El Futuro después del COVID-19 – 19

DISTANCIA FÍSICA Y ARMONÍA COMUNAL/SOCIAL

Por Walter D. Mignolo

La situación que estamos experimentando en el planeta es inédita. Hubo, sin duda, pandemias y crisis financieras en el pasado. Esta es la primera vez que pandemia y crisis financieras ocurren juntas, la segunda motivada por la primera. Las relaciones entre ambas son difusas. Una pregunta es en qué medida una desmedida economía de crecimiento creó las condiciones para que se originara la pandemia.

 

 

 

Por Walter D. Mignolo*

 

REFLEXIONES SOBRE UNA SITUACIÓN GLOBAL Y NACIONAL SIN PRECEDENTES 1

I

La situación que estamos experimentando en el planeta es inédita. Hubo, sin duda, pandemias y crisis financieras en el pasado. Esta es la primera vez que pandemia y crisis financieras ocurren juntas, la segunda motivada por la primera. Las relaciones entre ambas son difusas. Una pregunta es en qué medida una desmedida economía de crecimiento creó las condiciones para que se originara la pandemia. La otra pregunta la motiva el hecho de que, hasta el momento, la mayor cantidad de personas infectadas haya ocurrido en los países industrializados de Occidente. En China, (pero también en Corea del Sur, Taiwán, Singapur) las estadísticas son menores y el control de la propagación es más efectivo.

En el escenario actual percibo tres momentos significativos y una expresión que conecta esos tres momentos. La expresión generalizada es la de “distancia social.” La práctica de “distanciamiento” es necesaria y efectiva. Disipar la confusión entre ambas es importante para subrayar que lo que necesitamos hoy es solidaridad y armonía comunal, aunque tengamos que mantener distancia física (Mignolo, 2010). Vayamos a los tres momentos.

II

El primer momento está marcado por la situación sin precedentes. Nunca en la historia de la humanidad pandemia y crisis financiera ocurrieron simultánea y globalmente. En una rápida mirada a estas dos historias encontramos lo siguiente. El siglo XVI marca un hito muy especial en los registros de fenómenos pandémicos en distintos lugares y épocas. Es la primera pandemia provocada por la incipiente globalización marítima, transoceánica. Desde el siglo XVI hasta el presente se registran varias pandemias (Lepan, 2020) que afectaron a más de un continente. Las más devastadoras fueron las ocurridas durante la colonización de las Américas y la llamada “Gripe Española.” En cuanto a las crisis financieras a partir del siglo XVI comprobamos que la primera ocurrió en el siglo XVII, la segunda en el XVIII y la tercera en el XIX. Cinco crisis ocurrieron en siglo XX y tres en lo que va del siglo XIX. Un total de ocho en un siglo con relación a tres en tres siglos. Todas ellas son crisis ocurridas en el orden mundial moderno/colonial. Son distintas a las ocurridas con anterioridad cuando el planeta no estaba todavía interconectado y en ningún caso ocurrieron simultáneamente y en todo el planeta.

El segundo momento lo definen la guerra de las imágenes entre Estados Unidos y China y sus consecuencias, presentes y futuras, en el orden político y económico global. La guerra de las imágenes se asienta sobre el diferencial de poder moderno/colonial en la esfera mediática como así también en la historia de las relaciones inter-estatales. En la esfera mediática, tanto la lengua inglesa como la industria de la información manejada por Estados Unidos, lleva ventaja sobre el mandarín y la industria informática China. Estadísticamente, el número de hablantes nativos en mandarín es tres veces mayor al número de hablantes nativos en inglés. No obstante, la difusión internacional desde China no puede evitar el uso del inglés. En cuanto a las relaciones internacionales, tiene su punto de anclaje en el quiebre que sufrió China durante la guerra del opio (mediados del siglo XIX) y el largo proceso de resurgimiento desde entonces. En la guerra de las imágenes, Estados Unidos mantiene el privilegio mediático que le permite justificar las sanciones financieras. Por lo tanto, el diferencial de poder favorece la actitud agresiva de Estados Unidos en tanto que sitúa a China en una posición (todavía) defensiva.

