Juegos editoriales con el peligro para debilitar al Gobierno. Se multiplican menciones al 2001, mientras Macri goza de encubrimiento.

OPERETAS

Las y los columnistas opositores explotan hasta la exasperación los pronunciamientos internos del Frente de Todos con el objetivo en el que trabajan desde que Alberto Fernández fue propuesto para la Presidencia en mayo de 2019: debilitar al máximo su figura y al Gobierno para abrir paso a alternativas políticas y económicas aún no confesadas. Con el mismo fin practican un encubrimiento alevoso del viaje de Macri a Paraguay, mientras los ultras juegan, cada vez más insistentes, con la evocación del 2001.

 

 

COMUNA

19 julio, 2020

Se multiplican menciones al 2001, mientras Macri goza de encubrimiento.

Las y los columnistas opositores explotan hasta la exasperación los pronunciamientos internos del Frente de Todos con el objetivo en el que trabajan desde que Alberto Fernández fue propuesto para la Presidencia en mayo de 2019: debilitar al máximo su figura y al Gobierno para abrir paso a alternativas políticas y económicas aún no confesadas. Con el mismo fin practican un encubrimiento alevoso del viaje de Macri a Paraguay, mientras los ultras juegan, cada vez más insistentes, con la evocación del 2001.

Para la misma estrategia, Clarín, La Nación e Infobae repusieron en portadas y con idénticos títulos la guerra permanente contra el Sindicato de Camioneros, en tanto trabajan para desconocer la capacidad de iniciativa presidencial con la presentación del proyecto de reforma judicial, que combaten a brazo partido. Por ello llevan a primer plano una reedición de la muletilla “ataque K a los jueces”, otra vez con tapas gemelas el domingo 19.

Zaiat/tuit de CFK, Hebe de Bonafini, Venezuela, Irán son palabras y nombres usados en disparos mediáticos a repetición durante ocho días consecutivos, para una lista verdaderamente agotadora: Abascal, Van der Kooy por dos, Miri, Bonelli, Roa, Wiñazki, Kirschbaum en Clarín; Jacquelin por dos, Nabot, Pagni, Di Marco, Olivera, Guyot, Morales Solá, Fernández Díaz, Sued y Sirvén, en La Nación; Letjman y Mayol en Infobae. Todas notas en las que aquellos nombres fueron usados con algunos matices pero en la misma clave y para un diagnóstico de raíz única.

Por supuesto, a algunos se les impone ser más extremistas que a otros. Lo que pareció una ocurrencia disparatada de una animadora televisiva del Grupo Clarín, con su referencia a una eventual no conclusión del mandato presidencial, fue tomando cuerpo como línea de “análisis político” en columnistas que, por lo común, se ponen la máscara de periodistas sagaces y sesudos.

En la semana precedente Pagni de La Nación había traído dos veces la evocación de 2001 y volvió a hacerlo el jueves para desembocar en Sergio Massa como aspirante presidencial, incluso si necesita ser “el Alberto de Máximo” y, si esto no funciona, ser “el Adolfo de Alberto”, a saber: el Presidente no concluye su período y el tigrense llega así a la primera magistratura.

La ocurrencia aparentemente descuidada de Viale fue maquillada por Di Marco, en La Nación, en forma de “pregunta”. ¿El Frente de Todos puede terminar como la Alianza?

El uso de los matices y debates del oficialismo, propios de toda alianza, toca el grotesco con Bonelli en Clarín, el viernes: hay empresarios, una vez más sin nombre, que avisan que la “interna” del Frente, el “poder bifronte”, etc. etc., es el “principal problema” del país, no ya la recesión que dejó el macrismo, ni la deuda, y muchos menos la pandemia que tiene de rodillas a la economía mundial.

Hay ocasiones en que en la orden permanente de erosionar al Gobierno lleva a ciertos columnistas a dejar en segundo plano malabares expresivos y manipulación de datos, al cabo insuficientes para cumplir con su misión. Según parece es lo que le pasó a Van der Kooy el domingo en Clarín, cuando estampó: Alberto Fernández es presidente como “consecuencia de una audaz maniobra electoral que alteró el sentido común de la política. No es la primera vez en la historia que el peronismo lo altera”. En suma, palabrejas de ocasión para insistir en la vieja figura y la convicción histórica de fondo: el peronismo como anomalía, como “el hecho maldito”.

La mención, decenas de veces en un puñado de días, del mensaje en Twitter con el que Cristina Kirchner elogió una nota del periodista Alfredo Zaiat, tuvo y tiene la finalidad de propiciar una crisis en el Frente de Todos y por eso es presentado como un acto de ruindad política.

Es que a estos y estas “analistas” no les está permitido admitir a discusión una duda más que razonable: si es posible un plan de desarrollo productivo nacional, aunque fuere un plan modesto, con empresarios que llevan una vida de saqueo económico, sostenedores y cómplices de los modelos más injustos, retrógrados y sangrientos que el país haya conocido y que son en su mayoría evasores y fugadores seriales.

Las menciones maliciosas a Massa cometidas por Pagni son copiadas por Van der Kooy, y también se ocupa de él Morales Solá, feliz porque el presidente de Diputados, a quien llegó a bautizar “Ventajita” durante 2019, habla de dictadura en el caso de Venezuela. Ese es el reclamo del Departamento de Estado, según una nota de Paula Lugones el jueves en Clarín, que publicita este discurso por su cuenta, ya que no dio con un vocero que se hiciera responsable.

El mismo dispositivo que perfora fronteras pone al presidente uruguayo Lacalle Pou en la tapa de Clarín del domingo, por un reportaje que quedará en los anales ya voluminosos del oprobio periodístico argentino: el exponente derechista es llevado a repetir su conocida hostilidad con Venezuela, pero no hubo para él una pregunta sobre los decenas de miles de muertos en Brasil y la verdadera bomba biológica en que amenaza convertirse para sus vecinos, entre ellos el más pequeño, Uruguay.

Las maniobras de desgaste del Gobierno conviven con el encubrimiento del viaje de Macri a Paraguay. La novedad no apareció en lugares destacados de estos medios, que reprodujeron livianamente las declaraciones de ocasión del ex presidente. Tampoco fueron mencionadas las acusaciones que recaen sobre su amigo y anfitrión, Cartes, cuyas acciones con el contrabando serían casi un tema secundario en su singular palmarés. No hubo exploraciones sobre qué intereses y objetivos económicos y políticos comparten.

Este episodio tan obscuro de la política regional, con una proyección inquietante hacia el futuro mediato e inmediato, tuvo sí una mención en la nota de Van der Kooy en el Clarín del domingo: “viaje inexplicable a Paraguay”. No se puede decir que el redactor haya buscado dejar la huella de un acto de coraje periodístico.

Todavía peor: Clarín se esmeró el martes en explicar que Mau, como ciudadano responsable, decidió hacer cuarentena a contar del día de su regreso. Son dos semanas para definir en qué lugar se ubicará en las maniobras opositoras en preparación para el 17 de agosto, que una vez más tendrán en el sistema mediático su impulso principal. No es en vano que Macri lo intervino para dejarlo en las condiciones en que ahora se encuentra.