Pasión y melancolía al unísono. Todos los sentidos abiertos al máximo. De repente se escuchan los pasos y… ¡Fulano, visita! El resto palmeamos a Fulano en la espalda.

ALAMBRADOS

Por Amado Boudou

Desde adentro…
Un día mas en la cárcel… levantarse, gimnasia, desayunar, bañarse… ¿un día más? NUNCA QUE HAY VISITA ES UN DIA MAS. La visita es un acto de amor único. Familia, compañerxs, amigxs. El encerrado sabe perfectamente el esfuerzo que es llegar al penal, sabe (intuye por su propia experiencia) a las arbitrariedades que queda sometidx quien toma fuerzas y se atreve a esa experiencia.

 

 

 

Por Amado Boudou

 

Desde adentro…

Un día mas en la cárcel… levantarse, gimnasia, desayunar, bañarse… ¿un día más? NUNCA QUE HAY VISITA ES UN DIA MAS. La visita es un acto de amor único. Familia, compañerxs, amigxs. El encerrado sabe perfectamente el esfuerzo que es llegar al penal, sabe (intuye por su propia experiencia) a las arbitrariedades que queda sometidx quien toma fuerzas y se atreve a esa experiencia. Por eso te preparas para ser un “anfitrión” decoroso. Calentar agua para los termos, preparar alguna comida, ayudar a los compañeros con lo suyo (y ser ayudado con aquellas cosas que mas te cuestan, por ejemplo yo recibía con un arroz que jamás me hubiera podido salir tan rico). Los días que Mónica traía a Simón y León poner algunos juguetitos en la bolsa junto con la comida.

¡Todo listo! con la ropa mas “elegante” y limpia, amontonados contra la reja, esperando que el cobani (así se designa a lxs agentxs en la jerga del Servicio Penitenciario Federal) venga a buscarte al pabellón, conversación irrelevante con los compañeros porque la cabeza está en otro lado. ¿Habrán podido llegar? ¿Cómo estarán? ¿El ingreso habrá sido muy horrible? Todos ansiosos, pegados a la reja.

De repente se escuchan los pasos y… ¡Fulano, visita! El resto palmeamos a Fulano en la espalda. Enorme sonrisa de satisfacción. ¿Querés que te ayude con algo? Se cierra la reja y a seguir esperando. Absurdo, todos parados contra la reja. Un rito que se repite en cada visita. La comida (tu homenaje a lxs visitxs) se va enfriando en el bolso, uff! Finalmente, tu momento ¡Boudou, visita! ¿Alguien está muy cargado, te llevo algo?

El camino a lugar de visitas, las miradas de lxs agentes… algunas (muy pocas) hostiles. Todas tensas.

Ya en el lugar, abrazos (fuertes, interminables), besos, risas, lágrimas, mas abrazos. Saludar a las visitas de los compañeros. Poner la mesa. Compartir la comida. Apurar la charla. Agradecer con la mirada, caricias y abrazos durante cada segundo de las dos horas de visita. Hablar mucho, mucho. Compartir el tiempo. Un vértigo hermoso. Pasión y melancolía al unísono. Todos los sentidos abiertos al máximo porque ese tiempo compartido es parte de la fuerza y de la paz con la que transcurre el encierro. ¿Hay algo mas importante que “ser parte” de algo colectivo? No.

Quienes vinieron tengan por seguro que cada visita, cada charla, cada tema queda guardado en el alma para siempre. Lxs que estuvieron saben bien de que hablo. De una intensidad muy especial. De algo que nada ni nadie puede romper.

 

(Fragmento)  «Alambrados» de Amado Boudou