Mensaje de Juan Domingo Perón en la IV Conferencia de Países No Alineados, realizada en Argel en 1973. Miralo y escuchalo aqui.

PERÓN: «LAS POBLACIONES DE MUCHOS PAÍSES ESTÁN INDEFENSAS ANTE EL AVANCE DE LOS MALES ENDÉMICOS Y CONTAGIOSOS».

Por Juan Domingo Perón

«Solamente la conformación de un Tercer Mundo podría ser la garantía que espera la raza humana para disfrutar de un modo mejor, donde no existan niños de corta edad que se mueran sin ver la vida, ni seres humanos que padezcan miserias y enfermedades por falta de atención o de elementos sanitarios. La vida de la raza humana así lo exige.»

Por Juan Domingo Perón

NAC&POP

7/09/1973

¿QUÉ NOS DEPARARÁ EL FUTURO?

Uno de los informes que presentaron últimamente las Naciones Unidas sobre la situación demográfica mundial es digno de una profunda meditación, para quienes actúan o dirigen los destinos de las naciones.

Se comprueba que el crecimiento vegetativo demográfico es alarmante en un mundo que ya padece hambre y desnutrición.

Se observa que el decenio presente que va desde 1970 a 1980 puede ser el de más acelerado conocimiento demográfico mundial jamás alcanzado en su alto promedio, y, aunque se prevé que en la última parte del siglo dicho aumento no será tan marcado, es evidente que la población del mundo que ahora presenta la cantidad de 3.600 millones de personas alcanzará para el 2.000 unos 6.500 millones de personas a las que habrá que alimentar y proteger.

Es interesante observar una reflexión que hace la entidad Organización de Cooperación y Desarrollo Económico, especializada en temas estadísticos para fines especulativos.

Dice en su informe que es preciso tomar nota de una eventual cesación del crecimiento poblacional mundial alrededor del año 2.010, pero a pesar de ello estiman que para el año 2.050 la población de las regiones actualmente más desarrolladas podría llegar a un total de 2.000 millones de seres y la de las regiones menos desarrolladas alcanzarían a unos 9.000 millones.

Esto nos daría una cifra de 11.000 millones de seres humanos para el año 2.050 y estamos tan sólo de esa fecha a setenta y siete años de distancia en el tiempo.

Si encaramos ese futuro con los elementos que disponemos actualmente pero en forma desorganizada e individual, veremos que salvo unos débiles y esporádicos intentos profilácticos no se alcanza a cubrir las necesidades sanitarias de un mundo desequilibrado y enfermo.

Las poblaciones de muchos países están totalmente indefensas e inermes ante el avance de los males endémicos y contagiosos.

Muchos países de África, por ejemplo, tienen una mortalidad infantil anual de unos 200 niños sobre 1.000 que nacen.

También en nuestro querido continente latinoamericano, tan rico y fértil y tan pobre y tan sacrificado sanitariamente, mueren los niños en esa misma intensidad que en África.

Las causas son siempre las mismas: la falta de atención, la desnutrición, la carencia de viviendas dignas y salubres.

Pero, por sobre todo, por una inercia e insensibilidad causado por el cansancio de luchar solitariamente sin que el mundo contemple prácticamente la necesidad de luchar denodada y organizadamente contra esos flagelos, de la misma manera que los virus lo realizan cuando encuentran un cuerpo desnutrido e indefenso.

Si los microbios saben organizarse y se multiplican en su ataque, resistiendo a todos los esfuerzos, ¿ por qué nosotros que somos humanos no hacemos lo mismo?

Es cierto que mucho han aumentado los recursos de la ciencia y de la técnica en los mismos medios empleados para erradicar las epidemias.

Pero al mismo tiempo, esa misma técnica ha llevado la muerte desembozadamente al mundo, cuando sus máquinas crean la polución del medio ambiente, anulando el oxígeno o por lo menos quitándoles su pureza, tan necesaria para la vida humana.

Cuando las aguas de todos los ríos se encuentran contaminados por los desechos de las industrias.

Cuando las explosiones radioactivas causan males en la salud y eliminan la fertilidad de los campos, ya bastante castigados por la insensatez de la humanidad, cuando la fauna marina, considerada como la reserva del mañana, es exterminada por los desperdicios de petróleo, plásticos y exposiciones marinas nucleares.