La pandemia intensificó un conflicto ya existente que continuará después de controlada la pandemia. Lo que está en juego es mantener —por un lado– el orden global unipolar liderado por Estados Unidos, aunque basado en quinientos años de historia de expansión europea y —por otro— el inevitable desplazamiento hacia un orden global multipolar. Lo que está en juego no es una nueva bi- polaridad (o Estados Unidos o China), sino algo distinto. Se trata de lo siguiente. Carl Schmitt bosquejó la formación, a partir del siglo XVI, del “segundo nomos” (ley, orden) de la tierra (Schmitt, 2006). El primer nomos de la tierra es, para Schmitt, anterior al siglo XVI, poli-céntrico, mientras que con el segundo nomos surge el orden global mono-céntrico y centrado en los intereses de Europa. Hoy estamos viviendo la transformación del segundo al tercer nomos: la disolución del orden unipolar, centrado en el Atlántico Norte, y la emergencia de un orden multipolar o pluri-céntrico. Orden que incluirá a la Unión Europea y a Estados Unidos, pero que ya no admitirá el liderazgo unipolar. La pandemia está simplemente acelerando un proceso ya en marcha e imparable. La guerra de las imágenes que nos orientan y desorientan es la manifestación superficial de un terremoto en el orden mundial y en las relaciones internacionales.

El tercer momento se deriva del segundo. China, Rusia y Cuba enviaron ayuda médica y sanitaria a varios países, Italia y Argentina entre ellos. Estados Unidos, Inglaterra, Francia, Alemania (los tres estados del corazón de Europa) no están en condiciones de prestar ayuda puesto que son los países con mayor cantidad de personas infectadas y fallecidas 2.

Estos son signos inequívocos del orden multipolar en marcha que la pandemia no sólo acelera, sino que quita las máscaras mantenidas todavía precisamente por el privilegio mediático del Atlántico Norte (Colom Piella, 2018).

William O´Barr, Procurador General en la presidencia de Donald Trump, sentenció a principios de abril que China es la mayor amenaza que enfrenta hoy Estados Unidos 3. El enunciado tiene sus vericuetos. En primer lugar, porque en estos momentos la política del gobierno chino es más bien —como ya mencioné— a la defensiva. Quien ataca es Estados Unidos y la declaración de O`Barr es un signo evidente que revela el temor de lo inevitable: la imposibilidad de Estados Unidos de contener a China, un país con una población de un billón y medio de gentes. En una economía de crecimiento y competitiva, capitalista se le llama, es imposible detener el crecimiento no sólo por la capacidad de China de producir y consumir sino por la capacidad intelectual, técnica y científica de una población disciplinada que ya ha demostrado su disposición y auto-suficiencia. Detrás de la observación de O´Barr se esconde una paradoja: el proyecto de desarrollo y modernización que lanzó Harry Truman en 1949, y que conocemos bien en América Latina, suponía que Estados Unidos sería el país que “ayudara y guiara” el proceso, pero no que alguien desobedeciera y lo hiciera por sí mismo. El leído y comentado artículo de Henry Kissinger, “The Coronavirus Pandemic Will Forever Alter the World Order” publicado en el Wall Street Journal, complementa la beligerante declaración de O´Barr en un tono diplomático 4.

Los tres momentos bosquejados y la expresión que los conecta (distancia social) son los signos de un proceso liderado que, en retrospectiva, comenzó en la década de los 70s: hasta 1945 la economía era parte de la sociedad, a partir de 1970 (precedido por el período de bonanza en los países industrializados entre 1950 y 1970), la sociedad devino parte de la economía. Inversión radical que subyace al orden global unipolar y multipolar. La expresión y recomendación de “distancia social” puede muy bien ser una expresión, intencional o no, que contribuye a supeditar la sociedad a la economía inhibiendo la posibilidad de cuestionar la inversión para situar la economía al servicio de la sociedad y esperar que el estado promueva los lazos comunales en vez de las redes financieras y corporativas. La “distancia social” para resolver una crisis bifronte—de economía y pandemia—crea una imagen de sometimiento social al orden económico, mientras que “distancia física” y “armonía social” subraya la voluntad social de colaboración sin sometimiento y sin olvidar la solidaridad y lo comunal.

