La cuestión, en una guerra, es preservar y unificar la fuerza propia y dividir y aniquilar la fuerza contraria.

ALGUNAS CONSIDERACIONES SOBRE LO QUE ESTA PASANDO EN EL MUNDO

Por Jorge Luis Ubertalli Ombrelli

China y Rusia han elegido las armas comerciales e industriales para derrotar al enemigo, o sea, para que la población hasta ahora enemiga sea afín a la ideología y política de estos países, objetivo que están logrando a través de médicos y equipos, aunados a médicos cubanos, enviados a diversos países para paliar el efecto de la peste.

Por Jorge Luis Ubertalli Ombrelli
NAC&POP
7 de abril 2020

1) En una guerra la fuerza propia tiene como objetivo dejar fuera de combate, aniquilar, a un enemigo.

La cuestión, en una guerra, es preservar y unificar la fuerza propia y dividir y aniquilar la fuerza contraria.

En estos momentos se asiste a una guerra no convencional.

¿Porque?.

Porque no se trata de aniquilar totalmente a un enemigo sino pugnar para que deje de serlo.

Para el capitalismo, el enemigo es aquel que no permite, por acción u omisión, la reproducción ampliada del capital y su apropiación privada.

Es decir que el enemigo/amigo, según se comporte, son los consumidores y los que promueven o no su existencia, su inhumanidad.

Y no se habla aquí de aquellos que consumen normalmente lo necesario para la vida en todos sus aspectos, sino de aquellos que hacen de su objetivo de vida el consumir mercancías, acción necesaria para reproducir el capital y obtener ganancias para unos pocos.

2) Los contendores en esta guerra son los países capitalistas a secas, con EE.UU. y sus aliados europeos y de otras partes del orbe, por un lado, y los países socialistas o ex socialistas, China y Rusia hoy, y sus aliados del mundo, países con gobiernos socialistas o antiimperialistas.

China y Rusia han elegido las armas comerciales e industriales para derrotar al enemigo, o sea, para que la población hasta ahora enemiga sea afín a la ideología y política de estos países, objetivo que están logrando a través de médicos y equipos, aunados a médicos cubanos, enviados a diversos países para paliar el efecto de la peste.

Los EE.UU. y sus satélites antes nombrados no pueden hacerle frente a la andanada industrial y comercial que, desde el punto de vista de la guerra, corroe las defensas, liquida su parque y coopta su retaguardia.
Rusia, la caldera del mundo y China, su motor, corroen de a poco no solo la economía capitalista, sino su cultura, que es la de la guerra, en función del desarrollo de los complejos militares industriales privados que sostienen su andamiaje, y que hacen de soporte a la expansión de los capitales privados que expolian al mundo.

Esta guerra, como diría Mao Zedong en uno de sus trabajos, es de ‘interpenetración’.

Una parte penetra a la otra con sus capitales y su cultura capitalista imperialista, y la otra a su vez la penetra a aquella con esas mismas armas, que dañan su base material y, por lo tanto, sus pautas culturales y organización social.

Es el contracerco chino-ruso al cerco capitalista, que se ejecuta hace añares contra los grandes del socialismo o ex socialismo y contra los que adoptaron este o parecido sistema.

Esta es la confrontación entre países de distinto signo ideológico, construcción política y forma de desarrollar la producción de bienes de uso y cambio.
Cultura de la centralización, disciplina y movilización de masas y recursos materiales y culturales en una sola dirección, colectivismo, hegemonía del Estado obrero y campesino -popular sobre toda la vida social, económica, política, cultural y militar, por un lado; y descentralización, individualismo, anarquía y pasivisación de las masas en función de promover el ‘consumismo’ en el contexto de la reproducción ampliada del capital en manos privadas con un único objetivo: la ganancia individual, por otro.

3) Si bien esta guerra es integral en todos sus aspectos (culturales, ideológicos, políticos, económico-financieros, etc), y hasta hoy fundamentalmente comercial, los países capitalistas, con EE.UU. a la cabeza, han querido y necesitan convertirla en militar, o sea convencional, por cuanto la necesariedad de la guerra es condición sine qua non para que empresas capitalistas privadas puedan sostener grandes masas de empleos, ergo, de consumidores que permiten el funcionamiento del sistema, y a la vez puedan obtener amplios márgenes de ganancia a través de la venta de armamento a sus propios Estados o a otros, o a particulares (ciudadanos de su propio país, mercenarios y paramilitares de derecha).

