y de dar la disputa por la creación de sentido: las radios comunitarias y alternativas, el sistema comunicacional de las universidades públicas nacionales, la militancia activa en las redes.

Son escenarios con una dimensión muy relativa respecto al lugar de preponderancia que toman los medios masivos de comunicación, particularmente en esta etapa de pandemia, pero todos los sistemas cobran relevancia.

Particularmente se debe encontrar en el sistema de servicio público de canales nacionales y provinciales otro actor importante para generar herramientas en esta disputa de la agenda con la que vienen desarrollando los medios hegemónicos.

En 2010 había un escenario latinoamericano, había un proceso de fortalecimiento político y de liderazgos que hizo que en ese momento histórico apareciera con una potencia muy fuerte la capacidad de los sectores nacionales y populares para ser los artífices en la construcción de esa hegemonía.

El escenario en que se está llevando adelante la experiencia política del Frente de Todos es muy diferente, no sólo por el retroceso a nivel nacional y latinoamericano sino porque la pandemia ha hecho que muchos procesos se tornen más complejos y difíciles para poder ser llevados a cabo.

Es responsabilidad de las experiencias políticas nacionales y populares construir las condiciones para que vuelva a darse la posibilidad de generar esa hegemonía, en un escenario donde, más allá de haber triunfado en las últimas elecciones, está claro que la correlación de fuerzas no es favorable.

Ante esos desafíos hay que tener una clara capacidad de lectura y análisis para saber cómo, en que velocidades y con qué recursos se cuenta para avanzar en ese terreno.

GP/

 

NOTA DE LA NAC&POP: Glenn Postolsky, licenciado en Ciencias de la Comunicación, es docente universitario e investigador y ocupó el cargo de Decano de la Facultad de Ciencias Sociales de la UBA entre 2014 y 2018. El texto surge de una entrevista realizada a Glenn en Mestiza, la radio de la Universidad Arturo Jauretche. MG/N&P martingarciadossier@gmail.com