III

El futuro de Argentina dependerá de las respuestas y orientaciones que el gobierno otorgue y promueva en el concierto de un orden global debatido en los G7, los G20 y las Naciones Unidas. Reflexionar sobre estas mutaciones y sus consecuencias, con o sin virus, contribuye para los proyectos “Argentina Futura.” La filosofía de los Pueblos Originarios nos enseña que, contrario a los conceptos de progreso y desarrollo, el presente y el pasado están frente a nosotros: lo sentimos, lo vivimos, lo “vemos.” El futuro está detrás. No lo sentimos, no lo vivimos ni lo vemos. El orden global multipolar (político, económico, mediático, militar) es paralelo a las mutaciones de la esfera del conocimiento. En consecuencia, ya no es necesario partir del canon occidental de conocimiento basado en seis lenguas modernas europeas (principalmente inglés, alemán y francés y en menor medida italiano, español y portugués), todas ancladas en el griego y el latín para orientar el presente hacia el futuro. Aunque el castellano es la lengua oficial de Argentina, nuestra historia y la de América debe ser el punto de partida de nuestras reflexiones. La referencia a la filosofía de los Pueblos Originarios tiene todo el peso de un proceso de desenganche epistémico y afectivo.

Hagamos un breve recuento de las dos primeras décadas del siglo XXI partiendo de nuestras historias locales para luego reflexionar sobre el panorama global. Muchas cosas que diré son sabidas; no es por la información que las digo, sino para la reflexión.

La década del 90 fue la década del triunfalismo neoliberal motivado por la desintegración de la Unión Soviética y la algarabía del fin de la historia, respaldado por el boom tecnológico en Wall Street. En América del Sur, el proyecto neoliberal había ya comenzado en Chile en 1973, continuó con Jorge Rafael Videla en Argentina y con Gonzalo Sánchez de Lozada en Bolivia. Esas memorias fueron marginadas por el triunfalismo financiero de Domingo Cavallo y los entretelones de Carlos Menen; triunfalismo interrumpido por las respectivas bombas en la Embajada de Israel y en la AMIA. En el 2000, el castillo de naipes montado en los 90s se derrumbó en el orden global y también en Argentina. En el orden global, la destrucción de las Torres Gemelas (9/11) fue utilizada en la guerra de las imágenes para salir de la crisis. La intervención de Rusia en Siria y en Ucrania desbarató el proyecto. A pesar del fracaso político en Iraq, la invasión del 2003 permitió legitimar la guerra permanente contra un enemigo fabricado y justificaba la renovación de la política de “seguridad nacional.” La Unión Soviética ya no existía y era necesario inventar un nuevo enemigo 5.

Hacia el 2006 sentimos un giro a la izquierda en América Latina. Queda el recuerdo, para quienes lo vivimos, de la euforia que comenzó a hacia el 2003, año en que Ignacio Lula y Néstor Kirchner asumieron la presidencia. Hugo Chávez ya estaba en el cargo desde 1999. En el 2006 Evo Morales y en el 2007 Rafael Correa asumieron el liderazgo de sus respectivos países. En ambos países las Asambleas Constituyentes redactaron nuevas Constituciones en las cuáles sobresalían tres capítulos: estado plurinacional, Sumak Kawsay (Ecuador) y Suma Qamaña (Bolivia) y Derechos de la Naturaleza (Madre Tierra o Pachamama). En Uruguay, José Mujica acompaño el giro a la izquierda entre el 2010 y el 2015. Hacia 2011 algunos percibíamos que el giro no habría sido hacia la izquierda sino hacia la des- occidentalización: gobiernos que mantuvieron la economía de acumulación, capitalista (y difícilmente hubieran podido hacer otra cosa), pero desligándose en lo posible de US y orientando su política exterior hacia China, Rusia e Irán 6. La formación de los BRICS, siendo Brasil uno de sus miembros, facilitó este giro. Hacia el 2014-2015 la derecha argentina comenzó su campaña contra la presidencia de Cristina Fernández de Kirchner y en el 2015 comenzó el hostigamiento a Dilma Rousseff que culminó en el golpe judicial en 2016. Finalmente, en el 2019 la derecha, tanto nacional como internacional, logró derribar al gobierno de Evo Morales. Debilitado el giro a la izquierda por errores propios y por el constantemente hostigamiento de la derecha, tanto nacional como internacional, el giro a la izquierda fue sustituido por el giro a la derecha, notablemente en Argentina en el 2015, en Brasil en el 2016, en Ecuador en el 2017, el retorno de Sebastián Piñeira en Chile y de la derecha cristiana en Bolivia en el 2019 7.