Grandes fabricantes y diseñadores de misiles, aviones, buques de guerra y otro tipo de armamento convencional y nuclear pugnan por liquidar su stock de armas obsoletas y producir otras más modernas, incentivando de esta forma la investigación tecnológica de esas empresas, asentadas centralmente en las potencias imperiales, fundamentalmente EE.UU.

Y también cuentan con la industria cultural que hace posible aceptar como natural ese orden de cosas.

Durante la guerra de liberación llevada a cabo por China contra el imperialismo japonés que la ocupaba, Mao escribía: ‘ Las regiones no ocupadas tienen, por supuesto, una gran importancia para nosotros, y debemos consagrar grandes esfuerzo a su desarrollo, no solo en los terrenos político, militar y económico, sino también, y esto es igualmente importante, en el cultural.

El enemigo ha transformado nuestros antiguos centros de cultura en zonas culturalmente atrasadas, y nosotros, a nuestra vez, tenemos que transformar las antiguas zonas culturalmente atrasadas en centros de cultura’.

Por otra parte, y refiriéndose a la importancia de desarrollar zonas guerrilleras en la retaguardia enemiga, incluido el terreno cultural, Mao afirmaba: ‘En resúmen, las grandes zonas rurales de China se convertirán en zonas de progreso y luz, mientras que las pequeñas zonas ocupadas por el enemigo, en especial las grandes ciudades, se convertirán temporalmente en islotes de atraso y tinieblas’ (Seis Escritos Militares, Guerra de Interpenetración, página 265, Ediciones de Lenguas Extranjeras, Pekín, 1972)

4) Esta nueva guerra desatada por laboratorios de guerra biológica vinculados al imperialismo norteamericano y británico se ha iniciado, claro está, en grandes ciudades, a las que se ha convertido en todo el mundo en ‘islotes de atraso y tinieblas’.

El virus ha inundado, como agua servida, las grandes ciudades del mundo y, a través de las aglomeraciones humanas, ha causado miles de muertos y millones de infectados, hasta ahora, fundamentalmente en aquellos sectores improductivos y poco consumistas (ancianos/as pobres y de escasos recursos).

Según presumo, la declaración no anunciada de esta guerra imperial- contextualizada en una guerra comercial entre EE.UU. y China y una guerra integral entre EE.UU. y Rusia, que tiene algunos ítems que destacar (1)- se llevó a cabo en el marco de:

– Grandes contradicciones entre la política y la economía, léase gobiernos de EE.UU. y Gran Bretaña y otros países aliados vs grupos económico-financieros vinculados a la industria de guerra.

– Necesidad de los grupos económico-financieros vinculados a la industria militar, contando con el apoyo de los servicios de inteligencia y ejecutividad de los grupos químico-farmaceuticos, de desatar a través de la provocación biológica una confrontación militar convencional con China y con Rusia, y por añadidura con países socialistas o antiimperialistas.

Provocaciones que los EE.UU, fundamentalmente, y sus gobiernos aliados europeos, israelíes, árabes. entre otros, llevan a cabo a través de múltiples actividades.

Producida la ‘autodisolución’ de la URSS y el ‘socialismo de mercado’ chino, el capitalismo occidental, con EE.UU. al frente, comenzó a decrecer en su influencia.

Si bien en un primer momento se pensó que se había terminado la ‘historia’ y que habría una sola superpotencia, el espejismo no duró mucho.

El desangre de EE.UU. en relación con sus deudas billonarias, la dilapidación de recursos en armamento, la baja de impuestos a los ricos, la producción de papel pintado de verde, sin relación con la masa de mercancías que debía representar monetariamente, etc., y la confrontación con Rusia, caldera del mundo, y China, motor del mismo, en el mercado mundial, están llevado al capitalismo imperialista, incluídas sus ‘colonias’ europeas, a un callejón sin salida.

Esperando una mortandad suprema en China producto del ‘virus’, los sectores dominantes de EE.UU. provocaron a China para que iniciara una confrontación militar, que habría de incentivar la industria militar norteamericana al unísono de la europea (OTAN), a la par de desangrar a sus principales competidores en el mercado mundial (Rusia y China).

