No es menester ni propósito de quien les escribe hacer una crítica o poner en el tapete el endurecimiento que comienza el miércoles próximo,

CIEN DÍAS MÁS, CIEN DÍAS MENOS

Por Julio De Vido (h).

Hoy por hoy, buena parte de los agentes privados de inversión, entendidos como capitalistas generadores de empleo en sus más variadas formas, se debaten entre resistir con los ahorros que puedan tener en conjunto con la ayuda estatal que hayan recibido o bajar la persiana, apagar las máquinas y comenzar a pensar lo que viene.

Por Julio De Vido (h).

Identidad Colectiva

Junio 28, 2020

Habiendo pasado cien días de Aislamiento Preventivo, Social y Obligatorio al menos en lo que refiere al Área Metropolitana de Buenos Aires, conglomerado que nuclea al 40% de la población y que genera casi la mitad del PBI Nacional, y algunas regiones más de nuestro país.

La toma de decisiones sigue configurándose de urgencias coyunturales y la agenda para el futuro de la Nación y, fundamentalmente de lo que necesariamente tendrá que ser un plan de recuperación de un entramado productivo con índices económicos de posguerra, se sigue dilatando.

No es menester ni propósito de quien les escribe hacer una crítica o poner en el tapete el endurecimiento que comienza el miércoles próximo, nuestros representantes son los únicos que están legitimados para tomar estas decisiones en el marco de una inédita crisis sanitaria mundial agravada en nuestro país por la fragilidad de nuestro sistema de consumo, ahorro e inversión, fuertemente golpeado por las políticas de los cuatro años de gobierno de Macri.

Hoy por hoy, buena parte de los agentes privados de inversión, entendidos como capitalistas generadores de empleo en sus más variadas formas, se debaten entre resistir con los ahorros que puedan tener en conjunto con la ayuda estatal que hayan recibido o bajar la persiana, apagar las máquinas y comenzar a pensar lo que viene.

La fuerza de trabajo empleada, en el mejor de los casos registrada formalmente, recibe parte de su sueldo por ANSES, los informales se encuentran librados a la suerte con una asignación de $10.000 que presenta muchas limitaciones para que lo reciban dos miembros de un mismo grupo familiar en la misma situación.

Del párrafo anterior quiero resaltar el “comenzar a pensar lo que viene”, esa tarea no es solo de una persona, un trabajador, un cuentapropista, un empresario, etc.

Esa tarea es del conjunto de la sociedad y a la cabeza de esta, del Estado.

Claro está que el horizonte de la pandemia aún no se ve, en tres días volvemos a estar como estábamos hace cien, eso ya lo conocemos, lo que no sabemos es como vamos a estar dentro de cien días y si alguien lo sabe, y no me refiero al terreno sanitario, no lo comunica.

Comunicar un posible plan de recuperación significaría que todos los agentes productivos modifiquen sus expectativas, re direccionen sus ahorros y hasta eventualmente pospongan si lo tenían pensado bajar las persianas o al trabajador permitirle quedarse en su casa sin tener que salir a exponerse al virus porque no le alcanza con el IFE.

Como comentamos en otras ediciones, el agro pudo mantener su capacidad productiva constante al estar el interior del país y los principales polos agroindustriales exentos de contagios, con una demanda interna y externa fuertes por productos alimentarios.

Sin embargo para impulsar la recuperación se va necesitar de una producción más pujante y competitiva aún para generar divisas y por ende recaudación al fisco, el sector agropecuario debe estar incluido de forma planificada y estratégica en este plan de recuperación, no con medias tintas, ni marchas atrás como así tampoco generando innecesarias tensiones con los productores ni intentando hablar por ellos cuando nadie lo pide.

El país necesita canalizar las inversiones tanto de agentes nacionales como externos para con el sector, el valor agregado de las materias primas y la conversión de productos agrícolas en proteínas animales marcan la agenda del futuro cercano, el caso de China es ejemplo de esto, tras una fuerte caída de su demanda al atravesar la pandemia sumado a problemas de producción internos, mantuvo firme la demanda por carnes argentinas manteniendo los precios, la producción y la exportación interna.

China claro se ha convertido con el pasar de los años en el jugador más importante pero no es el único, a medida que la recuperación mundial avance Argentina debe estar preparada para proveer de alimentos al Mundo, sin descuidar su mercado interno.

La forma de hacerlo no es aumentando las retenciones ni las restricciones, es aumentar la productividad en pos de la generación de empleo de calidad, formal y bien remunerado, recibiendo las inversiones privadas y públicas necesarias, esto solo sucederá con un cambio estructural adecuado en términos de garantías para los inversores revisando todo lo que haya que revisar llevándolo al terreno del debate en el contexto que corresponde, el Congreso Nacional y ejecutado por las autoridades que fueron elegidas el año pasado.

Nada de lo que planteo es utópico ni requiere de un alto costo fiscal, solo necesita del compromiso de todos para dar el debate con seriedad, no con cacerolas, y claro necesita de un líder que se demuestre como tal que es el Presidente de la Nación.