Una tarde en que asistía a un concierto de la Orquesta Típica Tokio, Ranko escuchó por primera vez “La cumparsita”.

RANKO FUJISAWA (LA FLOR DE ORQUÍDEA DEL TANGO)

Por Teodoro Boot *

Fue así que Ranko Fujisawa, acompañada por Aníbal Troilo y Roberto Grela, se presentó en el teatro Enrique Santos Discépolo, contándose entre el nutrido público con la presencia del Excelentísimo Señor Presidente de la República Señor General Juan Domingo Perón.

Por Teodoro Boot

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01/05/2020

La verdad verdadera

Con un nombre que significa Flor de Orquídea en el Lago de Glicinas, hasta los 18 años Ranko Fujisawa se había abocado al estudio del canto y el piano.

Su sueño era dedicarse a la lírica, pero al finalizar la segunda guerra mundial ya había cumplido 24 años y comprendido que el canto lírico no daba para vivir.

La joven artista japonesa se vería obligada a incluir en su repertorio canciones populares japonesas, jazz y algunos temas hawaianos para satisfacer el gusto de las tropas norteamericanas.

Hasta que una tarde en que asistía a un concierto de la Orquesta Típica Tokio, escuchó por primera vez “La cumparsita”.

Ranko experimentó una emoción tan intensa que acudió al mayor coleccionista de tango del Imperio del Sol Naciente, Mashaico Takayama, en cuya casa admiró grabaciones de Carlos Gardel, Azucena Maizani, Ada Falcón, Libertad Lamarque, Mercedes Simone, Hugo del Carril y, muy especialmente, Juanita Larrauri.

Juanita Larrauri había sido una cantante de tango que luego del surgimiento del coronel Juan Perón, su casamiento con la actriz Eva María Duarte, el acceso del coronel a la presidencia y una infinidad de pequeños acontecimientos prolijamente ordenados por el Destino para malograr la vida del prestigioso músico Víctor Daniel Buchino, integró el grupo de mujeres impulsoras de la ley 13010 de voto femenino, aprobada en 1947 y formó parte del grupo dirigente del Partido Peronista Femenino que presidía Eva Duarte, ya definitivamente conocida como Evita.

Dos años después, Juanita se casaba con el joven pianista, compositor y director Francisco Rotundo, quien dará el batacazo al incorporar a su orquesta al consagrado Floreal Ruiz y al promisorio Julio María Sosa Venturini.

Escuchar la calidad de la voz, el afinamiento perfecto y el talento interpretativo de Juanita Larrauri y querer convertirse en ella fue todo uno para Flor de Orquídea en el Lago de Glicinas.

“Mama, yo quiero un novio que sea milonguero, guapo y compadrón”, cantaba Flor de Orquídea en el Lago de Glicinas sin tener la más remota idea del significado de los fonemas que reproducía.

Sería imposible determinar si el bandoneonista Shimpei Hayakawa, director de la no muy típica Orquesta Típica Tokio, era guapo y compadrón, pero era indudablemente milonguero y, decidida a seguir los pasos de su ídolo peronista femenino, Flor de Orquídea en el Lago de Glicinas lo eligió por esposo, incorporándose como vocalista a su formación.

Una vez más, los acontecimientos se precipitarían y, como siempre, todo sería culpa de Perón.

En 1948 dos mercantes argentinos arribaron al puerto de Tokio rebalsados de trigo atendiendo al desesperado pedido de ayuda alimenticia: el antiguo Imperio del Sol Naciente estaba hambriento y amenazado de graves desórdenes sociales.

Las agradecidas autoridades agasajaron a las tripulaciones de los buques argentinos con un festival en el que Flor de Orquídea en el Lago de Glicinas deleitó a los marineros con una memorable versión del tango “Caminito”.

La consagración de Flor de Orquídea en el Lago de Glicinas fue inmediata y su nombre, en japonés, mencionado nada menos que por Aníbal Troilo en el cabaret Marabú:

–Con algo de Malena o de Esthercita –farfulló Troilo–, Ranko proyecta sobre Buenos Aires su emoción oriental para hacernos saber que allá, muy lejos, bajo la luna de un Oriente vestido de pagodas, se respira nuestra dulce música.

Luego de dormitar varios segundos cabeceando sobre el bandoneón, Pichuco consiguió regresar:

–»Bienvenida muchacha. Buenos Aires, mi patria, el tango y yo, te declaramos nuestra y te haremos un lugar en el rincón más puro de la orilla.

Un fuelle y una viola te saludan en nombre de la patria.»

Poco después, en 1953, haría su primera visita a Buenos Aires.

Pensaba permanecer unos pocos días como turista, de paso hacia Estados Unidos, México y Hawaii.

Sin embargo, su estancia no fue breve: la senadora por Entre Ríos Juanita Larrauri acudió a su hotel con el expreso propósito de convencerla de que podía ser su heredera.

Fue así que Ranko Fujisawa, acompañada por Aníbal Troilo y Roberto Grela, se presentó en el teatro Enrique Santos Discépolo, contándose entre el nutrido público con la presencia del Excelentísimo Señor Presidente de la República Señor General Juan Domingo Perón.

Los temas más aplaudidos fueron “Sur”, “Yira, yira”, “Una lágrima tuya” y, naturalmente, su gran éxito “Mama, yo quiero un novio”, muy celebrado por el primer mandatario.

Luego de presentación tan exitosa, las emocionadas palabras de Pichuco y la ponderación del primer mandatario, varias emisoras se disputaron a la cancionista japonesa, siendo la favorecida radio Splendid, donde Flor de Orquídea en el Lago de Glicinas actuaría durante más de un mes acompañada de la orquesta estable de la emisora, dirigida por el maestro Víctor Buchino.

Dicen las malas lenguas que el maestro Víctor Daniel Buchino perdería la cabeza por la atractiva Flor de Orquídea en el Lago de Glicinas y enajenado por los celos malograría su promisoria carrera artística.

Había ocurrido que al año siguiente de su exitosa presentación en el teatro Enrique Santos Discépolo, Ranko Fujisawa repitió su visita a la Reina del Plata, donde grabó varios temas con el sello T.K.

Entre ellos, una nueva versión, esta vez insólitamente bilingüe, de «Mama, yo quiero un novio», con la orquesta del maestro Aníbal Troilo y los consejos políticos, musicales, foniátricos y sentimentales de la senadora por Entre Ríos.

Más tarde, actuó en el Teatro El Nacional, un show en el canal 7 de televisión y varias entidades barriales, entre ellas el club Villa Sahores, donde, según algunas versiones, en la intimidad de los camarines, sucumbiría a los viriles encantos del también oriental Julio María Sosa Venturini, precipitando hacia la desvergüenza de la Nueva Ola al hasta entonces serio y circunspecto Víctor Daniel Buchino.

Decidido a acabar de una vez y para siempre con el Varón del Tango, Víctor Daniel Buchino dedicará sus afanes y empeñará todo su arte y talento a mejorar musicalmente los temas del ciclo televisivo “Swing, Juventud y Fantasía”, en el que descollarían los hasta entonces ignotos Jolly Land, Lalo Fransen y otros astros emergentes de la Nueva Ola.

A juicio de Víctor Daniel Buchino, sólo Nicky Jones, Rocky Pontoni y Johnny Tedesco podían opacar el arrollador éxito de su odiado Julio María Sosa Venturini.

Nada de esto ha podido ser confirmado, pero como dijera el notable matemático, filósofo y astrónomo Giordano Bruno, se non è vero, è ben trovato.

Inmediatamente después, el notable matemático, filósofo y astrónomo fue quemado vivo.

TB/