Esta táctica se impone a Trump, que debe capear la situación desatando sin ambagues la agresión contra países como Irán, Cuba, Nicaragua, Venezuela, etc., contrarios a Israel, EE.UU. y la OTAN.

En otras palabras, para los yanquis que manejan hilos ‘detrás del trono’ en su país, la guerra biológica y psicológica contra China, en principio, y Rusia, debería culminar en una guerra convencional.

Ya a principios de los años 60, un lúcido economista marxista sostenía : ‘El papel de ‘mercado de reemplazo’ (frente a las crisis N.de R.) que tiene la economía de armamentos es indispensable para permitir la explotación del capital de la industria pesada y de los grandes monopolios *sobrecapitalizados*.

Pero la economía de armamentos transforma al Estado en cliente principal de esta industria.

Los lazos particulares entre el Estado y el capital de los monopolios que hemos ido señalando a todo lo largo de este análisis sobre la fase de decadencia del capitalismo, reviste así una forma más específica.

El Estado, en estrecha simbiosis con los monopolios, cuyos dirigentes realizan cada vez más frecuentemente la unión personal con aquellas personas que ejercen las funciones clave del aparato estatal, garantiza la ganancia de los monopolios no solo con una política de subsidios o seguros contra pérdidas sino también asegurándole mercados estables y permanentes: los pedidos públicos que son, en su mayoría, pedidos para la *defensa nacional*’.

(Introducción la Economía Marxista, Tomo II, Ernest Mandel, Ediciones Era, México, 1969, página 378 ( la primera edición en francés es de 1962)).

Mandel acota aquí que un semanario norteamericano informaba que, del total de egresos del Estado norteamericano para los años 1957/58 el 45% se destinaba a la industria militar y conexas.

Hoy y ahora la situación se repite.

Un exfuncionario de defensa de EE.UU., afirmó en estos días que la movilización reciente de tropas al Caribe es parte de un plan, discutido tiempo antes, para incrementar los recursos armamentísticos del Comando Sur.

Asimismo, Washington advirtió a los países miembros de la OTAN que, sin importar las ‎pérdidas económicas que pueda provocar la crisis del coronavirus, tendrán que seguir ‎incrementando sus presupuestos militares para «conservar la capacidad de defenderse», ‎por supuesto, de la «agresión rusa». ‎

El 15 de febrero pasado, en la Conferencia de Seguridad de Munich, el secretario de Estado ‎estadounidense Mike Pompeo anunció que Estados Unidos solicitó a sus aliados de la OTAN que ‎desembolsen 400 000 millones de dólares suplementarios para incrementar el presupuesto de ‎la alianza atlántica, que ya sobrepasa ampliamente los 1 000 millones de dólares anuales. (ver ‘Maniobras estratégicas detrás de la crisis ‎del coronavirus’, por Manlio Dinucci, voltairenet.org)

La ‘creación’ y dispersión del virus parecería ser que neutraliza y a la vez promueve las iniciativas del propio presidente de EE.UU. de no entrar en guerra convencional, no por pacifista y comprensivo, sino por prudente, frente a determinadas situaciones que podrían empedrar su camino a la segunda presidencia con adoquines del infierno, y llevar al país y al mundo a la hecatombe.

Trump amaga con la guerra pero no es tonto, y hace malabarismos para no ser arrastrado al cementerio político y físico.

Por un lado el gobierno trumpista parece ignorar la situación desastrosa de su propio país frente a la peste; por el otro, los militares no parecen estar dispuestos a intervenir en todo el mundo mientras el virus diezma a la población de su país y a ellos mismos, si se exponen a las concentraciones de fuerzas.

Trump aprovecha eso.

Los empresarios de la guerra son una cosa, y los que van a ella son otra.

Y en este contexto se profundiza la contradicción entre estos dos términos.

En el juego de tires y aflojes entre sectores del establecimiento norteamericano, se produce el efecto boomerang: el coronavirus infecta a los EE.UU. y es el país ahora con más contagiados con la peste.

Esta situación crea fricciones graves entre :- miembros de la administración Trump ( presidente, asesores, ministros de Salud, gobernadores estaduales, etc.); – entre sectores militares, caso Comandante del portaaviones clase nimitz Theodor Roosevelt, Brett Crazier, que fue destituido por informar de un brote de coronavirus en el buque cuando este se hallaba navegando el Pacífico Occidental, zona de confrontación de EE.UU. con China. Crazier, vivado por los 5 mil tripulantes del Roosevelt cuando abandonaba la nave como portador del ‘virus’, fue desplazado del mando por el ministro interino de Defensa, Marc Esper, y el Secretario de la Armada, Thomas Modly.