Si hay algo que la pandemia COVID-19 no alterará es, por un lado, las huellas de un pasado reciente donde se tejieron coordenadas políticas y económicas, pero también subjetivas de las personas al frente de instituciones nacionales e internacionales (estados, bancos, medios de comunicación, Naciones Unidas, FMI, etc.). Las decisiones no se toman sólo por razonamientos sino, y quizás fundamentalmente, por los sentimientos.

Por otro lado, la pugna actual entre la conservación de un orden mundial unipolar y otro multipolar, la pugna entre la re-occidentalización y la des- occidentalización, no será alterada en sus principios, pero seguro lo será en las estrategias. Tercer lugar, donde por cierto habrá un período de alteraciones y desconciertos, es en la cotidianeidad de las gentes. La “Argentina Futura” dependerá de cómo se manejen las huellas institucionales, personales y sociales que han marcado la historia reciente del país, las modulaciones de las relaciones internacionales y el estado actual del conflicto uni-multipolar. A la Argentina no hacía falta “integrarla al orden mundial.” Argentina está integrada al orden mundial desde la revolución o golpe de estado, de 1852, liderado por Justo José de Urquiza.

IV

La presidencia de Alberto Fernández, inaugurada en diciembre del 2019 fue, sin lugar a duda, un momento propicio a la vez que difícil para que la oposición reconociera públicamente el fracaso de una política orientada por la creencia de que la sociedad debe estar supeditada a la economía y no la economía al servicio de la sociedad. Además, los cuatro meses del nuevo gobierno han marcado una fuerte re-orientación de las políticas públicas, de la imagen y la función de la forma estado-nacional. Todo lo cual generó un convincente voto de confianza de la gente. Sintieron, sentimos aún desde el extranjero, que el presidente y su equipo son estadistas al servicio de la nación. Las tempranas críticas a los abusos del estado restringiendo libertades personales ya no se escuchan. Pero vale marcar dos puntos al respecto: una cosa son los controles estatales como los vividos en Argentina entre 1976 y 1983, y en Chile entre 1973 y 1989, y otra son los controles para evitar la propagación del virus y el malestar social. El otro punto se refiere al mito de la “libertad.” La libertad de las personas es paralela a la libertad de las corporaciones y los bancos. Por eso la política neoliberal reduce la función del estado para expandir la libertad de los mercados. Ya vimos, en el pasado reciente, los resultados de políticas que reducen las funciones estatales. En relación a lo que vengo argumentando, subrayo tres instancias en el decir y hacer de Alberto Fernández en las que percibo tal re-orientación.

IV.1

El presidente fue aconsejado, y tengo entendido que uno de los consejeros fue Mauricio Macri, no olvidar la economía. Supongo que ese consejo aprobaba, sin decirlo, la gestión presidencial ante la pandemia al mismo tiempo que aprovechaba para dar un consejo sobre la economía. Alberto Fernández sin desconocer o rechazar el consejo (y esta actitud es muy importante), subrayó que las economías se recuperan mientras que la vida de las personas no. Un pequeño signo, que puede llegar a expandirse (y esperemos que así sea), que re-orienta la prioridad de lo económico y pone la salud, la vida, la gente en primer lugar. Rita Segato lanzó un enunciado provocativo para destacar la re-orientación del estado patriarcal (porque toda forma-estado conocida en el mundo en los últimos 20 siglos son estados patriarcales, incluida la democracia en la antigua Grecia), en estado materno 8. Podemos discutir si materno es o no el adjetivo adecuado. No nos perdamos en escaramuzas nominales. Entiendo que Segato percibió una función del estado que no está en los manuales de teoría política desde Aristóteles y Platón hasta Carl Schmitt y Eric Voegelin. Fue en la gestión de Alberto Fernández, y no los manuales que Segato percibió una orientación inusitada del estado. Un estado materno, sea liderado por mujeres u hombres, es un estado al servicio del cuidado de la gente, al cuidado de la armonía socio/comunal. Un estado patriarcal puede estar o bien al servicio de las corporaciones y del crecimiento del PIB o bien en contra de injerencias foráneas. En ambos casos la confrontación se da en la esfera de estados patriarcales, que son hoy la mayoría. Quizás el desorden global actual esté relacionado con el espíritu patriarcal de los estados nacionales. Concebir y gestionar un estado materno es ya una inversión radical: significa poner la economía al servicio de la gente y no la gente al servicio de la economía a la vez que crear sectores dispensables de la población porque no tienen lugar en la economía ni como trabajadores y menos como consumidores.

