Bregar por la libertad de nuestros presos no es una responsabilidad de mayorías, pero sí es una misión del activismo peronista.

FALTAN MAS, AÚN.

Por Ernesto Jauretche

Tomo la palabra para cumplir con una obligación de amor y lealtad en demanda de la libertad de los compañeros arbitrariamente privados de su libertad, o de nuestros presos políticos, o como se quiera llamar a los militantes que nos defendieron de la barbarie macrista que hoy siguen en prisión, como Milagro.

Por Ernesto Jauretche *

NAC&POP

07/04/2020

 

Una alegría.

Mi homenaje a los primeros semi-liberados.

Pero no olvidarlo: faltan muchos más.

Por eso tomo la palabra; no para ejercer un derecho sino para cumplir con una obligación de amor y lealtad en demanda de la libertad de los compañeros arbitrariamente privados de su libertad, o de nuestros presos políticos, o como se quiera llamar a los militantes que nos defendieron de la barbarie macrista que hoy siguen en prisión.

El castigo a las ideas justicieras y la pelea de los trabajadores por organizarse son tan viejos como la política.

Defender a las víctimas de ese conflicto, todavía sujetos hoy de una represalia salvaje, es un grito que en Argentina crece desde que los anarquistas alzaron la bandera de la libertad como consigna humanitaria allá por los primeros años del siglo pasado.

En nuestros días es una conquista y tenemos un gobierno que abiertamente lo avala, sin distinción de banderas sectarias.

La libertad de los presos sociales y políticos no es sólo historia, imperio del respeto y dignidad humana, es una aspiración intrínseca a la democracia de nuestros días: la hace posible o la niega.

Forma parte de nuestro ADN, es irrenunciable e imperativo. No es una cruzada de hoy, sino de cualquier tiempo, que para la sociedad argentina en todas sus identidades sociales y partidarias tiene un valor moral insoslayable y principal.

Es el caso.

Debemos hacerlo necesidad y realidad.

Es indiscutible: ¡demasiados años de injustas prisiones han sufrido los hombres y mujeres de las clases más desposeídas de nuestra Patria!

Abundarán los tecnicismos, ¿pero cómo llamar sino injusticia a la cruda incongruencia de que sigan presos por minucias y sinrazones los comprometidos en la defensa de los intereses populares mientras gozan de absoluta libertad los saqueadores del erario estatal, destructores de los servicios públicos -¿quién le teme al coronavirus?-, los que han sometido al país a la usura internacional y contraído en su beneficio una deuda externa que confiscará por un siglo el producto del trabajo de los argentinos?

Sin embargo, bregar por la libertad de nuestros presos no es una responsabilidad de mayorías.

No.

Sí es una misión del activismo peronista, bien que en un contexto político de difícil decisión.

Aún si fuera imposible, ahí empezaría nuestra labor de difusión, y la apelación a las mejores expresiones de la justicia, cuya realización en obsequio de esa demanda merecería el premio correspondiente a un hecho de reivindicación de los más altos valores éticos y republicanos; y un reconocimiento que la verdadera historia escribirá con mayúsculas.

Lo voy a decir ahora, porque lo último que se pierde es la esperanza.

Me alienta un privilegio: llevo un apellido que no se mancha y al que me he propuesto honrar ahora y siempre.

Buscando coincidencias me atrevo a aventurar que en el Alto Tribunal pueda haber un oído receptivo y una voz clara; una aliada de la libertad de algunos de “nuestros paisanos”, como Don Arturo cumplía con los hombres y mujeres del pueblo que lo nutría.

Presos políticos o arbitrarios.

Su libertad es un deber de conciencia y de humanidad.

Digámoslo sin dudar: será justicia.

EJ/

  • La Plata (en cuarentena)
    04/04/2020