Si este caso no se resuelve, sería el primer Acorazado Potemkin de los EE.UU, en esta era.

De los 600 casos de coronavirus difundidos por el Pentágono, 133 pertenecen a la Armada norteamericana.

El portaaviones se halla hoy anclado en la isla de Guam, fortaleza militar situada en Filipinas y arrancada a este país por EE.UU que, oh ironías, se halla habitada fundamentalmente por murciélagos y serpientes, vectores del virus según algunos….Crazier, en una carta enviada a sus jefes, dijo: ‘No estamos en guerra.

Los marineros no necesitan morir de coronavirus…’.

La Guerra Biológica no está en los planes de muchos uniformados yanquis…; – confrontaciones entre militares y grupos económicos, que quieren proseguir acumulando capital a través de la incentivación de la guerra, desechando la idea de la ‘cuarentena’, y uniformados que preveen y sufren ya el desastre de la irradiación de la peste a los que cumplen misiones militares, entre ellas las de ‘combatir’ el coronavirus.

Trump y su séquito- dividido ante la situación- entretanto trata de llegar a las elecciones que puedan darlo por ganador, pivotea, recibe presiones y extorsiona a unos y otros teniendo en cuenta su endeble posición en el tablero del horror.

Por otra parte, las contradicciones entre Europa y los EE.UU, en relación con el ‘combate’ al virus están a la orden del día.

La tozudez de la administración yanqui de no exportar insumos para combatirlo y a la vez robar estos a otros países, profundizan una verdadera guerra intracapitalista, que incluye entre sus signos las acciones inhumanas e inmorales de EE.UU. de seguir bloqueando a países como Cuba, Irán, la RPDC y Venezuela, cuestionada por muchos de sus aliados europeos…

5) La frustrada operación ‘Europa Defense’ que se iba a realizar entre abril y junio en las fronteras con Rusia (Polonia y países de los Balcanes) por la OTAN y EE.UU., y que incluía 33.000 soldados de 18 países, de los cuales 20 mil serían norteamericanos, y que se suspendió para evitar contagios de la peste; la acusación del gobierno norteamericano al presidente Maduro de Venezuela de ‘narco’, por quien se pidió 10 millones de dólares por su cabeza, y el despliegue militar de fuerzas de EE.UU., Francia, Gran Bretaña y Colombia, entre otros 19 países, para un mayor bloqueo y una invasión a Venezuela Boliviariana que sería repelida a sangre y fuego- y que no fue bien recibida por militares norteamericanos en el marco de la ‘pandemia’- parecen ser jugadas entre sectores del Estado norteamericano (superestructura jurídico política) y grupos económicos vinculados a la industria de guerra y farmacéutica( verdaderos dueños, junto a otros, del país).

De producirse la agresión a Venezuela Bolivariana, la región se encendería como una hoguera y es impredecible como terminaría, habida cuenta de que Rusia, China y la RPDC, entre otros países y pueblos, saldrían en defensa activa de Venezuela, Cuba y Nicaragua si son agredidas

Así las cosas, Nuestra América, sus pueblos, incluido el nuestro, argentino, los gobiernos de Cuba, Venezuela, Nicaragua y todos los hombres y mujeres honrados y decentes del subcontinente y el mundo están a pié firme junto a Venezuela Bolivariana, Cuba Socialista y Nicaragua Sandinista, esperando que nada ocurra y sí suceda la caída estrepitosa del capitalismo y el imperialismo, su último estertor, en el marco de este boomerang que los golpea cada vez más fuerte y contundentemente.

Por las dudas, pusimos bala en boca…

JLUO/

(1) Las provocaciones de EE.UU. a China con respecto al Mar Meridional, a Hong Kong, a Taiwán, a la secesión del Tibet, de las que forman parte las expresiones vertidas en el Wall Street Journal y otros medios sobre el ‘virus chino’ y el ‘enfermo de Asia’, y las del asesor Pompeo sobre China y Rusia, se conjugan con la guerra del petróleo a la empresa rusa Rostnef y a los ejercicios Europe Defense, ya citados, y suspendidos por la peste…