IV.2

En la misma vena, el presidente y su ministro de economía, Martín Guzmán, dijeron y repitieron de distintas maneras lo siguiente: vamos a pagar la deuda, pero no lo haremos a costa de la nación. Lo cual significa de nuevo invertir los términos: el estado debe estar al servicio de la nación y no la nación al servicio del Estado. La política de respeto a las obligaciones contraídas, aunque fuera de la administración es una actitud ética a la vez que política. El canje de la deuda, propuesto para negociación a mediados de abril, es otro gesto de una política responsable que no sucumbe ante presiones motivada por otros intereses.

  1. 3

Percibo dos consecuencias que se desprenden de la actual gestión gubernamental. Una incumbe a la política doméstica y otra de política internacional.

La gestión gubernamental ante una situación que no tiene precedentes, ni históricos ni teóricos, puso en práctica y en relieve la necesaria restitución política que devuelva a la economía su función social en vez de mantener la sociedad al servicio de la economía. Para ello fue necesario, por un lado, actualizar un principio básico de la política: la diplomacia y no la confrontación, (la colaboración en la administración de la polis) y, por otro, guiarse por el sentido común de convivialidad en vez de hacerlo por principios económicos abstractos, como el desarrollo, o políticos, como la democracia.

Todas las teorías políticas y económicas existentes fueron construidas en bases a experiencias imperiales. Lo que necesitamos hoy son teorías políticas y económicas que confronten la colonialidad y no ya de teorías que celebren la modernidad. Afortunadamente no hay que empezar de cero. Es suficiente con mirar en el pasado y re-valorar lo que aún tenemos y que olvidamos esperando que nos lleguen “novedades” que nos guíen 9.

Reducir la economía a su justa medida y supeditarla a la armonía comunal es imprescindible. Para ello es necesario desacoplar economía de capitalismo. Capitalismo y economía son dos cosas distintas. De modo que la inversión del razonamiento que pone la economía al servicio de lo comunal (ni el bien común liberal ni el común marxista) presupone alterar y desengancharnos de la economía de acumulación, capitalista, y pensar en economías sostenibles. No me refiero a desarrollo sostenible, puesto que desarrollo está acoplado a capitalismo. Desacoplar la economía del capitalismo requiere un vuelco del razonar y del sentir y un horizonte de vida que no es el crecimiento y el desarrollo sino el equilibrio y la armonía. Mucho se ha dicho ya sobre el Buen Vivir o Bien Vivir (Sumak Kawsay en la lengua kichwa de Ecuador, Suma Qamaña en la lengua aymara de Bolivia) 10. En la filosofía náhuatl y también en la griega, la economía era una dimensión necesaria del vivir, era la administración de la escasez. En ninguna de estas dos civilizaciones encontramos tratados de economía. La naturalización de la creencia que identifica capitalismo y economía impide pensar que mientras el trabajo es necesario para vivir (economía), en cambio no lo es el vivir para trabajar (capitalismo). El primer tratado de economía, el de Adam Smith, La riqueza de las naciones (1776) es por un lado un tratado de ética económica y, por otro, fue una respuesta a la creciente relevancia de la economía provocada por la expansión colonial de Europa. La invitación de Alberto Fernández —en el orden doméstico– a los empresarios a pensar que “ganar menos” puede contribuir a vivir con menos conflictos y mayor respeto mutuo es paralela a la propuesta del canje de la deuda: pagaremos, pero no lo haremos de la manera en que ustedes quieren que lo hagamos sino de la manera en que nosotros lo podemos hacer. Punto. La afirmación no es un tratado de economía sostenible, pero sí es un punto de inflexión ante las regulaciones económicas que operan sobre el diferencial de poder.

