Si se quiere estigmatizar a simpatizantes de los nazis debería ponerse la lupa sobre Roberto Noble, fundador de Clarín.

INFAMIA: UN FARSANTE, EX SOCIO DE AL KASSAR, PRETENDE QUE EL INSIGNE SANITARISTA RAMÓN CARRILLO HAYA SIDO NAZI (E ISRAEL E INGLATERRA LO SECUNDAN)

Por Juan José Salinas (FOTO)

Quienes hoy conservan el nombre de Simón Wiesenthal como marca registrada fueron y son absolutamente funcionales a quienes encubrieron a los asesinos que dinamitaron la Embajada de Israel y la AMIA a fin de que nunca queden expuestos los motivos, la sustancia de esos crímenes horrendos.

Por Juan José Salinas

El Pájaro Rojo

18/05/2020

No tengo un juicio sobre los inicios de Simón Wiesenthal como «cazador de nazis» pero si sobre sus actividades años más tarde, y no es para nada benévolo.

Para decirlo rápido y en criollo, no sé si siempre lo fue o que con el pasó de los años se convirtió en un chantapufi que dejaba de perseguir el rastro de conspicuos jerarcas nazis si eran poderosos o gozaban de la protección de poderosos.

Quienes hoy conservan su nombre como marca registrada fueron y son absolutamente funcionales a quienes encubrieron a los asesinos que dinamitaron la Embajada de Israel y la AMIA a fin de que nunca queden expuestos los motivos, la sustancia de esos crímenes horrendos.

Que mataron a más de cien personas, hirieron a muchas más y estrujaron el corazón de miles pero no fueron capaces de conmover los suyos, de hacerlos romper con las razones de Estado(s).

Porque, como en el caso que relataré, ellos mismos estaban comprometidos.

Hace cuatro años y medio denuncié que Ariel Gelblung, el representante del Centro Simón Wiesenthal para toda América Latina estuvo asociado con el sirio Monzer al Kassar –el sospechoso nº1 de haber instigado los atentados– en el tráfico ilegal de armas hacia Bosnia y Croacia.

(No lo dejen de ver acá: https://pajarorojo.com.ar/?p=19046).

Que la embajadora israelí, Galit Ronen, haya sido parte de la campaña no extraña aunque indigne, pero para mayor escarnio, el embajador británico, Mark Kent (que por lo visto cree que Argentina es una colonia de su «graciosa majestad») también se permitió secundar a Gelblung en sus acusaciones, lo que equivaldría, por ejemplo, a que la embajadora Alicia Castro hubiera opinado sobre quien debe figurar en los billetes de libras esterlinas… extremo en el que, por cierto, podría haber objetado la presencia de Winston Churchill, quien en 1937 elogiaba encendidamente a Hitler:

«Si nuestro país fuera derrotado, desearía que encontráramos un campeón tan indomable como el señor Hitler para restaurar nuestro coraje y conducirnos otra vez al lugar que nos corresponde entre las naciones». Step by Step.

El esperpento queda en evidencia con las fundadas sugerencias de que si se quiere arremeter contra figuras públicas por su judeofobia, deberían apuntarse los cañones contra Domingo Faustino Sarmiento, y si se quiere estigmatizar a simpatizantes de los nazis debería ponerse la lupa sobre Roberto Noble, fundador de Clarín.

En este contexto, las acusaciones del Figuretti Gelblung al gran sanitarista santiagueño Ramón Carrillo con el propósito declarado de que su rostro no aparezca en futuros billetes es una alevosa canallada.

Una mas.