Cómo afectan los mensajes de las distintas dirigencias a una sociedad sin sentido crítico ni disciplina

RUNNING INSTITUCIONAL

Por Carlos Caramello

Los comunicadores están demasiado ocupados en denostar epidemiólogos, exigir el fin de la cuarentena pero, que además, haya menos contagios y menos muertes; los operadores desesperados por rescatar a Vicentín de las garras del Estado para poder entregársela a una corporación transnacional y los académicos, exhaustos por el esfuerzo de incorporar a la Academia a un tipo que no terminó la secundaria y lo mejor que hizo en su vida son negocios… jugando al golf.

 

 

Por Carlos Caramello

15 Junio, 2020

Otra Voz- radio

 

“Los pueblos felices no tienen sociología: tienen costumbres, instituciones y leyes”

 Moliere

 

Que no se me malinterprete: no defiendo runners. Aclaro de arranque porque, de otra manera, la discusión giraría en torno a si estoy pago o no por Rodríguez Larreta. Pero, a la luz de los últimos eventos, vale la pena reflexionar sobre lo que las palabras y las acciones de los formadores de opinión provocan en el comportamiento social capitalino.

Horas atrás reapareció Mauricio Macri, (a) “El Mamerto”, en llamada telefónica con la matrona de Cambiemos. A través de las redes, utilizando una foto vencida el día de la última elección, Macri dijo que había hablado “largo y tendido con Lilita (lo de ´tendido´ va por su cuenta), con el afecto y el cariño de siempre (la redundancia también)», y agregó: «compartimos nuestra preocupación por los atropellos institucionales que estamos viviendo”.

Su corifeo y arengador de multitudes mínimas durante la campaña presidencial, el nunca bien desprestigiado Hernán Lombardi, (a) “Lonardi”, corrió presto en apoyo de su líder a través de un tuit en el que celebraba la re-unidad de Juntos por el Cambio en nombre del “fortalecimiento de las instituciones de la República”. Y Lelita, (a) “La Euménide”, ni lerda ni perezosa -bah… máso, bah-, robusteció estas declaraciones poniendo el eje en “los grandes atropellos institucionales” que, según ella, “atraviesa el país”.

Algunos leen que, con este encuentro telefónico, Macri salió a echar alcohol al 70% y lavandina diluida sobre el Espía-Virus (que no es troyano) con el que, el laboratorio bacteriológico de la AFI intervenida, infectó la semana política. Lo que no alcanza para explicar mínimamente el grado de corrosión moral y cinismo de la dirigencia de Cambiemos que habla de “instituciones” en el mismo momento en que se está demostrando cómo intentaron arruinar la vida institucional del país.

Y nadie les dice nada: los comunicadores están demasiado ocupados en denostar epidemiólogos, exigir el fin de la cuarentena pero, que además, haya menos contagios y menos muertes; los operadores desesperados por rescatar a Vicentín de las garras del Estado para poder entregársela a una corporación transnacional y los académicos, exhaustos por el esfuerzo de incorporar a la Academia a un tipo que no terminó la secundaria y lo mejor que hizo en su vida son negocios… jugando al golf.

Nadie, ni los dirigentes políticos, ni la Justicia (los mismos jueces que avalaban las escuchas ahora se encargan de juzgarlas), ni buena parte de los representantes de los medios concentrados (la Academia Nacional de Periodismo acaba de renovar sus autoridades y confirmó a Daniel Santoro, procesado por extorsión, como coordinador de su Comisión de Ética), ni los empresarios fugadores, ni la piratería bancaria, ni los curas espiados, ni los pastores espías ni el deshilachado sentido común ni la recalcada conciencia… cívico social clasemediera, ofrecen una respuesta esperanzadora.

Será por eso que, ante tanto dislate -con la Espada de Damocles del Covid-19 sobre sus cabezas-, la porteñidad promedio, confundida por las asimetrías entre realidad y relato, aterrada por la incoherencia de la mayoría de los dirigentes y periodistas, extraviada por el escenario de desfuturización mundial, harta de sus parejas, sus hijos, sus historias y sin Susana ni Mirtha para explicarles la vida… corre.