El último punto de mi argumento atañe a la política de Alberto Fernández en las relaciones internacionales. Podemos percibir ya una continuidad y, al mismo tiempo, una discontinuidad con el “giro a la izquierda” en América del Sur en la primera década y mitad de la segunda del siglo XXI. La continuidad ya tuvo signos inequívocos en dos sentidos. Por un lado, no titubeó en respetar la legitimidad electoral del gobierno de Nicolás Maduro aduciendo que, según los principios democráticos, es un gobierno elegido por votación. Sus palabras no fueron una defensa de Maduro sino una afirmación de legitimidad legal frente a la ilegalidad de la auto-proclamación de Juan Guadió, apoyado por Estados Unidos. De igual manera, no titubeó en arreglar el exilio de Evo Morales a México primero y darle asilo en Argentina luego. Tales actitudes y declaraciones no son del agrado ni de la embajada de Estados Unidos en Argentina ni de la Casa Blanca. Sin embargo, no son declaraciones anti-estadounidenses. Tampoco se pronunció anti-FMI. En ambos casos, afirmó su posición sin respaldarlas con enunciados antagónicos. Este gesto marcó la discontinuidad con el “giro a la izquierda” reconociendo, quizás, que en el emergente orden multipolar las posiciones políticas ya no pueden tomarse aceptando la fórmula de George W. Bush: o estás conmigo o con mis enemigos. La política internacional que se vislumbra en estos meses es la siguiente: no estoy ni contigo ni con tus enemigos. Es decir, una tercera y novedosa posición que implica el acogimiento del orden global multipolar y de la afirmación una política local en esa nueva escena.

V

La confluencia entrelazada de pandemia y crisis económica/financiera global y local, su dimensión e impacto, ponen en evidencia (recordando un dicho de Albert Einstein en otro contexto), que los problemas con los que nos enfrenamos hoy no pueden ser resueltos con la misma mentalidad que los ha creado en el pasado. No obstante, sabemos que viejos hábitos tardan en morir. Lo cual no implica que esperemos su muerte para pensar qué vendrá después. Pensar y visionar la Argentina Futura requiere la doble tarea de pensarla en el orden global desde el momento de su inserción y dependencia económica, financiera, política y cultural en 1852. Lo cual requiere pensar y analizar el orden global en el cual se insertó y los avatares hasta hoy. La principal alteración de este período es la apertura reciente hacia el orden global multipolar. Desde 1852, en lo que concierne a Argentina, hasta principios del siglo XXI, las reglas del juego fueron dictadas y transformadas por los estados imperiales occidentales. La irrupción de la Unión Soviética consolidó el dominio de occidente repartido en capitalismo liberal y comunismo estatal. La corta irrupción de Japón en el siglo XX convirtió al país de enemigo de Estados Unidos a principal aliado en el este asiático, paralelo al papel de Israel en el oriente medio. El orden global multipolar abre la posibilidad de relaciones internacionales multipolares sin crear antagonismos. De lo cual el gobierno de Alberto Fernández dio muestras en lo doméstico y en lo internacional.

La inversión de las relaciones salud-economía, en lo doméstico, pone la economía al servicio de la salud. Esta inversión presupone elaborar una de mayor escala: la inversión de las relaciones economía/sociedad. Poner la economía al servicio de la salud presupone hacer de la economía un servicio social y no ya un sistema de crecimiento y enriquecimiento. El tema está relacionado con debates actuales que enfrentan desarrollo insostenible con desarrollo sostenible. El asunto aquí no es hacer el desarrollo sostenible sino dejar de pensar en términos de desarrollo. Lo cual nos lleva a la necesidad de cuestionar el proyecto de economías sostenibles. El problema es el desarrollo y no el hecho de que sea o no sostenible. Claro, la segunda posibilidad es preferible, pero es una solución de la misma mentalidad que creó el problema que tratan de solucionar. Al hacer estas afirmaciones no espero que las Naciones Unidas adopten la idea. Como dije, viejos hábitos tardan en morir. Lo cual no implica que mientras tanto vayamos explorando, en paralelo, las economías sostenibles. Para ello será imprescindible contar con la participación de la “sociedad política”, es decir, el sector de la sociedad que reclama su derecho de participación en la construcción del estado-nación, que reclama su participación en la polis.

Al decir política no estoy hablando de crear un nuevo partido o hacer alianzas entre los existentes. No estoy hablando de antagonismos políticos partidarios y de sindicatos. Tampoco estoy hablando en contra de ellos. Estoy hablando de las funciones del “estado materno” y en colaboración con la “sociedad política.” Es decir, el sector de la sociedad que tome en sus manos la paulatina conversión de “la distancia física” en armonía comunal/social. La “sociedad política” no son organizaciones de protesta sino de colaboración. Para que esto sea posible, el estado, las corporaciones y los bancos deben colaborar. La inversión en este caso es la de trabajar para vivir y no ya la de vivir para trabajar. La obligación y responsabilidades son mutuas: la represión estatal y la explotación corporativa de la sociedad debe ceder a un trabajo colaborativo de armonía comunal y social. Para ello hace falta un estado firme y fuerte, lo cual no quiere decir dictatorial. Quiere decir un estado firme y fuerte que no sucumba frente a las presiones política, económicas y mediáticas tanto nacionales como internacionales.

