Carlos, del reino humilde hecho entre nosotrxs por la presencia del dolor compartido.

PADRE DE LXS PIBES DESCALZXS

Por Jorge Norberto Elbaum

Hermano de quienes sufren el frío en los ojos del invierno.
Te ruego que les señales la maldad lacerante de la carencia.
Te imploro que logres explicarles la herida con pus, profunda, del desempleo.
Del agua a borbotones que entra por los techos, del contacto adeudado con la justicia terrena, de los retorcijones del mate solitario.

 

Por Jorge Norberto Elbaum

 

Carlos

Padre de lxs pibes descalzxs, del reino humilde hecho entre nosotrxs por la presencia del dolor compartido.

Hermano de quienes sufren el frío en los ojos del invierno.

Te ruego que les señales la maldad lacerante de la carencia.

Te imploro que logres explicarles la herida con pus, profunda, del desempleo.

Del agua a borbotones que entra por los techos, del contacto adeudado con la justicia terrena, de los retorcijones del mate solitario.

De la rata muerta donde juegan lxs niñxs.

Deciles vos, Carlos, de nuestra espera con broncas estranguladas, con ganas desesperadas de hacer desastres, de la poesía que sale sólo para gritar vocales de hartazgo, del sinnúmero de veces que se invoca al cielo sin respuesta.

Susurrales nuestro rencor de hospitales derruidos, esta angustia que no sabemos de dónde viene, aquel espesor de las lágrimas (en oleaje) dispuestas a convertirse en advertencia.

Contales de esta paciencia de siglos a punto de astillar huesos.

Esto de los pueblos sojuzgados por un norte abismal manchado de hierro.

Este viento en cada una de nuestras lágrimas.

Esta tierra regada con veneno, este desmonte de vida y pájaros, estas ciénagas de insultos atragantados.

Explicales las humillaciones sufridas, las varias afrentas recibidas en los andenes blancos del desprecio.

Hablá por nosotrxs, Carlos, por favor.

Nombrá a cada lastimadx para que vuelva a confiar en la vida.

A la madre golpeada en el pasillo embarrado, al niño de ojos inmensos postrado en la salita sin luz, alcohol ni enfermera.

A la maestra que lleva leche de su casa para sus alumnos con ojeras.

A la llaga de una Patria que se desangra una y otra vez en pos de la mezquindad de una pequeña porción enriquecida.

Señalanos el camino que está hastiado de acurrucar paciencia.

Enseñanos del que sufre y del que vuelve.

Predicanos tu amor de barro y belleza, Carlos.

Dejanos aprender tu aire de sensibilidad, lágrimas guardadas y abrazo de cielo.

Y no te olvides de nosotrxs.

Amén.