Ésta es la destrucción que camina por el mundo a grandes zancadas, de mano del mismo hombre que deberá padecer sus consecuencias en un futuro no muy lejano.

Así vemos que los hombres van entrando en un camino de desesperanza, en el cual caeremos todos sin excepción si no sabemos unirnos, organizarnos y solidarizarnos a tiempo.

Tenemos enfermedades que ya no deberían convivir con la raza humana, puesto que vienen con nosotros desde los tiempos bíblicos.

El paludismo, aunque es bastante combatido en los 146 países cuyas zonas son evidentemente palúdicas, prosigue su avance imperturbable en zonas que no son de sus características.

La causa es la deficiencia de los servicios sanitarios.

Se conoce que existen en el mundo unos 20 millones de tuberculosos infecciosos, los cuales transmiten la infección a otros 50 millones de seres.

Los informes explican que se poseen los medios profilácticos efectivos como para combatirla con todo éxito pero que escasean los elementos humanos para aplicar la técnica, por falta de medios económicos.

Triste afirmación, en un mundo que despilfarra con suma largueza millones de dólares en armas de guerra o en cohetes espaciales para que nos unan con otros planetas.

¿No piensan que de seguir por este camino solamente podremos exportar allí millones de esqueletos resultantes de la falta de atención a las enfermedades?

El cólera, por su parte, sigue haciendo estragos pese a todos los esfuerzos que se realizan.

Las enfermedades venéreas, como la sífilis y la blenorragia, suman una alarmante cantidad de clientes.

Las estadísticas de las Naciones Unidas manifiestan que existen entre 30 a 40 millones de seres humanos afectados de sífilis y que más de 160 millones padecen infecciones gonoicas.

En tanto la lepra se calcula en unos 11 millones de enfermos.

Y aquí el mal de Chagas y sus correlaciones cardíacas y otra larga serie de enfermedades endémicas contagiosas, que sería largo enumerar, nos muestran la cara real de un mundo pleno de luces brillantes, de pasiones incontroladas, de necesidades y violencias que de manera alguna parece hallarse preparado para afrontar la tremenda realidad que la expansión demográfica le depara a corto plazo.

Si a este panorama le agregamos el gran despilfarro que hacemos de los bienes de consumo, sobre todo los de primera necesidad, tendremos la necesidad de enfocar con suma urgencia, seriedad y con vocación de servicio las medidas a realizar conjuntamente entre todos los países del mundo, sin excepción alguna.

Empero, esta situación puede alcanzar una adecuada solución si, deponiendo los falsos apegos nacionalistas, nos colocamos abiertamente y con sinceridad en el camino del universalismo, conformando el instrumento regulador mundial que permita a todos los países del mundo colaborar en la producción de los elementos primordiales para el desarrollo y la subsistencia de los pueblo, otorgándole un equitativo reparto de los mismos, sin alterar en absoluto la soberanía y la dignidad de las naciones.

He dicho hace tan sólo unos pocos días, ante los trabajadores de mi país, que solamente la conformación de un Tercer Mundo podría ser la garantía que espera la raza humana para disfrutar de un modo mejor, donde no existan niños de corta edad que se mueran sin ver la vida, ni seres humanos que padezcan miserias y enfermedades por falta de atención o de elementos sanitarios.

Todos los países del Tercer Mundo deben organizarse férreamente en dicho sentido, dejando de lado todo aquello que pudiera ser motivo de una perturbación.

La vida de la raza humana así lo exige.

Si los diversos continentes no se unen estrechamente, llegará el día en que faltando los alimentos y las materias primas, que ya están en plena escasez mundial, veremos a los fuertes tomar desconsideradamente aquello que les pertenece, anexando o eliminando, según su conveniencia, a los países como si fueran meros juguetes.

Tal vez lleguen a dominarlos hasta telefónicamente.

Ayer fue la época de las nacionalidades, hoy es la época del continentalismo y muy en breve será la era del universalismo.

Es preciso trabajar unidos, solidarios y organizados, respetando siempre las costumbres y la soberanía de los demás pueblo, pero buscando siempre la solución adecuada para estos acuciantes problemas en bien de la comunidad universal, y tal vez un día podamos designarlos todos con el honroso título de ciudadanos del mundo.

JDP*

 

*Mensaje de Juan Domingo Perón en la IV Conferencia de Países No Alineados, realizada en Argel en 1973*