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NOTAS

1 Mi agradecimiento a Rita Segato por intercambios y conversaciones de larga data y, sobre todo, por su atenta lectura de y las agudas observaciones a este ensayo.

2  Por un acuerdo del 19 de abril, China envió grandes cantidades de máscaras y medicamentos a Alemania, Ver: https://www.wsj.com/articles/as-countries-vie-for-coronavirus-supplies-germany-cuts-deal-with-china-11586372608

3  O´Barr, W (2020, 8 de abril) China is the Biggest Threat to the US, Disponible en https://breakingthenews.net/Article/AG%20-%20Barr:-China-is-biggest%20threat-to-US/51806327

4  Kissinger, H. (2020, 3 de abril) The Coronavirus Pandemic Will Forever Alter the World Order . Disponible en https://www.wsj.com/articles/the-coronavirus-pandemic-will-forever-alter-the-world-order-11585953005

5 Rice, C. (2017, diciembre) US Wars in the Middle East Were not Supposed to Bring Democracy, Newsweek,

6 Mignolo,      W.   (2011,      diciembre)      Hacia       la        desoccidentalización      Página     12.   Disponible               en https://www.pagina12.com.ar/diario/elmundo/4-182727-2011-12-06.html .     Sobre       des-occidentalización   ver, “Delinking, Decoloniality and Dewesternization”, Critical Legal Thinking, May 2012, https://criticallegalthinking.com/2012/05/02/delinking-decoloniality-dewesternization-interview-with-walter- mignolo-part-ii/

7 Un excelente análisis crítico, en el sentido de análisis y juicio, Edgardo Lander, Cerisis Civilizatoria. Experiencias de los gobiernos progresistas y debates en la izquierda latinoamericana. Guadalajara: CALAS, 2019, https://rebelion.org/docs/262267.pdf

8 “Rita Segato y los vínculos en cuarentena”, C5N TV, Marzo 31, 2020, https://www.newsweek.com/us-war-middle-east- bring-democracy-rice-608640

9 En América del Sur los debates sobre la dependencia son muy conocidos. Sin embargo, es un momento oportuno para revisarlos y actualizarlos. Claudio Katz, “El surgimiento de las teorías de la dependencia”, Comité para la abolición de las deudas legítimas, 2016, http://www.cadtm.org/El-surgimiento-de-las-Teorias-de

10 Ver Fernando Huanacuni Mamani, ya citado, y los numerosos ensayos sobre el tema de Eduardo Gudinas y Alberto Acosta. Entre ellos,” La renovación de la crítica al desarrollo y el buen vivir como alternativa.” Utopías y Práxis Latinoamericana, 16/53, 2011, 71-83. Des

 

Bibliografía

 

Colom Piella, G. (2018) “Guerras híbridas. Cuando el contexto lo es todo”. Disponible en: https://www.ugr.es/~gesi/Guerras-hibridas.pdf

Lepan, N. (2020) “Visualizing the Hitory of Pandemics”. Disponible en: https://www.visualcapitalist.com/history-of-pandemics-deadliest/

Mignolo, W. D. (2010) “The comunal and the decolonial”, Turbulence. Disponible en: http://www.turbulence.org.uk/index.html@p=391.html

Schmitt, C. (2006) The Nomos of the Earth in the International Law of Jus Publicum Europaeum.London: Telos Press Publishing

 

Walter Mignolo* es semiólogo y profesor de literatura. Es uno de los referentes más importantes de la tradición conocida como el pensamiento descolonial. En el mismo se inscriben –de un modo u otro- figuras de la talla de Enrique Dussel, Aníbal Quijano o Santiago Castro Gómez. Esta corriente se emparenta a su vez con trabajos como los de Frantz Fanon, Samir Amin y las corrientes iniciadoras de la teología de la liberación. Mignolo nació en Argentina, pero ha estudiado en París a partir de 1969. Allí tuvo como profesores a Roland Barthes, Julia Kristeva y Michel Foucault, entre otros. Pasó luego a trabajar en diversas universidades en Estados Unidos y hace ya más de 20 años trabaja en la Universidad de Duke, donde es director del Instituto Franklin para estudios interdisciplinarios e internacionales.